Dificultades en el embargo europeo al petróleo ruso
Los líderes europeos deben tener en cuenta los serios costes económicos y políticos de una prohibición inmediata de la compra de petróleo ruso.

La sexta ronda de sanciones contra Rusia por parte de la UE incorpora la prohibición de la importación de petróleo ruso e incluiría todo tipo de petróleo: crudo, refinado, importado mediante oleoductos, carretera y cualquier navío registrado bajo la bandera de un país miembro de la UE.
Por Eszter Wirth (*)
Se realizaría de forma progresiva para encontrar fuentes alternativas: se terminaría con la compra del crudo en seis meses y a finales de 2022 con la de productos refinados. Los principales compradores de petróleo ruso por cantidad son Alemania, Polonia y Países Bajos. Sin embargo, no son los países que más se oponen al embargo, sino una serie de países pequeños del Este de Europa, lo cual genera nuevas fracturas en el bloque. La UE
importó
un 27 % del petróleo y un 45 % del gas natural desde Rusia en 2021 según los últimos datos de la Comisión Europea. Hungría, Eslovaquia, Croacia y la República Checa reciben la mayor parte del petróleo crudo a través del sistema de oleoductos
Druzhba
(cuyo significado es amistad en ruso), construido durante la Guerra Fría y consistente en 5 500 kilómetros de tuberías que transportan petróleo desde Siberia hasta Europa Central. Las refinerías de estos cuatro países se diseñaron específicamente para procesar petróleo ruso, comúnmente conocido como crudo Ural. Son capaces de refinar otros tipos de crudo, pero de forma menos eficiente y a un coste mayor. Por eso son reacios a recibir materias primas diferentes. Además, carecen de salida al mar, por lo que necesitarían reimportar petróleo saudí, nigeriano, mexicano o estadounidense desde otros puntos de la UE. Por estas razones la Comisión Europea ha decidido extenderles los plazos de transición hasta finales de 2024. No obstante, el populista húngaro Viktor Orbán se opone y
exige
cinco años de prórroga o más
ayudas financieras
para modernizar las infraestructuras energéticas del país y de paso fomentar el clientelismo. La economía magiar importa 65 % del petróleo y el 85 % del gas de Rusia. Además, Orbán basó su popularidad en su
relación cordial
con Putin para garantizar descuentos en las adquisiciones de hidrocarburos y ofrecerlos a precios
subvencionados
con los impuestos de los contribuyentes. Unos meses antes de las elecciones, el primer ministro húngaro mandó
congelar
los precios de los combustibles para ganar votos, lo que provocó pérdidas para las gasolineras más pequeñas y generó escasez de oferta debido al efecto llamada: eslovacos y austríacos aprovecharon los precios mucho más bajos para cruzar la frontera y repostar.
¿Más leña al fuego de la inflación?
En cuanto a los productos refinados, existe menos diversidad en la composición química que en el caso del petróleo crudo. Ello se explica por el hecho de que la gasolina, el diésel y las naftas deben cumplir unos requisitos exigentes en toda la UE para estar listos para el consumo. Y se pueden elaborar a partir de crudos de varios orígenes geográficos. La UE trataría de descartar importaciones de refinados de cualquier parte del mundo que hayan sido elaborados a partir de crudo ruso. Esto agravaría la escasez de oferta de combustibles (sobre todo de diésel) y exacerbaría la
inflación
en los países comunitarios. Los líderes europeos deben tener en cuenta los serios costes económicos y políticos de una prohibición inmediata de la compra de petróleo ruso. Si Rusia cortase voluntariamente el suministro de hidrocarburos, sería fácil culpar a Putin de las consecuencias negativas. Pero si son los Gobiernos europeos quienes establecen la prohibición, corren el riesgo de que sus ciudadanos giren hacia partidos extremistas en un contexto de pérdidas de poder adquisitivo ya altas. No obstante, una prórroga demasiado larga daría tiempo a Putin para encontrar clientes alternativos para el crudo y podría seguir produciendo unos años más para el mercado europeo. Todavía existen
cuellos de botella
en las infraestructuras que transportan petróleo hacia Asia, por lo que si Rusia no puede exportar hacia Europa, tendría que detener parte de los pozos petroleros. Pero dejar de producir crudo no es una opción: el petróleo en el fondo de los pozos ya perforados se volvería ceroso, bloquearía los pozos y sería imposible explotarlos en el futuro, según el profesor de la Universidad de Georgetown
Thane Gustafson
. La quinta ronda de sanciones de la UE contra Rusia incluyó
dejar de importar todo tipo de carbón ruso
y la sexta quiere ampliar la prohibición a todo tipo de petróleo ruso. Y en este caso las divergencias entre países miembros han empezado a manifestarse. Las reacciones sugieren que si los futuros paquetes de sanciones incluyesen el gas ruso, la pelea será incluso más ardua.
(*) Profesora de Economía Internacional (ICADE), Universidad Pontificia Comillas.
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