Tokenización: Davos definió la agenda 2026
Por Débora Carrizo, fundadora y CEO de R3al Blocks

Hay conferencias que informan y hay conferencias que anticipan. Davos es de las segundas. Cada enero sigo sus paneles no para saber qué está pasando hoy, sino para entender qué va a estar pasando en doce meses. Este año, lo que escuché cambió el tono de todo lo que vino después.
En 2025, la única sesión oficial sobre activos digitales en Davos se tituló “Crypto at a Crossroads” — una discusión amplia centrada en la incertidumbre regulatoria y el futuro incierto del sector. En 2026, eso cambió por completo. La agenda incluyó dos sesiones dedicadas y de alto nivel: “¿Es la tokenización el futuro?” y “¿Dónde estamos con las stablecoins?”
El cambio de título no es cosmético. Es una señal de época. Lo que se discutió en Davos 2026 fue exactamente esto: cómo los activos digitales deben regularse, construirse y gobernarse para convertirse en parte del futuro de los pagos, los mercados y la infraestructura financiera global. La pregunta ya no es ideológica. Es técnica, urgente y tiene fecha de vencimiento.
Las voces que marcaron la agenda
El panel principal reunió a figuras que hace tres años no habrían compartido ese escenario: el Gobernador del Banco Central de Francia y miembro del Consejo de Gobierno del BCE, el CEO de Standard Chartered, la CEO de Euroclear, Brian Armstrong de Coinbase y Brad Garlinghouse de Ripple. Bancos centrales, infraestructura financiera global y empresas crypto, sentados a la misma mesa, discutiendo lo mismo. Eso no había pasado antes.
Las señales que dejaron son imposibles de ignorar. Larry Fink, CEO de BlackRock —el mayor administrador de activos del mundo— lo dijo sin rodeos: cada acción, cada bono, cada fondo y, en definitiva, todo activo será tokenizado. No como hipótesis. Como hoja de ruta. Brad Garlinghouse puso el foco en las stablecoins como el tejido conectivo de los pagos transfronterizos —la infraestructura silenciosa que ya está reemplazando a los sistemas de transferencia internacional que tardaban días y cobraban fortunas—. Y Brian Armstrong volvió a plantear la idea que más me resuena: la tokenización puede democratizar el acceso a inversiones para miles de millones de personas hoy excluidas de los mercados tradicionales.
El consenso se ordena alrededor de una sola idea: blockchain dejó de ser un ecosistema financiero paralelo para convertirse en el corazón del sistema financiero que viene. Bancos, fondos y gobiernos ya no discuten si esto va a ocurrir. Discuten quién va a capturar el valor cuando ocurra a escala.
La convergencia que pocos están mirando
Hubo otro tema en Davos que recibió menos titulares pero que me parece igual de decisivo: la convergencia entre blockchain e inteligencia artificial.
La economía de máquinas que se viene, va a necesitar rieles financieros nativos. Si en pocos años conviviremos con agentes autónomos capaces de ejecutar tareas, comprar insumos, coordinar logística y pagar servicios, esos agentes van a necesitar una infraestructura financiera programable, instantánea y global. Drones entregando paquetes y liquidando pagos automáticamente. Sistemas inteligentes administrando flujos de valor entre máquinas. Activos con lógica autónoma operando sin intervención humana.
Eso ya no suena a ciencia ficción. Suena a la infraestructura base de una economía que está tomando forma ahora mismo.
“Blockchain no es solo una mejora del sistema actual. Es la infraestructura necesaria para el futuro”.
Qué significa para América Latina
Mientras la fragmentación regulatoria frena el avance en algunos mercados desarrollados, nuestra región tiene una oportunidad que no va a repetirse. América Latina arrastra problemas estructurales que la tokenización puede corregir de raíz: volatilidad cambiaria, acceso limitado al capital, y billones de dólares en activos reales ilíquidos —minerales, commodities, energía, tierra productiva— que generan valor para pocos y no llegan a casi nadie.
Los sistemas financieros que muchos siguen usando por costumbre funcionan sobre estructuras lentas, costosas y diseñadas para otra época. No para proteger al usuario. Para proteger al intermediario.
La tokenización invierte esa lógica: pone al activo y al inversor en contacto directo, con trazabilidad total, liquidación instantánea y sin los costos de una cadena de intermediarios que nunca agregó valor real.
Esta no es una agenda del futuro. Es la agenda del presente. Todo activo que no pueda operar con mayor eficiencia, trazabilidad, liquidez y disponibilidad, tenderá a perder competitividad. Y toda región que no construya la infraestructura para participar en este mercado, quedará mirando desde afuera cómo otros capturan el valor de sus propios recursos.
América Latina tiene los activos. Tiene la regulación avanzando. Tiene la adopción tecnológica. Lo que necesita es velocidad. Davos 2026 fijó la agenda. Nosotros decidimos si estamos adentro.
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