Siemens sigue en problemas y choca con gerentes rebeldes
A nueve meses de espectaculares allanamientos, en noviembre, el gigante alemán no ha llegado al fondo de las cosas. Y eso que cayó un presidente ejecutivo y fueron arrestados o despedidos varios funcionarios. Pero los managers resisten.
A la mayor compañía europea de ingeniería, en ventas, le cuesta mucho sobrellevar un escándalo sin punto final a la vista. Varios factores se coaligan en contra. Entre ellos, falta de controles centralizados, resistencia interna a las investigaciones –gerentes indómitos- y montos cada vez más altos en sospechados de víncularse a sobornos.
Siemens ha gastado unos € 200 millones en auditorias externas para manejar procesos en Alemania, Suiza, Italia y Grecia. Mientras tanto, sus prácticas de negocios han caído bajo el escrutinio de la comisión europea, Francia, Japón, Sudáfrica, Noruega, Nueva Zelanda, Polonia y Eslovaquia.
Se trata de problemas difíciles para Peter Löscher, ex hombre de la Merck estadounidense, designado hace un mes como presidente ejecutivo. Lo que afronta el nuevo jefe es una maraña de poderosos gerentes divisionales -más 190 que manejan filiales en el exterior- con excesiva autonomía de vuelo. Sus facultades les permiten firmar contratos de consultoría o servicios con terceros. Los investigadores presumen que esos canales se aprovechaban para sobornar a potenciales socios o clientes.
Pero reconstruir una trama tan densa exige meses, si no años. La descentralización era tanta que no existían contralores. Por ejemplo, en diciembre Siemens contrató al estudio jurídico norteamericano Debevoise & Plimpton. Hace una semana, los abogados revelaron a la junta supervisora –no supervisa casi nada- que varios gerentes en el exterior se niega a cooperar. En Bruselas se preguntan qué espera Siemens para poner en comisión al elenco íntegro de managers superiores.
Pero el estudio hizo otras cosa: pasó un informe al departamento federal de justicia (EE.UU.) A su vez, esta instancia acaba de abrir su propio sumario sobre la empresa, que ya afronta otros siete en jurisdicciones ajenas a la alemana. Ahora, el conglomerado se ha comprometido poner en claro los alcances de transacciones presuntamente dolosas luego de cerrar el ejercicio contable 2006/7, que termina el 30 de septiembre. Löscher se juega todo. Los managers rebeldes también.
A la mayor compañía europea de ingeniería, en ventas, le cuesta mucho sobrellevar un escándalo sin punto final a la vista. Varios factores se coaligan en contra. Entre ellos, falta de controles centralizados, resistencia interna a las investigaciones –gerentes indómitos- y montos cada vez más altos en sospechados de víncularse a sobornos.
Siemens ha gastado unos € 200 millones en auditorias externas para manejar procesos en Alemania, Suiza, Italia y Grecia. Mientras tanto, sus prácticas de negocios han caído bajo el escrutinio de la comisión europea, Francia, Japón, Sudáfrica, Noruega, Nueva Zelanda, Polonia y Eslovaquia.
Se trata de problemas difíciles para Peter Löscher, ex hombre de la Merck estadounidense, designado hace un mes como presidente ejecutivo. Lo que afronta el nuevo jefe es una maraña de poderosos gerentes divisionales -más 190 que manejan filiales en el exterior- con excesiva autonomía de vuelo. Sus facultades les permiten firmar contratos de consultoría o servicios con terceros. Los investigadores presumen que esos canales se aprovechaban para sobornar a potenciales socios o clientes.
Pero reconstruir una trama tan densa exige meses, si no años. La descentralización era tanta que no existían contralores. Por ejemplo, en diciembre Siemens contrató al estudio jurídico norteamericano Debevoise & Plimpton. Hace una semana, los abogados revelaron a la junta supervisora –no supervisa casi nada- que varios gerentes en el exterior se niega a cooperar. En Bruselas se preguntan qué espera Siemens para poner en comisión al elenco íntegro de managers superiores.
Pero el estudio hizo otras cosa: pasó un informe al departamento federal de justicia (EE.UU.) A su vez, esta instancia acaba de abrir su propio sumario sobre la empresa, que ya afronta otros siete en jurisdicciones ajenas a la alemana. Ahora, el conglomerado se ha comprometido poner en claro los alcances de transacciones presuntamente dolosas luego de cerrar el ejercicio contable 2006/7, que termina el 30 de septiembre. Löscher se juega todo. Los managers rebeldes también.
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