Industria a dos velocidades: el agro acelera mientras los bienes durables siguen en rojo
El último informe de Estadísticas de Productos Industriales del INDEC muestra una recuperación profundamente heterogénea. La molienda de oleaginosas, algunos alimentos elaborados y ciertos derivados del petróleo lideran el crecimiento, mientras la electrónica, la línea blanca y la maquinaria agrícola continúan en retroceso. Más que una reactivación generalizada, la industria argentina exhibe dos motores con velocidades muy diferentes.

La industria argentina no atraviesa una recuperación uniforme. Detrás de los indicadores agregados conviven sectores que vuelven a crecer con fuerza y otros que continúan perdiendo producción. El último informe Estadísticas de Productos Industriales (EPI) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) ofrece una radiografía detallada de esa realidad: mientras el complejo agroindustrial vuelve a expandirse gracias a una mayor disponibilidad de materia prima y una recuperación del procesamiento de oleaginosas, buena parte de las actividades orientadas al mercado interno sigue enfrentando una demanda débil.
El relevamiento del organismo estadístico, que reúne información física de más de un centenar de productos industriales, confirma que la recuperación económica continúa siendo altamente selectiva. No existe una industria creciendo en bloque, sino cadenas productivas que avanzan impulsadas por factores específicos y otras que permanecen rezagadas.
El mayor dinamismo vuelve a encontrarse en el complejo oleaginoso. Los subproductos de girasol —pellets y expellers destinados principalmente a la alimentación animal— aumentaron 50,9% interanual durante los primeros cuatro meses del año. La producción de aceite de girasol creció 36,3%, mientras que otros aceites vegetales registraron un incremento de 40% y los subproductos de otras oleaginosas avanzaron 23%. La excepción dentro del complejo fue el aceite de soja, cuya producción cayó 7,5%, reflejando una recomposición desigual entre los distintos cultivos.
El desempeño responde, en buena medida, al regreso de una cosecha más normal después de campañas afectadas por la sequía y a una mayor utilización de la capacidad instalada de la industria aceitera. Argentina continúa siendo uno de los principales exportadores mundiales de aceites y harinas vegetales, por lo que este sector conserva un efecto multiplicador sobre el resto de la actividad manufacturera.
La industria alimenticia también muestra algunos segmentos particularmente dinámicos. Las leches chocolatadas y saborizadas aumentaron 48,6% en el primer trimestre, la producción de quesos exhibió un crecimiento cercano al 28%, el dulce de leche avanzó por encima del 30% y la leche en polvo creció 14,4%. Son productos de mayor elaboración y valor agregado que parecen beneficiarse de una recuperación parcial del consumo y de mejores perspectivas para la industria láctea.
En contraste, la producción de leche fluida refrigerada continúa disminuyendo, con una caída de 6,7%, mientras la leche larga vida apenas logra estabilizarse. El comportamiento sugiere un desplazamiento gradual hacia productos con mayor procesamiento industrial y mejores márgenes de rentabilidad.
Otro grupo que muestra señales positivas es el vinculado a la refinación de petróleo. Algunos derivados pesados y lubricantes registran aumentos superiores al promedio industrial, impulsados por la recuperación del transporte y la actividad productiva. Aunque son productos menos visibles que las naftas o el gasoil, constituyen insumos fundamentales para numerosos sectores manufactureros y de infraestructura.
Sin embargo, el panorama cambia de manera drástica cuando se observan los bienes durables.
El informe ubica a los teléfonos celulares como el producto con peor desempeño de todo el relevamiento, con una caída cercana al 46% respecto del mismo período del año anterior. Los televisores retroceden casi 30% y los freezers más de 22%, configurando un escenario complejo para la industria electrónica y de línea blanca. Son actividades particularmente sensibles al ingreso disponible de los hogares y también a la creciente competencia de productos importados en un contexto de mayor apertura comercial.
La inversión tampoco muestra una recuperación homogénea. Los tractores registran una disminución superior al 21%, mientras los acoplados y semirremolques caen alrededor del 19%. El dato resulta llamativo porque coincide con un mejor desempeño del sector agropecuario. La explicación parece encontrarse en la prudencia financiera de los productores, que priorizan recomponer balances antes que realizar nuevas inversiones en maquinaria pesada.
También persisten retrocesos en otros rubros industriales. La faena vacuna disminuye 9,6%, la producción de harina de trigo cae 6,7%, la molienda de maíz permanece prácticamente estancada y algunos segmentos de productos de limpieza y bebidas alcohólicas continúan mostrando variaciones negativas. El consumo masivo todavía no logra transformarse en un motor consistente para la industria.
El contraste entre los sectores que lideran el crecimiento y aquellos que siguen en retroceso permite identificar una característica central del actual ciclo económico. Las actividades vinculadas al comercio exterior y a la transformación de materias primas agrícolas muestran una recuperación mucho más sólida que aquellas cuya evolución depende casi exclusivamente del mercado interno.
No es una diferencia menor. Durante buena parte de la historia económica argentina, las fases de expansión industrial estuvieron acompañadas por un crecimiento relativamente generalizado del consumo y de la inversión. En la actualidad, en cambio, el proceso aparece mucho más fragmentado. Algunas cadenas productivas trabajan cerca de su capacidad normal, mientras otras continúan muy por debajo de sus niveles históricos.
El informe del INDEC deja así una conclusión que trasciende los porcentajes individuales de cada producto. La industria argentina está creciendo, pero no toda al mismo tiempo ni por las mismas razones. El agro vuelve a convertirse en el principal impulsor del sector manufacturero, mientras la recuperación del consumo privado y de la inversión todavía avanza con mucha más lentitud.
La gran incógnita para los próximos meses será si ese impulso inicial logra extenderse hacia el resto del entramado industrial. Porque, mientras la recuperación siga dependiendo de un número reducido de cadenas productivas, la industria continuará mostrando dos velocidades claramente diferenciadas: una que acelera al ritmo del campo y otra que todavía espera que la demanda doméstica vuelva a ponerse en marcha.
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