Gran Bretaña en busca de modelo
Ya se concretó su separación de Europa y ahora busca diferenciarse para salir adelante. ¿Es posible que funcione como Singapur?

La idea, sugerida en 2017 por el entonces canciller Philip Hammond, buscaba advertir a los líderes de la Unión Europea que el gobierno británico se vería obligado a abandonar las políticas económicas y sociales estilo europeo si no lograba un acuerdo de separación favorable. A tres años de aquello, cuando no logró el amplio tratado de libre comercio que buscaba con el bloque europeo, el gobierno de Boris Johnson dice que quiere ser “la Singapur de Europa”. Eso quiere decir romper con las reglas de la Unión Europea y buscar otro camino hacia la prosperidad. Singapur tiene bajos impuestos, poca regulación laboral y muchos incentivos a la inversión extranjera. La idea, que en el fondo implica convertir al Reino Unido en una especie de gigantesco paraíso fiscal para imitar el éxito económico de la ciudad-estado asiática, choca con un profundo escepticismo entre los observadores. La Confederación de Industrias Británicas (CBI), el Institute of Directors y la Cámara de Comercio, han comunicado a la prensa que en el ámbito empresarial no existe el deseo de una desregulación masiva y muchos la tachan de “fantasía”. Singapur tiene impuestos muy bajos y otros incentivos para atraer la inversión extranjera. En Gran Bretaña – dicen los expertos en temas impositivos – hay pocas posibilidades de hacer lo mismo, entre otras cosas por el desastroso impacto de la pandemia en las finanzas públicas. Otro argumento fuerte dice que Singapur dejó de ser una península relativamente pobre mediante una combinación de autoritarismo y un libre comercio conducido por el estado, enormes industrias nacionalizadas y mano de obra inmigrante. "Los principios y prácticas que aplicó Lee Kwan Yew para hacer de Singapur lo que hoy es no son aplicables al Reino Unido", dice Daniel Finkelstein en el diario The Times. La comparación no es posible, son dos lugares y dos culturas muy diferentes. Además, el cambio social necesario para hacer realidad ese modelo sería inaceptable para la población británica.
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