miércoles, 11 de febrero de 2026

Fernanda Mierez, de Sistema B: “Integrar la dimensión socioambiental no es una moda”

Estamos atravesando un cambio de época: nos encontramos frente a una crisis social y ambiental sin precedentes y sus efectos se sienten con especial rigor en Latinoamérica. En este escenario, el rol del sector privado ha dejado de ser el de un actor pasivo para posicionarse como un agente de cambio fundamental, capaz de ofrecer soluciones a gran escala.

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Por Fernanda Mierez (*)

Sin embargo, aún hay quienes consideran que la gestión del impacto es un “lujo” para tiempos de bonanza o una tendencia pasajera de marketing. No obstante, los datos y la realidad del mercado global cuentan una historia muy diferente: integrar la dimensión socioambiental no es una moda, sino una decisión estratégica que define la resiliencia y la competitividad de una empresa a largo plazo.

El modelo que impulsamos desde Sistema B crece sostenidamente desde hace más de dos décadas. Argentina cerró el año con 280 Empresas B Certificadas (B Corps en inglés), marcando el segundo período de mayor crecimiento histórico para nuestra comunidad. En el mundo, ya superamos las 10.500 compañías verificadas por operar bajo los más altos estándares socioambientales y de transparencia.

Pero el fenómeno es aún más amplio. En 2025, 580 empresas argentinas comenzaron a utilizar nuestra Evaluación de Impacto B para medir su desempeño en 360°. Hoy, ya son más de 9.000 las compañías locales —y 320.000 a nivel global— que usan esta herramienta gratuita para diagnosticar su gestión desde la visión del triple impacto. ¿Por qué tantas organizaciones dedican tiempo a esto en un contexto desafiante?
Primero, el nuevo paradigma del consumo. Según un estudio que realizamos junto a Trendsity, el 70% de los argentinos espera un mayor compromiso ambiental por parte de las empresas y 1 de cada 4 ya ha dejado de comprar productos debido a la falta de compromiso de las marcas. El informe “Sustentar para Ganar” de Kantar refuerza esta tendencia: los consumidores conscientes ya representan un tercio de la población en América Latina.

Segundo, el marco regulatorio internacional. La Unión Europea lidera este camino con directivas que exigen trazabilidad, economía circular y transparencia en la gobernanza. Esto no afecta solo a las empresas europeas, sino a cualquier compañía que pretenda exportar o integrarse en cadenas de valor globales. La sostenibilidad como diferencial en mercados internacionales viene creciendo sostenidamente desde hace décadas: según KPMG, mientras que en 1999 sólo el 35% de las 250 empresas más grandes del mundo reportaban su impacto, hoy lo hace el 96%.

Tercero, el acceso a capitales. Según Global Market Insights, las finanzas sostenibles alcanzaron los U$S 5,87 billones en 2024 y se proyecta que superen los U$S 35,7 billones hacia 2034, con una tasa de crecimiento anual cercana al 20%. Las Empresas B han sido pioneras en Argentina en la emisión de obligaciones negociables verdes, cheques verdes, bonos verdes y sociales, pagarés verdes, entre otros instrumentos de inversión de impacto.

 

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Proteger el propósito

Para que el impacto sea una ventaja competitiva real, no puede ser un área separada o un proyecto puntual: debe integrarse en la esencia misma de la estrategia de negocio.

Este es el caso de las Empresas B. Al modificar sus estatutos, se comprometen pública y legalmente a beneficiar no solo a los accionistas, sino a todas las partes interesadas de su operación: trabajadores, comunidad, clientes, medio ambiente. Establecer un propósito claro y protegerlo permite que la empresa mantenga el rumbo incluso cuando la coyuntura las obliga a atender urgencias.

Un estudio de Vistage a líderes de empresas argentinas revela que el 75% coincide en que el rol del empresario es clave para el desarrollo económico, social y ambiental del país y que el 70% ya está trabajando en iniciativas de triple impacto. No obstante, las principales barreras siguen siendo la falta de tiempo o de conocimiento técnico.

Desde Sistema B, trabajamos para derribar esas barreras ofreciendo herramientas concretas para medir y gestionar el impacto de forma integral. No se trata de ser perfectos, sino de transitar un camino de mejora continua que permita a las empresas anticiparse a las regulaciones, atraer el mejor talento y ser más resilientes frente a las crisis.

La pregunta para los directivos ya no es si deben o no ocuparse de su impacto, sino cuándo empezarán a hacerlo con la profundidad necesaria para no quedar fuera del juego. El futuro de la economía será inclusivo, equitativo y regenerativo. Y en ese camino, las empresas que elijan el propósito como motor serán, sin duda, las más competitivas.

(*) Cofundadora y copresidenta de Sistema B Argentina y socia del Estudio Beccar Varela

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