La volatilidad es la regla: cómo gestionar el riesgo en un país en el que ningún día es igual
La inestabilidad financiera nacional impulsa a las pymes a incorporar criterios sociales y ambientales. El mercado de finanzas sostenibles superó los US$ 1.000 millones en 2024, favoreciendo acceso a nuevos instrumentos y alianzas estratégicas. El enfoque busca mitigar riesgos y atraer inversiones en escenarios de incertidumbre.

Hace unas semanas, el prestigioso banco británico Barclays tituló un informe sobre los recientes resultados electorales en la Provincia de Buenos Aires como: “Un león herido en las Pampas”. Venimos de semanas especialmente cargadas de tensión financiera: una disparada en el riesgo país, el desplome del índice Merval y un nuevo salto del dólar. Y todo indica que lo que viene no será distinto.
Para los argentinos esto no es novedad: convivimos con el caos. Pero cada vez las ventanas de estabilidad duran menos. Las oportunidades aparecen y desaparecen a una velocidad que hace muy difícil planificar. Para las empresas, moverse en un terreno donde las circunstancias cambian como la cotización del dólar es un desafío extremo. En mercados donde la volatilidad es la regla, el verdadero reto es encontrar aquello que permanece.
En esa búsqueda de previsibilidad, la sustentabilidad emerge como una candidata natural. Ya no como un lujo reputacional, sino como una estrategia de gestión de riesgo y creación de valor. Incluir variables sociales y ambientales en la toma de decisiones permite abrir mercados, reducir costos, fidelizar clientes y atraer inversiones en un contexto donde la confianza es un activo escaso.
Las organizaciones que generan valor positivo para sus comunidades y para el ambiente construyen legitimidad, estabilidad y resiliencia. En otras palabras: pueden sostener la confianza de sus grupos de interés incluso cuando el entorno se vuelve hostil.
Las pymes -que representan más del 60% del empleo formal del país- tienen todo por ganar. Históricamente alejadas de la agenda sostenible por falta de recursos o complejidad técnica, hoy cuentan con herramientas que pueden nivelar la cancha: líneas de crédito y préstamos verdes, instrumentos de deuda de corto plazo como cheques y pagarés sostenibles, fondos de impacto y alianzas con organismos multilaterales.
Se trata de un mercado que ya superó los 1.000 millones de dólares en Argentina en 2024, y que crece impulsado por la demanda global de cadenas de valor más transparentes y responsables. A nivel internacional, las finanzas sostenibles alcanzaron los USD 5,87 billones en 2024 y se proyecta que superen los USD 35,7 billones hacia 2034, con una tasa de crecimiento anual cercana al 20%. Para una pyme local, el contraste es claro: puede quedar atrapada en la coyuntura doméstica o aprovechar esta ola global para abrirse camino en nuevos mercados.
En la Argentina ya existen múltiples ejemplos que muestran que este mercado no es solo para grandes corporaciones internacionales, sino también para empresas locales de distintos sectores. Una fabricante de plásticos del conurbano bonaerense logró financiar la instalación de paneles solares y contratos de provisión de energías renovables a largo plazo, alcanzando un abastecimiento 100% limpio en sus plantas industriales. Otro caso es el de una compañía reconocida de parques logísticos que, tras certificar estándares internacionales y consolidar buenas prácticas ambientales, emitió el primer bono verde corporativo del país y se convirtió en referente regional en financiamiento sostenible.
También aparecen experiencias en rubros tan diversos como la demolición y el reciclaje, donde una empresa pionera obtuvo reconocimiento mundial y accedió a líneas de crédito sostenibles gracias a su certificación B, sus prácticas de recuperación de materiales y triple norma ISO; o en la industria del cemento, que vinculó préstamos bancarios a indicadores ESG para reducir emisiones. Incluso pymes textiles de la Puna o emprendimientos tecnológicos urbanos han colocado obligaciones negociables y cheques verdes en el mercado de capitales, demostrando que la inversión de impacto puede ser una palanca real de crecimiento para todo tipo de negocios.
Un informe de PwC reveló que solo el 27% de las pymes argentinas cuentan con planes formales de sostenibilidad. El 73% restante realiza acciones puntuales y aisladas, o directamente no las implementa. La buena noticia es que cada vez surgen más propuestas que buscan acercar conocimiento, financiamiento y metodologías adaptadas a la realidad de este sector tan importante para nuestro sistema económico y productivo.
La sustentabilidad no elimina el riesgo, pero lo mitiga. No evita la incertidumbre, pero ofrece un marco de gestión para tomar mejores decisiones. Ayuda a estar listos para aprovechar las breves ventanas de estabilidad y, al mismo tiempo, protege reputacional y socialmente cuando llegan los momentos más adversos.
Vivimos en una época de policrisis: cambio climático, inflación, tensiones geopolíticas, disrupciones tecnológicas. En Argentina, además, debemos sumar la inestabilidad propia de nuestra economía. Sin embargo, los casos que vimos muestran que sí es posible transformar la incertidumbre en oportunidad: desde industrias tradicionales que se reinventan hasta emprendimientos emergentes que ya acceden a capital sostenible, financian su crecimiento y fortalecen su resiliencia. El mensaje es claro: quienes integren sostenibilidad en su estrategia financiera y operativa podrán navegar la volatilidad con más previsibilidad y abrirse camino en el mundo.
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