Berlín toma distancia: la doctrina alemana entre Trump y Netanyahu
Merz acusó a Estados Unidos de carecer de estrategia en la guerra contra Irán y dijo que Washington está siendo “humillado”. Días antes había suspendido la venta de armas a Israel para Gaza. Dos gestos, una misma idea: Alemania ya no es socio menor.

El canciller alemán Friedrich Merz habló el lunes ante estudiantes en Marsberg, Renania del Norte-Westfalia. No fue un discurso protocolar. Fue una fractura.
Dijo que Estados Unidos entró en la guerra contra Irán “sin ninguna estrategia”. Dijo que tampoco tiene “una estrategia de negociación convincente”. Dijo que toda una nación está siendo humillada por el régimen de Teherán, en particular por la Guardia Revolucionaria. Y dijo, con la prudencia que cabe a un jefe de gobierno, que ni Berlín ni el resto de Europa fueron consultados antes de los ataques que Washington y Tel Aviv lanzaron el 28 de febrero.
Trump respondió al día siguiente. En sus redes acusó a Merz de pensar “que está bien que Irán tenga un arma nuclear” y agregó que el canciller “no sabe de lo que está hablando”. Cerró con una frase política: “No es de extrañar que Alemania esté tan mal”.
El cruce no es un episodio. Es un síntoma.
El conflicto y sus números
La guerra entró en su tercer mes. La tregua acordada el 8 de abril sigue vigente, pero las negociaciones en Islamabad están estancadas. Trump canceló el sábado el viaje de su delegación a Pakistán. Acusó a Irán de hacerle perder tiempo.
Para Alemania, el costo es concreto. El Ministerio de Economía redujo a la mitad la previsión de crecimiento para 2026, del 1% al 0,5%, y el gobierno de coalición aprobó un paquete de 1.600 millones de euros para amortiguar la suba del combustible en los hogares. El estrecho de Ormuz, parcialmente minado, sigue sin reabrirse al tráfico normal de petróleo. Berlín ofreció dragaminas. Lo hizo dos veces. La oferta fue desestimada por Washington. El ministro de Defensa Boris Pistorius había dicho antes que el conflicto con Irán “no es nuestra guerra”. Merz matizó: la crisis no debe convertirse en “una prueba de estrés” para el vínculo transatlántico. Pero la prueba ya está en curso.
La doctrina alemana frente a Israel
La posición de Berlín respecto de Israel tiene un nombre: Staatsräson. Lo acuñó Angela Merkel ante el Knéset en 2008. Significa que la seguridad de Israel forma parte del interés nacional alemán. La fórmula tiene fundamento histórico: el Holocausto. Tiene también consecuencia material. Alemania es el segundo proveedor de armas de Israel después de Estados Unidos, con el 30% de sus importaciones militares entre 2019 y 2023, según el SIPRI.
Merz ratificó esa doctrina al asumir. Pero la aplicó con dos correcciones. La primera fue verbal. En mayo de 2025 dijo que ya no veía “la lógica” de las operaciones israelíes en Gaza para los objetivos declarados de combatir el terrorismo y liberar rehenes. En septiembre agregó que cuando se cruzan líneas rojas y se viola el derecho humanitario, “Alemania y su canciller tienen la obligación de alzar la voz”. La segunda fue material. El 8 de agosto de 2025 suspendió las exportaciones de armamento que pudiera ser usado en la Franja, tras la decisión del gabinete de Netanyahu de tomar el control total de Ciudad de Gaza. Fue la primera vez en siete décadas que Alemania puso un límite operativo a un envío militar a Israel.
La doctrina sigue. Su contenido cambió.
Similitudes y diferencias
La pregunta es cómo se articula este Berlín con un Washington que ataca Irán y un Tel Aviv que avanza en Gaza. Conviene separar.
Hay coincidencias. Alemania identifica al régimen iraní como una amenaza estructural, considera que Teherán no debe acceder a armas nucleares y sostuvo, en la versión inicial de Merz, que los ataques estadounidenses e israelíes le hacían a Europa “el trabajo sucio”. Sobre esa base común se sostiene todavía la alianza atlántica.
Hay también diferencias con Washington. Merz reprocha la falta de plan de salida y cita el precedente de Afganistán e Irak. Reclama haber sido pasado por alto en la decisión de iniciar la ofensiva. Rechaza la propuesta de Trump de involucrar a la OTAN en la seguridad de Ormuz mientras dure el combate. Y promueve una iniciativa diplomática europea con apoyo del E3 más Italia.
Las diferencias con Israel son de otro orden. Berlín suspendió de modo parcial y temporal exportaciones militares para Gaza. Se negó a calificar la ofensiva como “genocidio”, pero abandonó la fórmula del respaldo automático. No reconoce todavía un Estado palestino, pero ya no descarta el debate.
El nuevo eje
Lo que Merz formula no es un giro doctrinario. Es un reordenamiento de equilibrios. Berlín conserva la Staatsräson. Conserva la alianza transatlántica. Pero introduce una variable que llevaba dos décadas ausente: el interés nacional alemán como criterio autónomo. Una economía en estancamiento, una guerra que encarece la energía y un aliado que no consulta forman juntos un argumento que el canciller no podía evitar.
La pregunta no es si Alemania romperá con Trump o con Netanyahu. No lo hará. La pregunta es si Europa logrará que esa autonomía declarada se traduzca en política operativa antes de que la próxima escalada en Ormuz vuelva a tomarla por sorpresa. La próxima cumbre del E3 más Italia, prevista para mayo, será la primera medición concreta.
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