Se volvió más asertiva la política exterior de China
Como muchos otros de sus registros políticos, la política exterior de la superpotencia oriental es lo suficientemente pragmática como para no cambiar tanto como lo considere necesario el Politburó, máxime en tiempos tan turbulentos. Ahora tiene opinión propia.

China es un jugador importante, tiene opinión propia y trabaja decididamente para que las instituciones del mundo post-Bretton Woods, tan cuestionadas, se reformen de tal manera que ahora contemplen sus intereses y no solamente los de los países vencedores de la Segunda Guerra Mundial. De allí sus permanentes propuestas de reformar las finanzas globales, los esquemas de gobernanza global, y de tanto apoyo al multilateralismo y a los esquemas de cooperación. La
Belt and Road Iniciative
es un buen ejemplo del proyecto político del presidente Xi Jingping, que implicó desarrollar casi paralelamente el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, la Fundación de la Nueva Ruta de la Seda, el Banco de Desarrollo (ex BRICS), entre otra institucionalidad. Hoy China enfrenta momentos muy delicados debido a las consecuencias de su ascenso: el país hegemónico consolidado (EE.UU.), por primera vez se ve desafiado en los espacios en los cuales, hasta ahora, escribió las reglas y los estándares, y nada más ni nada menos que por las empresas de una economía en vías de desarrollo y que nominalmente es comunista, en la cual los valores que rigen sus conductas son otros bien diferentes a los defendidos por las democracias liberales de occidente. El proyecto colectivo del Politburó choca diariamente con el impulso individualista de la Administración Trump, que para colmo borra con el codo las reglas que escribieran (la salida del TPP, la reformulación del ex NAFTA, el quite de sustento a la OMS, la solicitud de reforma de la OMC, etc.). Mientras que la guerra comercial aparece como la parte visible del
iceberg,
por debajo del nivel del mar se encuentra la definición de las normas de funcionamiento de la tecnología del futuro, léase Inteligencia Artificial (IA), 5G y la Internet de las cosas (IoT). Huawei es el blanco elegido por Trump para sintetizar la disputa, pero ésta encierra mucho más que el nombre del gigante de la tecnología chino. Y así como se hace difícil prever cómo se dirimirá la disputa, también será difícil salir indemnes.
(*) Director de posgrado en China Contemporánea, Universidad Nacional de Lanús (UNLa)
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