BRICS en 2025: ampliación del bloque, tensiones internas y rol regional de Brasil
La presidencia brasileña del BRICS en 2025 transcurrió con nuevos miembros, el ingreso de Indonesia en enero y más de 40 países interesados en el formato BRICS+, en un escenario donde el bloque busca institucionalizarse y sostener consensos pese a asimetrías internas que inciden en su agenda de cooperación

La presidencia brasileña del BRICS en 2025 se desarrolló en un contexto de expansión de las ambiciones del grupo y de mayor gravitación de las potencias emergentes en la reconfiguración del orden internacional. En ese marco, Letícia Simões, doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad Estatal de Río de Janeiro, describió al bloque como un actor que opera con una dinámica simultánea: desafía la hegemonía occidental y promueve la integración del Sur Global.
Uno de los ejes de ese período fue la ampliación del BRICS. La entrada de nuevos miembros y de Indonesia en enero de 2025 extendió el alcance del grupo y amplió su influencia global. A la vez, junto con los miembros de pleno derecho, varios países se integraron como miembros asociados, lo que sumó complejidad a la coordinación interna.
Esa mayor diversidad política, económica y cultural aparece como un desafío central para la construcción de consensos. “Un esfuerzo continuo de diálogo interno para mantener la cohesión”, planteó Simões al referirse a la necesidad de sostener acuerdos entre integrantes con perfiles heterogéneos.
En paralelo, el interés de más de 40 países por integrarse al formato BRICS+ fue presentado como una señal de insatisfacción con el orden actual. En ese esquema, programas como la Asociación para la Nueva Revolución Industrial y el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) aparecen como herramientas para promover la capacidad productiva de los miembros. La lectura pone el foco en el rol de actores con mayor desarrollo relativo, “principalmente a través de actores desarrollados como China”, por su potencial para transmitir conocimiento tecnológico.
El análisis también subraya el papel de las potencias medias emergentes, definidas como Estados con capacidades materiales significativas y un creciente activismo multilateral. En América Latina, se destaca el lugar de Brasil como vínculo regional del BRICS, con antecedentes de liderazgo en 2010, 2014, 2019 y 2025, orientados a incorporar agendas vinculadas al desarrollo sostenible, el financiamiento de infraestructuras y la reforma de la gobernanza global.
En ese recorrido, la Cumbre de Río de Janeiro de julio de 2025 fue señalada como un hito para consolidar esa agenda estratégica. De cara al 20.º aniversario del bloque, el BRICS avanza en su institucionalización, aunque enfrenta desafíos asociados a la heterogeneidad y a asimetrías internas, “especialmente el peso de China”, que podrían dificultar el consenso si no se impulsa el desarrollo institucional. A su vez, el formato BRICS+ refuerza el protagonismo multipolar, pero requiere nuevos mecanismos de coordinación para evitar la dispersión de objetivos.
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