Nuevo orden mundial "made in" por Trump
La cuestión de Irán desnuda la fragilidad de las viejas alianzas occidentales.
Durante las largas décadas en que se desplegó la hegemonía de Estados Unidos en el escenario mundial, la clave estuvo en la sólida alianza de la superpotencia con países con los que tenía estrecha vinculación, como los de la Europa occidental, y también Japón y Corea del Sur.
Todos esos vínculos se han quebrado o están seriamente comprometidos. La cuestión sobreviniente es cómo hará Washington, sin esos respaldos, para seguir imponiendo su voluntad en forma unilateral.
El plan –si es que existe algo parecido- parece ser ejercer el poder de modo unilateral.
Algunos analistas adelantan que al retirarse del Pacto con Irán –suscripto además por países de la UE, China y Rusia durante la gestión de Obama- lo que Washington persigue es una nueva negociación que restablezca el acuerdo con mejores ventajas para Estados Unidos.
Podría ser. Pero también podría ocurrir lo contrario. De un lado, Irán no es proclive a que le tuerzan el brazo como lo ha revelado todo su pasado durante las últimas décadas. De otro, por primera vez los aliados europeos muestran su irritación por la actitud unilateral tomada por Trump y analizan la posibilidad –muy difícil, por cierto- de seguir adelante en el tratado sin EE.UU.
Este es el conflicto más relevante, pero no el único. El año pasado el gobierno de Trump eligió retirarse del acuerdo global sobre el clima de París.
Entre tanto sigue adelante con su decisión de reubicar la embajada de EE.UU en Israel en Jerusalén y dejar Tel Aviv donde permanecen todos los viejos aliados europeos.
En materia de comercio global, Washington presentó un ultimátum poco elegante a China, la segunda potencia mundial. Y amenaza cambiar las reglas del juego en la materia con Canadá. Japón y toda la Unión Europea.
Ese unilateralismo exacerbado puede modificar el actual cuadro en el Medio Oriente, y tal vez en varias otras partes del planeta.
Mucho se especula sobre la probable reacción de Irán ante esta nueva realidad. Hay indicios de que habrá una respuesta cauta, prudente y sin provocaciones. Lo que más preocupa es el entorno de Trump, que en buena medida piensa que lo mejor es que haya un escenario bélico en esa área.
Lo que pone –por enésima vez- el foco del debate en el "irritante privilegio" que implica que la moneda estadounidense sea la divisa internacional, y las consecuencias que ello genera. Lo que la convierte en poderoso instrumento de coerción, más allá del puro poder militar.
El euro, el renminbi, el rublo y el yen, tendrán la tentación de montar un sistema financiero internacional que soslaye al dólar. Algo muy difícil, pero que no hay que descartar tan fácilmente. Hay, en ciernes, una nueva conformación política del mundo.
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