Centro GEO analiza el potencial de la IA para el desarrollo sostenible urbano
Un análisis del Centro de Desarrollo Sustentable GEO de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA pone en foco una estimación de PwC que proyecta un aporte de hasta US$ 5,2 trillones hacia 2030 y vincula ese escenario con urbanización, energías renovables y criterios ESG como ejes para decisiones de inversión y gestión

El Centro de Desarrollo Sustentable GEO, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, analizó el alcance económico y productivo de la inteligencia artificial aplicada a soluciones ambientales, en un contexto atravesado por crisis climática, urbanización acelerada y transformación digital. El punto de partida es una estimación atribuida a PwC: la IA podría aportar hasta US$ 5,2 trillones a la economía global hacia 2030.
El trabajo ubica al desarrollo sostenible como un eje estratégico que atraviesa múltiples dimensiones de la agenda económica. En ese marco, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU aparecen como hoja de ruta para equilibrar crecimiento económico, inclusión social y protección del ambiente. La innovación tecnológica se plantea como un factor que puede acelerar ese proceso, en particular en ámbitos urbanos, donde se concentran demandas de infraestructura, servicios y recursos.
El análisis incorpora un dato demográfico para dimensionar el desafío: más del 58% de la población mundial vive en ciudades y se estima que esa proporción superará el 68% hacia 2050. Esta tendencia, además de presionar sobre la planificación urbana, abre espacio para soluciones basadas en datos, como la movilidad inteligente y tecnologías orientadas a optimizar el consumo energético y la gestión del agua.
En ese punto, el Centro GEO incorpora una definición sobre el rol de estas herramientas. “La tecnología, en particular la inteligencia artificial, puede ser una gran aliada si se utiliza adecuadamente”, dijo Marcelo Corti, director ejecutivo del Centro de Desarrollo Sustentable GEO. “Permite mejorar la eficiencia en el uso de los recursos, anticipar escenarios, reducir riesgos y diseñar soluciones más sostenibles desde el origen”, agregó.
A nivel internacional, se citan ejemplos de aplicación vinculados a eficiencia y uso de recursos: reducción del consumo energético en edificios de hasta 15% y una estimación de reducción del 20% en el consumo de agua per cápita en Inglaterra. La lectura del Centro GEO es que estos casos permiten observar impactos concretos cuando la tecnología se orienta a la gestión de activos, redes y consumos.
En Argentina, el análisis identifica avances en sectores como energía. Las fuentes renovables representan alrededor del 19% de la generación eléctrica y, en momentos puntuales de 2025, llegaron a cubrir más del 40% de la demanda. También se menciona la incorporación de nuevas tecnologías en el agro, con más de 400 *startups* especializadas en tecnología aplicada, además de iniciativas vinculadas a la gestión de recursos.
El documento plantea que el desafío no se limita a incorporar herramientas: para traducir innovación en impacto real, se requieren marcos regulatorios, inversión en infraestructura y una visión estratégica de largo plazo. En ese proceso, la aplicación de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) y la evolución de estándares internacionales como ISSB y GRI se vinculan con cambios en la forma de medir impacto y tomar decisiones.
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