Reacción dispar entre empresarios

Cavallo recibió una ovación inicial de 500 empresarios el martes por la noche, pero luego los banqueros rehuyeron hacer declaraciones y los industriales lo apoyaron con algunas reticencias.

30 marzo, 2001

Sin dudas Domingo Cavallo se sintió gratificado el martes 27 por la noche cuando al hablar antes 500 empresarios en el Banco Nación, recibió un consistente aplauso que algún medio calificó de ovación.

Pero el transcurso de su exposición dejaría en claro que el auditorio se integró en dos sectores; el de los banqueros moderó el entusiasmo inicial hasta un prudente silencio, el de los industriales, sin repetir la exuberancia del comienzo, se manifestaría luego por boca de algunos de sus exponentes más destacados en un apoyo no exento de cierta inquietud.

De todas maneras, coincidieron todos los observadores en advertir que en unos y otros se percibía claramente una sensación da alivio y una mayor cuota de optimismo respecto del futuro.

Así Amalia Fortabat, al ser requerida por los periodistas, reconoció que “es un buen plan; se hizo en otras partes del mundo”.

Aldo Roggio dijo que el plan traía esperanzas y Pascual Mastellone (La Serenísima), preocupado por si el impuesto a las transacciones bancarias podría beneficiar a su principal competidora, Sancor –ante una eventual excepción por su carácter de cooperativa – aceptó que, de todas maneras, “es momento de poner el hombro”.

El apoyo más explícito al ministro fue el de los hombres de ADEFA (empresas automotrices), en el que se elogió el anuncio de eliminar en el futuro los impuestos distorsivos.

Las banqueros no ocultaron el impacto que les impuso la admonición del ministro sobre la necesidad de reducir las tasas de interés que cobran al Estado; las crónicas registraron que Eduardo Escasany, quien acompañó a Cavallo en su viaje relámpago a Madrid, junto con la plana mayor de la Asociación de Bancos, optó por hacer mutis por el foro y retirarse rápidamente del recinto.

Es que el ministro ejerció una fuerte presión sobre los bancos para pagar menor tasa de interés por $ 350 millones en Letras del Tesoro a 3 meses de plazo; que el 13% que pretendieron percibir en principio; debieron reducirla al 10,96%, cuando Cavallo amenazó – según se supo – con suspender la licitación, afirmando que no existen razones valederas para que la Argentina deba pagar más que México.

Al parecer ese criterio era sustentado por los bancos que dependen de sus casas centrales en el exterior, sin embargo, el ministro jugó fuerte porque había recibido un fuerte apoyo en los centros de poder político de Europa, en particular España. <.p>
Y de Estados Unidos, cuyo secretario del Tesoro, Paul O´Neill, alabó la “profunda experiencia” del ministro argentino y expresó su anhelo de que pudiera restaurar la confianza en la economía del país.

Sin dudas Domingo Cavallo se sintió gratificado el martes 27 por la noche cuando al hablar antes 500 empresarios en el Banco Nación, recibió un consistente aplauso que algún medio calificó de ovación.

Pero el transcurso de su exposición dejaría en claro que el auditorio se integró en dos sectores; el de los banqueros moderó el entusiasmo inicial hasta un prudente silencio, el de los industriales, sin repetir la exuberancia del comienzo, se manifestaría luego por boca de algunos de sus exponentes más destacados en un apoyo no exento de cierta inquietud.

De todas maneras, coincidieron todos los observadores en advertir que en unos y otros se percibía claramente una sensación da alivio y una mayor cuota de optimismo respecto del futuro.

Así Amalia Fortabat, al ser requerida por los periodistas, reconoció que “es un buen plan; se hizo en otras partes del mundo”.

Aldo Roggio dijo que el plan traía esperanzas y Pascual Mastellone (La Serenísima), preocupado por si el impuesto a las transacciones bancarias podría beneficiar a su principal competidora, Sancor –ante una eventual excepción por su carácter de cooperativa – aceptó que, de todas maneras, “es momento de poner el hombro”.

El apoyo más explícito al ministro fue el de los hombres de ADEFA (empresas automotrices), en el que se elogió el anuncio de eliminar en el futuro los impuestos distorsivos.

Las banqueros no ocultaron el impacto que les impuso la admonición del ministro sobre la necesidad de reducir las tasas de interés que cobran al Estado; las crónicas registraron que Eduardo Escasany, quien acompañó a Cavallo en su viaje relámpago a Madrid, junto con la plana mayor de la Asociación de Bancos, optó por hacer mutis por el foro y retirarse rápidamente del recinto.

Es que el ministro ejerció una fuerte presión sobre los bancos para pagar menor tasa de interés por $ 350 millones en Letras del Tesoro a 3 meses de plazo; que el 13% que pretendieron percibir en principio; debieron reducirla al 10,96%, cuando Cavallo amenazó – según se supo – con suspender la licitación, afirmando que no existen razones valederas para que la Argentina deba pagar más que México.

Al parecer ese criterio era sustentado por los bancos que dependen de sus casas centrales en el exterior, sin embargo, el ministro jugó fuerte porque había recibido un fuerte apoyo en los centros de poder político de Europa, en particular España. <.p>
Y de Estados Unidos, cuyo secretario del Tesoro, Paul O´Neill, alabó la “profunda experiencia” del ministro argentino y expresó su anhelo de que pudiera restaurar la confianza en la economía del país.

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