En consultoría, hoy, hay que volver a lo humano
Las empresas entendieron que la etapa de incertidumbre llegó para quedarse, que las circunstancias del entorno no van a cambiar y que son las organizaciones las que sí tienen que hacerlo, para prosperar.

Por Cecilia Giordano (*)
La pandemia generó mucho miedo en las personas. Al interior de las organizaciones, en un primer momento, hubo mucho control sobre los presupuestos, reducción de gastos y costos, y muchos proyectos que se suspendieron. Este escenario tuvo un impacto directo en el área de consultoría. El aislamiento, en un ambiente tan incierto, volátil, complejo y ambiguo, generó que muchos proyectos se suspendieran. Hoy, la situación se está revirtiendo porque las empresas entendieron que el estadio de incertidumbre llegó para quedarse, que las circunstancias del entorno no van a cambiar y son las organizaciones las que sí tienen que cambiar para prosperar. A partir de eso, comprendieron que había que cambiar los modelos de negocios, ser más ágiles, más flexibles, poner a los colaboradores en el centro, escucharlos, y que, para poder llevar adelante este proceso de transformación, hay que trabajar en habilidades de crecimiento, en un
mindset
digital. Esto implica cambiar los procesos, poder colaborar de manera digital y, todo eso, necesariamente requiere consultoría. No sabemos cuándo vamos a salir de la pandemia, pero sí sabemos que hay que superar la incertidumbre. El no hacer nada, dejar que las cosas pasen, ya no es una opción. Es fundamental ser ágiles, aceptar que el cambio es acelerado y la tecnología es totalmente exponencial. Dejar lo viejo, abrazar lo nuevo Sumado a ello, el aprendizaje tiene que ser una habilidad de todo ser humano, sobre todo en contextos inciertos, volátiles y de transformación rápida y global, porque al ser todo tan efímero tenemos que estar todo el tiempo soltando para poder liberar lugar en nuestro cerebro, aprender y arriesgarnos a hacer cosas nuevas. Esto requiere habilidades de plasticidad mental importantes y de crecimiento, de no casarnos con una idea, sino de mostrar interés en las personas, estar atentos a los problemas para aprender rápido y equivocarnos aún más rápido. Este es el gran desafío. Este nuevo mundo nos pide que soltemos las recetas conocidas y que a la vez creemos recetas nuevas. Para eso, el proceso de aprendizaje es clave. Y en ese proceso de aprendizaje fueron surgiendo conceptos con mucha fuerza. Uno de ellos es el de la co–creación. Hoy ya no hay recetas conocidas que se puedan aplicar fácilmente y obtener resultados conocidos, sino que, en muchos casos, como el negocio se está transformando, tenemos que ir creando la solución de manera conjunta entre consultor y cliente. Nuestra labor se ha ido reformulando. La idea es hacer prototipos y juntos entender las circunstancias, definir la solución y que después el cliente pueda seguir solo. El camino hacia una transformación efectiva, este cambio cultural, también ha implicado ciertos puntos de dolor vinculados con lo humano, el bienestar, la cultura, en cómo generar pertenencia y llevar adelante realmente procesos de redefinición del negocio con el mismo set de talentos. No hay dudas de que la redefinición del negocio y la implementación de los sistemas se pueden dar, pero la transformación digital solo se puede dar si hay un cambio cultural y de habilidades. Aquí habrá que empatizar con los problemas de los clientes para poder definir soluciones que realmente generen los impactos que estamos buscando. Impactos que generalmente tienen que ver con que las personas estén en un estadio de bienestar para bien lograr y que las personas puedan adquirir las nuevas habilidades que se requieren y así llevar adelante la transformación del negocio. Siempre, a lo largo de la historia, la tecnología ha cambiado la forma en que vivimos, interactuamos; es la tecnología la que ayuda a cambiar el paradigma. Sin embargo, somos las personas las que soltamos el paradigma anterior y abrazamos una nueva forma de interactuar, de hacer las cosas, de organizarnos. Somos seres esenciales, en esa esencia somos iguales y en esa igualdad podemos tener diferencias que traen valor. Teniendo en cuenta que el cambio es tan exponencial, si no volvemos a la esencia, a revalorizar a la persona y al contacto por sobre la tecnología, nuestras organizaciones no van a prosperar. Si no nos damos cuenta de que nuestras organizaciones no existen sin las personas, no se podrán lograr las transformaciones que se están encarando. La pandemia nos enfrentó a darnos cuenta de que nos preparamos o desaparecemos. Y las compañías que más preparadas están o que abrazan el cambio son las que más rápidamente adoptan los cambios culturales necesarios para llevar adelante las transformaciones.
(*) CEO de Mercer.
(este artículo se publicó originalmente en la versión impresa de la revista)
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