El mercado internacional de granos transita un período de alta volatilidad, con foco en la evolución del conflicto en Medio Oriente y su impacto sobre la energía, la logística y los costos de producción. El análisis pertenece a Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, y suma además los efectos de la intención de siembra en Estados Unidos y la dinámica comercial en Argentina.
En el plano geopolítico, la tensión se sostiene ante la especulación de una posible retirada de Estados Unidos de la región, el endurecimiento del discurso de Donald Trump y amenazas de nuevas incursiones. A la vez, se profundizan las complicaciones logísticas: algunos buques atraviesan el estrecho de Ormuz tras pagar hasta US$ 2 millones a Irán, mientras la amenaza de los hutíes sobre el Mar Rojo podría bloquear otra vía clave del comercio mundial.
Con petróleo y gas en niveles elevados, los costos de fertilizantes suben y trasladan presión, en menor medida, a los precios de los granos. “El mercado está completamente condicionado por la incertidumbre geopolítica y energética, que termina impactando de lleno en los costos de producción y en las decisiones de siembra”, dijo Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
En ese marco, el último informe de intención de siembra del USDA mostró un recorte del área de maíz en Estados Unidos y un aumento en soja menor al esperado: +1,4 millones de hectáreas para soja y -1,9 millones para maíz. “Las variaciones de área son hoy el principal factor de discusión. Incluso puede haber más pasaje de maíz a soja por el encarecimiento de los fertilizantes”, dijo Romano, al remarcar que el relevamiento se realizó cuando el conflicto recién comenzaba y los costos todavía no reflejaban plenamente las subas.
Para el trigo, el panorama aparece más ajustado: la superficie en Estados Unidos cae a mínimos desde la década del 70, con deterioro en la condición de los cultivos y persistencia de sequía en zonas clave. Del lado de la demanda, el maíz muestra señales de firmeza, con exportaciones sostenidas tanto en Estados Unidos como en Argentina. En contraste, la soja enfrenta un escenario más complejo por márgenes de molienda negativos en China, stocks elevados y un crecimiento desacelerado.
En Argentina, la dinámica comercial suma un factor adicional. La cosecha de maíz podría entrar en pausa en la zona núcleo por la prioridad de recolección de soja, más sensible a la humedad. Esa decisión podría generar, en el corto plazo, una desconexión entre la demanda de exportación —con una cola de buques cercana a 3,4 millones de toneladas— y la oferta disponible.
En soja, la comercialización viene retrasada: los productores vendieron 7% frente a un promedio de 10%. En maíz, en cambio, se muestran más activos, con un avance de cosecha del 19% a nivel nacional y rindes promedio de 85,3 qq/ha, que sostienen una proyección de 57 millones de toneladas. En Brasil, la cosecha de soja cubre entre 72% y 75% del área, por debajo del ciclo anterior, y la Bolsa de Cereales de Buenos Aires mantiene la estimación en 48,5 millones de toneladas.
“El trigo tiene hoy un equilibrio delicado: los costos altos generan dudas, pero los precios y la humedad disponible vuelven a ponerlo en carrera”, concluyó Romano.











