La gestión de alto patrimonio en América Latina ingresó en una etapa de transición desde esquemas apoyados en relaciones personales, procesos presenciales y portafolios conservadores hacia modelos basados en plataformas digitales, analítica avanzada, cumplimiento automatizado y experiencias que combinan autoservicio con asesoría especializada. En ese movimiento, bancos y gestores compiten por rentabilidad, pero también por eficiencia, transparencia y experiencia de usuario.
Temenos, empresa de software bancario, identificó cinco tendencias que orientan la evolución del negocio en la región durante 2026. La demanda de los clientes aparece como motor de la modernización: se espera abrir cuentas en minutos, consultar el portafolio desde el celular, comprender con claridad el pago de comisiones y recibir recomendaciones personalizadas basadas en datos.
“El Wealth Management o la gestión de alto patrimonio está evolucionando hacia experiencias continuas y personalizadas, donde los datos y la tecnología permiten anticiparse a las necesidades del cliente y ofrecer asesoramiento realmente relevante”, dijo Alejandro Masseroni, regional sales leader – NextGen financial services de Temenos.
La primera tendencia es la transformación digital impulsada por inteligencia artificial. La IA permite agilizar procesos complejos como el onboarding, los controles de conocimiento del cliente y la prevención de lavado de dinero, al tiempo que eleva la calidad del asesoramiento. En este esquema, los gestores pueden analizar portafolios, recomendar productos personalizados y explicar el desempeño y las comisiones de manera transparente, mientras los clientes acceden a herramientas de autoservicio para tomar decisiones informadas.
La segunda tendencia es la movilidad de los grandes patrimonios. Familias y personas de alto poder adquisitivo distribuyen residencia e inversiones entre distintos países, lo que obliga a ofrecer servicios transfronterizos, asesoramiento remoto y cumplimiento regulatorio en múltiples jurisdicciones. En ese contexto, las plataformas en la nube pasan a ser un soporte para garantizar continuidad y consistencia en la prestación del servicio.
La tercera tendencia es la diversificación de activos. Inflación persistente, tasas de interés elevadas e incertidumbre geopolítica empujan a los inversionistas a ampliar portafolios hacia estrategias ESG (criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza Corporativa), mercados privados, activos alternativos y activos digitales, incluidos valores tokenizados. Para gestionar esa complejidad, se requieren sistemas capaces de integrar datos en tiempo real y ofrecer recomendaciones adaptadas a condiciones cambiantes.
La cuarta tendencia se vincula con experiencias nativas digitales para clientes más jóvenes: autonomía, interfaces intuitivas, información inmediata y transparencia total en costos. La quinta se concentra en cumplimiento regulatorio y resiliencia operativa, con trazabilidad de operaciones, protección de datos y continuidad del servicio como factores críticos, junto con inversiones en automatización, control de riesgos y robustez tecnológica.
“Integrar datos, canales y procesos en una sola plataforma permite adaptarse con mayor rapidez, lanzar nuevos servicios con agilidad y ofrecer una experiencia consistente a gran escala”, dijo Masseroni, regional sales leader – NextGen financial services de Temenos.












