Brasil y Guyana, los grandes ganadores regionales del shock energético por la guerra en Medio Oriente. Argentina muy bien posicionada.
Un análisis de Mariano Sardáns, CEO de la gerenciadora de patrimonios FDI, plantea que el conflicto en Medio Oriente podría favorecer a productores regionales de energía por mayores precios del petróleo, con proyecciones de más exportaciones, superávits energéticos y flujos de inversión, mientras importadores netos enfrentarían inflación importada y presión fiscal

Brasil, Guyana y Argentina aparecen como los países de la región mejor posicionados ante el impacto del conflicto en Medio Oriente, en la medida en que su perfil como productores de energía les permitiría capturar parte del beneficio de un escenario de precios internacionales más altos. El planteo toma como eje el efecto de un eventual aumento del precio del petróleo sobre exportaciones, balanza comercial, inversión y cuentas fiscales.
En ese marco, Brasil se ubica como el principal productor regional, con una proyección de 4,0 a 4,2 millones de barriles por día (bpd) en 2026, junto con margen para aumentar exportaciones. El superávit energético brasileño ya equivale a aproximadamente 1,1% del PBI, estimado en torno a US$ 25.000 millones en 2025. Además, cada suba de US$ 10 en el precio del petróleo le generaría cerca de US$ 4.000 millones adicionales, equivalentes a 0,2% del PBI.
Ese flujo extra impacta en la balanza comercial y puede atraer Inversión Extranjera Directa (IED), un componente clave para financiar proyectos de expansión en sectores intensivos en capital como el energético. La lectura implícita es que, con precios más altos, la capacidad exportadora se vuelve un amortiguador macroeconómico para economías con producción significativa.
Guyana también se destaca dentro del grupo de ganadores. La expectativa es que duplique su producción hacia 2027-28. En ese escenario, el precio alto, combinado con una mayor demanda de diversificación del suministro, se traduciría en un “boom de inversión” y en superávit fiscal y comercial.
Para Argentina, el posicionamiento favorable se apoya en el cambio de escala asociado a Vaca Muerta, que ya produce a costos competitivos, con un breakeven estimado en torno a US$ 36 a US$ 45 por barril. A ese marco se suman dos elementos mencionados como claves: el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el oleoducto VMOS, cuya finalización está prevista para fines de 2026, con la posibilidad de duplicar exportaciones.
Las proyecciones incluidas estiman una producción de petróleo de 810.000 bpd en 2026, con un crecimiento interanual de 15% a 20%, y un superávit energético récord de entre US$ 10.000 millones y US$ 14.000 millones en 2026. En 2025, las exportaciones de crudo y petroquímicos ya superaron los US$ 11.700 millones. Además, se remarca el rol del país como gran exportador de alimentos, con un doble beneficio: “energía + seguridad alimentaria”.
Entre las desventajas consideradas menores, se menciona que el encarecimiento de fertilizantes y transporte impacta sobre el agro, en particular soja y maíz, aunque el ingreso adicional por exportaciones de energía “compensa con creces”. En el mapa regional, Colombia, Ecuador y México se posicionan como ganadores netos como exportadores netos o por su capacidad de ajuste, mientras que los más perjudicados serían importadores netos de energía como Chile, Perú, Centroamérica y algunos países del Caribe, por inflación importada, deterioro de términos de intercambio y presión fiscal sin el colchón de ingresos petroleros.
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