Internet no es la respuesta
Tal el título del libro que acaba de publicar Andrew Keen, quien dice allí que Internet ha cambiado todo, casi siempre para peor. Edward Baker lo reseña para Strategy & Business.
“The Internet is Not the Answer” es otro más en la larga lista de publicaciones que atacan el maravilloso mundo nuevo centrado en Internet. Keen dice que “más que democracia y diversidad… lo que obtenemos de la revolución digital es muchos menos empleos, sobreabundancia de contenido, piratería rampante, un clan de monopolios y un profundo estrechamiento de nuestra élite cultural y económica.”
Palabras fuertes usa. Su libro es fundamentalmente una diatriba sobre el daño que la Internet le ha hecho a la economía, la cultura y a la misma gente. Keen habla por experiencia. Fundó audiocafe.com una empresa de Internet de la primera generación, en 1995, dirige un show de chateo y es columnista de la CNN.
El autor dice que a pesar de lo que claman los optimistas tecnológicos, la tecnología distribuida no conduce necesariamente a economías distribuidas y la naturaleza cooperativa de la tecnología de Internet no se refleja en la economía. En cambio, por obra de los masivos efectos de la red la economía se ha convertido en un sistema donde el ganador se lleva todo.
Cuando habla sobre el efecto sobre la cultura es más incisivo. Los ejemplos que cita son verdaderamente alarmantes. Habla de la gigantesca piratería digital. Dice, por ejemplo, que en enero de 2013 … 432 millones de usuarios únicos de la Web buscaron activamente contenido que viola la propiedad intelectual”. Paralelamente, cayeron las ventas globales de música (de US$ 38.000 millones en los 90 a poco más de US$ 16.000 millones al final de la década del 2000. En su opinión, los sitios de streaming como Spotify y Pandora no son la solución para artistas que buscan ganarse la vida con su profesión.
El libro está lleno de detalles cruentos sobre ese enorme excedente de consumo puede también crear déficits artísticos y económicos. Pero como muchas otras diatribas, The Internet is Not the Answer se transforma por momentos en una simple queja. Pero en general su planteo es importante: “la destrucción creativa” está muy bien siempre y cuando después de que se destruye algo se crea en su lugar algo más que una montaña de riqueza para un puñado de fundadores e inversores.
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