Las acciones estadounidenses cerraron la semana pasada en negativo por tercera semana consecutiva, en un contexto atravesado por la escalada del conflicto en Medio Oriente y la volatilidad en los precios del petróleo. En ese marco, el S&P500 registró una caída semanal de 1,6%, con inversores atentos a factores geopolíticos y monetarios que pueden condicionar la dinámica de los activos globales.
Bautista Aboy, portfolio manager de Mills Capital, ubicó el foco principal en el mercado energético y en el riesgo de interrupciones de oferta. La atención se concentró en la posibilidad de que se vea afectado el tránsito por el Estrecho de Ormuz, señalado como una ruta clave para el comercio mundial de crudo. La lectura del mercado combinó esa preocupación con “algunas señales esporádicas de desescalada”, aunque sin cambiar el clima de incertidumbre.
La volatilidad vinculada al petróleo se integró a un panorama más amplio de riesgos. Aboy señaló que, además de la tensión geopolítica, se sumaron preocupaciones por tensiones en el mercado de crédito privado y por la evolución de la política comercial. Ese conjunto de elementos operó como fuente adicional de ruido para la valuación de activos y para el apetito por riesgo, en una semana donde el desempeño de las acciones se movió con sensibilidad a cambios de expectativas.
Para los próximos días, el seguimiento del conflicto con Irán aparece como un determinante de corto plazo por sus posibles implicancias sobre el suministro energético y la inflación global. En ese contexto, la reunión de la Reserva Federal se ubicará entre los eventos más relevantes de la semana, con inversores buscando señales sobre el rumbo de la política monetaria en un escenario de persistentes riesgos inflacionarios.
En el plano económico, se esperan nuevos indicadores de inflación mayorista y de actividad industrial, que pueden aportar elementos para recalibrar expectativas sobre precios y crecimiento. En Europa, también se aguardan decisiones de política monetaria por parte de los principales bancos centrales, en un entorno marcado por la incertidumbre geopolítica y energética.
El pulso de los mercados quedará atravesado por la combinación entre tensión en Medio Oriente, comportamiento del petróleo y definiciones de política monetaria, con el Estrecho de Ormuz como punto sensible para el comercio de crudo.












