El metro cuadrado que define una marca
En Argentina, elegir mal el corredor comercial no es un error operativo: es un error estratégico que se paga durante cinco años. Por Belén Espíndola · Broker de logística y retail de Cushman & Wakefield Argentina

El corredor más caro de Buenos Aires no es necesariamente el más rentable. Y el local que más vende no siempre es el más valioso. En el retail, el metro cuadrado dejó de ser una unidad de venta para convertirse en una unidad de posicionamiento. Entender esa diferencia es una de las decisiones más relevantes en la estrategia comercial de una marca.
El dato es elocuente: en el primer bimestre de 2026, la Cámara Argentina de Comercio y Servicios registró 284 locales comerciales vacíos, en alquiler o en venta en los principales corredores de la Ciudad de Buenos Aires, un 38,5% más que en el mismo período de 2025. La lectura rápida es que el retail está en retirada. La lectura estratégica es distinta: en un mercado donde los espacios equivocados se liberan, las marcas que saben qué metro cuadrado necesitan tienen una oportunidad que antes no existía.
Para entender cómo se llega a este punto, alcanza con mirar el recorrido reciente del consumo. El 2024 fue uno de los años más duros para el retail en Argentina: las ventas minoristas cayeron 7,8% en términos reales, con una inflación que cerró en 219,2% anual y un consumo privado que retrocedió 2,9%. En 2025, el cuadro se revirtió con fuerza: el consumo creció 7,1% y el PBI avanzó 4,3%.
Pero ese rebote no implicó una ocupación homogénea del espacio comercial. Por el contrario, aceleró un proceso de reasignación de demanda: mientras algunas ubicaciones recuperaron demanda rápidamente, otras —menos alineadas con las nuevas lógicas de consumo— quedaron vacantes.
Esta desconexión entre la recuperación del consumo y la ocupación de locales refleja una característica estructural del mercado argentino. La volatilidad macroeconómica condiciona, pero no determina, el desempeño del retail. Lo que termina definiendo los resultados es la calidad de la decisión de ubicación.
Buenos Aires concentra la mayor parte de la actividad comercial del país. El área metropolitana reúne más de un tercio de la población nacional —15,9 millones de personas— y los corredores comerciales más consolidados. Pero tratar a “Buenos Aires” como un mercado único es un error analítico: la ciudad funciona como un sistema de submercados con lógicas de precio, perfil de consumidor y dinámica de demanda diferentes.
Los datos de alquileres prime de Cushman & Wakefield para 2026 lo muestran con precisión. Avenida Santa Fe opera a USD 42 por m² al mes —el corredor más caro de la ciudad—, sostenida por una combinación de densidad residencial, presencia de oficinas y flujos peatonales consistentes a lo largo del día. Avenida Cabildo cotiza a USD 31,5/m²/mes con una demanda estable anclada en el consumo de proximidad. Calle Florida, el corredor peatonal de mayor tráfico del país, se ubica en USD 23,2/m²/mes en sus tramos prime, con mayor rotación de inquilinos que otros ejes. Recoleta-Alvear, referencia del segmento premium, opera a USD 24/m²/mes con oferta limitada y foco en locales insignia, o flagship stores.
Corredor
Alquiler prime (USD/m²/mes)
Perfil dominante
Av. Santa Fe
42,0
Consumo masivo, oficinas
Av. Cabildo
31,5
Residencial, proximidad
Palermo Soho
25,9
Lifestyle, diseño, tendencia
Recoleta / Alvear
24,0
Lujo, locales insignia
Calle Florida
23,2
Turismo, volumen, visibilidad
Fuente: Cushman & Wakefield, 2026
Esta dispersión de precios no es solo un reflejo del mercado inmobiliario: es la expresión cuantificada de estrategias de posicionamiento distintas. Una marca que elige Palermo Soho apuesta a identidad y diferenciación sobre volumen de tráfico. Una que elige Santa Fe compra escala y liquidez. Una que prefiere Florida prioriza visibilidad internacional sobre eficiencia operativa. Ninguna de esas elecciones es correcta o incorrecta en abstracto: depende del modelo de negocio y del tipo de vínculo que la marca busca construir con el consumidor.
El ingreso al mercado argentino sigue un patrón recurrente entre las marcas que logran escalar: apertura inicial en una ubicación que combina visibilidad con aprendizaje operativo, validación de resultados y, sobre esa base, expansión progresiva hacia nuevos corredores o formatos. Las nuevas incorporaciones del último año —Decathlon, Skechers, New Era, Sandro— operan con esa lógica: entrada controlada, expansión por etapas. No es cautela; es método.
En paralelo, el canal físico mantiene un rol central que la digitalización no erosionó. En un mercado donde el consumidor valora la compra presencial como instancia de validación del producto, construcción de confianza y experiencia social, la tienda no compite con el e-commerce: lo complementa y potencia. La estrategia omnicanal que funciona en Argentina es la que entiende el punto de venta físico como el núcleo desde el cual se articula el resto de los canales, no como un canal entre varios.
Desde la perspectiva inmobiliaria, los contratos comerciales presentan particularidades que amplifican el impacto de una mala decisión de ubicación: plazos habituales de 60 meses, alquileres indexados al IPC y penalidades de rescisión equivalentes al 10 % del saldo restante del contrato. Equivocarse de corredor no es un error operativo menor: tiene costo contractual, de marca y de aprendizaje.
El mercado argentino de retail no premia la velocidad ni la escala inicial. Premia la lectura precisa del submercado, la coherencia entre el posicionamiento de marca y la elección del corredor, y la paciencia para construir presencia de forma sostenida.
En un contexto donde la inflación proyectada para 2026 todavía es del 27,7%, esa disciplina en la decisión de ubicación es, probablemente, la variable más controlable que tiene una marca para proteger sus resultados. Porque, en el retail argentino, el metro cuadrado no define solo dónde se vende: define cómo —y desde dónde— una marca construye valor.

