Economía circular en Argentina: avances y desafíos
Verónica Ramos, directora ejecutiva de la organización, sostiene que la economía circular puede dejar de ser solo un concepto y convertirse en una verdadera oportunidad de transformación productiva y ambiental.

En Argentina, desde 2003 se reciclaron más de cuatro millones de toneladas de plásticos, lo que permitió evitar más de 5,7 millones de toneladas de dióxido de carbono. Sin embargo, estos avances enfrentan riesgos de no sostenerse debido a la falta de infraestructura, trazabilidad y reglas claras que permitan consolidar un sistema efectivo de economía circular.
Verónica Ramos, directora ejecutiva de Ecoplas, organización técnica que promueve el desarrollo sostenible de los plásticos desde hace más de dos décadas, sostiene que “comunicar con evidencia es apenas el primer paso”. Para que la economía circular funcione de verdad, es imprescindible transformar esos datos en decisiones, políticas y condiciones concretas. En un contexto saturado de eslóganes ambientales y promesas vagas, la información confiable y con trazabilidad se vuelve esencial, pero también lo es el diseño de soluciones integrales que involucren a gobiernos, industria, consumidores y el sistema educativo.
Ramos enfatiza que “la economía circular no puede reducirse a una narrativa aspiracional. Requiere infraestructura, logística, innovación regulatoria y articulación público-privada. No es un ideal, es una hoja de ruta que necesita ser aplicada con coherencia y visión sistémica”. Esta visión se sustenta en datos como los del Índice de Reciclado de Plásticos, desarrollado por Ecoplas y Cairplas, que en 2024 registró más de cuatro millones de toneladas recicladas desde 2003. No obstante, para que estos resultados sean sostenibles, es necesario acompañarlos con inversión en plantas, transporte, normativas y estándares que permitan superar barreras sistémicas como la informalidad, la fragmentación normativa y la falta de incentivos a la innovación.
Un desafío adicional es la creciente confusión del consumidor, que ya no solo quiere saber qué es reciclable, sino cómo se recicla, quién lo garantiza y qué sucede con los materiales luego de su recolección. Un informe de Kantar, basado en 15.000 consumidores en América Latina, confirma que la transparencia dejó de ser un valor agregado para convertirse en una exigencia estructural. Para responder a esta demanda, se requieren políticas públicas claras, trazabilidad técnica y una comunicación rigurosa.
En este sentido, Ecoplas impulsa junto al INTI la primera certificación argentina que garantiza el contenido de plástico reciclado con trazabilidad verificada. Esta certificación, con validez internacional, busca acompañar a las empresas en su adaptación a regulaciones ambientales globales y representa una oportunidad para mejorar la competitividad y acceder a mercados más exigentes. Además, estas certificaciones contribuyen a combatir el greenwashing, diferenciando entre un compromiso ambiental genuino y una estrategia de marketing. Para consolidarse, necesitan homologación internacional y reconocimiento por parte de organismos reguladores y sistemas de gestión ambiental globales.
En el ámbito educativo, existen programas como Escuelas Verdes del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, que desde hace años promueven la enseñanza y premiación en temas vinculados a residuos, consumo responsable, separación en origen, reciclado y economía circular. A escala regional, la plataforma Movimiento Circular ofrece herramientas para el aprendizaje, y la guía “Los plásticos en la economía circular” es un recurso destinado a docentes, alumnos y público general interesado en la temática. Ampliar y articular el horizonte educativo requiere planificación, tecnología, formación técnica, acuerdos sectoriales y marcos regulatorios con respaldo científico.
Finalmente, Ramos concluye que “la información mejora el sistema solo si se traduce en acción. De lograrlo, la economía circular puede dejar de ser solo un concepto y convertirse en una verdadera oportunidad de transformación productiva y ambiental”. Así, el desafío actual es pasar de los diagnósticos y datos a la ejecución efectiva, construyendo un sistema sostenible y coherente que involucre a todos los actores sociales y económicos.
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