Carry trade en la Argentina: señales de alerta y para quiénes sigue siendo viable
El economista Marcos Victorica, CEO de BAS Storage, analiza proyecciones cambiarias, baja de tasas y ruido electoral que reducen márgenes y elevan riesgos, con foco en el impacto sobre ahorristas minoristas frente a inversores profesionales que cuentan con crédito, coberturas y monitoreo permanente

El carry trade volvió a concentrar discusiones entre analistas financieros en la Argentina, con un eje que excede el interrogante sobre su duración: también se abre la pregunta sobre qué perfiles pueden sostenerlo. La estrategia busca capturar rendimientos en pesos en un contexto de estabilidad cambiaria, pero exige precisión en el timing y tolerancia al riesgo.
Marcos Victorica, economista y CEO de BAS Storage, plantea que se trata de una apuesta que “requiere precisión quirúrgica y una alta capacidad especulativa”. En su lectura, esa combinación resulta especialmente exigente en un país inestable y, en el escenario actual, distintos elementos ubican al carry trade “en tela de juicio”.
El primer factor se concentra en las proyecciones sobre el tipo de cambio. Victorica señala que el tipo de cambio alcanzó mínimos similares a los de 2017 y que entidades como Bank of America sostienen que al peso no le queda margen de apreciación. En paralelo, el tipo de cambio real multilateral se ubica en niveles que, en antecedentes históricos comparables, precedieron correcciones, lo que eleva el costo implícito de mantener posiciones en pesos. En ese marco, si bien el dólar “está contenido” y se mantiene lejos del techo de la banda, el leve ajuste al alza registrado recientemente captó más atención del mercado.
El segundo punto es la baja de las tasas de interés y su efecto sobre la rentabilidad. Con tasas nominales anuales de entre 15% y 21,5% en los principales bancos y una inflación mensual que ronda el 3%, el plazo fijo arroja un rendimiento real negativo. Para Victorica, quien busca hacer carry desde instrumentos minoristas “está, en los hechos, perdiendo poder adquisitivo”, en la medida en que el rendimiento en pesos queda por debajo del avance de precios.
A esos elementos se suma el componente político. Aunque todavía lejano, el escenario electoral proyecta “su clásica sombra de inestabilidad” y alimenta la incertidumbre. En esa lógica, Victorica sostiene que las elecciones son desde hace años sinónimo de huida a la dolarización, un comportamiento que puede tensionar la dinámica cambiaria y condicionar estrategias en moneda local.
Más allá del corto plazo, el economista define al carry trade como una estrategia diseñada para “inversores de peso”, como hedge funds, bancos de inversión o firmas de trading, que cuentan con acceso a crédito barato, cobertura cambiaria y equipos de monitoreo permanente. En ese punto, menciona la experiencia de las Lebac: quienes apostaron al carry trade acumularon ganancias en 2016 y 2017, pero la devaluación de 2018 borró lo ganado y dejó una pérdida neta de 13,2% en dólares.
“La conclusión es sencilla: el carry trade no es para cualquiera”, afirma Victorica. En la misma línea, descarta que el dólar sea una respuesta automática: según el Bureau of Labor Statistics, la divisa estadounidense redujo aproximadamente 83% su poder adquisitivo entre 1975 y 2025. Como alternativa, propone construir una cartera diversificada con activos alternativos dolarizados y menciona que el self-storage logró generar más rendimientos que los bonos del Tesoro norteamericano en un plazo de diez años.
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