EE.UU.: pésima semana para tarjetas de débito y crédito

Dos hechos convergentes ilustran problemas del dinero plástico. Uno es la difusión de documentos sobre una megademanda de minoristas estadounidenses contra Visa y MasterCard. Otro es el robo de 30.000 identidades o más vía tarjetas de crédito.

28 noviembre, 2002

Los tribunales neoyorquinos resolvieron hacer públicas las actuaciones
en torno del litigio radicado por el mayor bloque minorista reunido en el país,
que ponen en evidencia la dureza de la batalla entre Visa International y
MasterCard International por dominar el mercado de tarjetas de débito.
Lo más grave reside en las estrategias para desbancar la competencia.

Por ejemplo, un ejecutivo de MasterCard escribe a otro: “Es vital
que reconozcamos y entendamos que, en la actualidad, Visa usa sus productos
y servicios como parte de una acción sistemática para sacar del
mercado nuestras tarjetas de débito”. Al respecto, cita una serie
de incentivos de Visa para que “el subemisor Household firmase
un acuerdo de exclusividad en 1997″.

A criterio de analistas sectoriales, la publicación de documentos, aun
con pasajes tachados, revela el cuidado que pone la justicia en un caso por
oligopolio iniciado en 1996. “El juez sabía que este proceso llegaría
a la Corte Suprema y no quiso correr riesgos”, explica David Balto, socio
del estudio White & Case. De hecho, a mediados de este año
la Corte produjo un fallo demoledor: las actuaciones podrán ir a segunda
y tercera instancia, aunque ello acarrease la bancarrota de Visa y
Mastercard
.

Según las leyes federales, si los cuatro millones de comerciantes que
han presentado la demanda contra ambas tarjetas ganasen, sus reclamos sumarían
US$ 47.600 millones, más costas.

Mientras abogados, ejecutivos y analistas examinaban la pila de documentos divulgados,
estallaba -también en Nueva York- el mayor caso de falsificación
de identidad en la historia. Hasta ahora, esta clase de situaciones parecía
limitarse a películas y series de TV.

Las autoridades federales acusaron el lunes a tres personas por usurpar tarjetas
de crédito a 30.000 (o más) usuarios y provocarles pérdidas
estimadas en US$ 2.700.000. La suma es relativamente chica, pero la trascendencia
del caso lo torna un nuevo clásico. “Partiendo de un simple teclado
de PC, estos hombres básicamente robaron a miles e hicieron trizas la
seguridad del sistema”, sostuvo el fiscal James Comey.

Para colmo, el ideólogo de la operación -Philip Cummings, 33
años- trabajaba en una firma de software para bancos y empresas que precisan
datos sobre su propios clientes. Así, más de 15.000 informes personales
fueron sustraídos empleando claves de acceso exclusivas de Ford Motor
Credit Corporation
y se revendieron a 60 dólares cada una. El FBI
también detuvo a Linus Baptiste y Hakim Mohammed.

Los tribunales neoyorquinos resolvieron hacer públicas las actuaciones
en torno del litigio radicado por el mayor bloque minorista reunido en el país,
que ponen en evidencia la dureza de la batalla entre Visa International y
MasterCard International por dominar el mercado de tarjetas de débito.
Lo más grave reside en las estrategias para desbancar la competencia.

Por ejemplo, un ejecutivo de MasterCard escribe a otro: “Es vital
que reconozcamos y entendamos que, en la actualidad, Visa usa sus productos
y servicios como parte de una acción sistemática para sacar del
mercado nuestras tarjetas de débito”. Al respecto, cita una serie
de incentivos de Visa para que “el subemisor Household firmase
un acuerdo de exclusividad en 1997″.

A criterio de analistas sectoriales, la publicación de documentos, aun
con pasajes tachados, revela el cuidado que pone la justicia en un caso por
oligopolio iniciado en 1996. “El juez sabía que este proceso llegaría
a la Corte Suprema y no quiso correr riesgos”, explica David Balto, socio
del estudio White & Case. De hecho, a mediados de este año
la Corte produjo un fallo demoledor: las actuaciones podrán ir a segunda
y tercera instancia, aunque ello acarrease la bancarrota de Visa y
Mastercard
.

Según las leyes federales, si los cuatro millones de comerciantes que
han presentado la demanda contra ambas tarjetas ganasen, sus reclamos sumarían
US$ 47.600 millones, más costas.

Mientras abogados, ejecutivos y analistas examinaban la pila de documentos divulgados,
estallaba -también en Nueva York- el mayor caso de falsificación
de identidad en la historia. Hasta ahora, esta clase de situaciones parecía
limitarse a películas y series de TV.

Las autoridades federales acusaron el lunes a tres personas por usurpar tarjetas
de crédito a 30.000 (o más) usuarios y provocarles pérdidas
estimadas en US$ 2.700.000. La suma es relativamente chica, pero la trascendencia
del caso lo torna un nuevo clásico. “Partiendo de un simple teclado
de PC, estos hombres básicamente robaron a miles e hicieron trizas la
seguridad del sistema”, sostuvo el fiscal James Comey.

Para colmo, el ideólogo de la operación -Philip Cummings, 33
años- trabajaba en una firma de software para bancos y empresas que precisan
datos sobre su propios clientes. Así, más de 15.000 informes personales
fueron sustraídos empleando claves de acceso exclusivas de Ford Motor
Credit Corporation
y se revendieron a 60 dólares cada una. El FBI
también detuvo a Linus Baptiste y Hakim Mohammed.

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