Milei frente al espejo: la fatiga del cambio en la política argentina
Según un informe de Poliarquía Consultores presentado en Washington en octubre de 2025, el gobierno de Javier Milei atraviesa una caída en su nivel de aprobación, tras haber alcanzado un pico del 60% a comienzos de año. Su desempeño se compara hoy con los promedios de confianza y satisfacción ciudadana observados durante las presidencias de Mauricio Macri y Alberto Fernández, en un contexto de persistente fragilidad económica y pérdida de control legislativo.

El gobierno de Javier Milei enfrenta, al aproximarse el cierre de 2025, un escenario político que combina desgaste acelerado, inflación persistente y una recomposición parcial del peronismo. Los datos de Poliarquía revelan una aprobación presidencial del 47%, siete puntos por debajo del promedio de su primer año. La tendencia descendente se profundizó desde junio, en paralelo con la pérdida del control parlamentario y el deterioro del humor social.
El Índice de Confianza en el Gobierno, elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella y Poliarquía, ubica el desempeño del actual mandatario por encima de los niveles alcanzados en los últimos años del kirchnerismo y durante la gestión de Alberto Fernández, pero lejos del pico de optimismo registrado en los primeros meses de Mauricio Macri. Este patrón de alta expectativa inicial seguida de decepción constituye una constante en la política argentina desde 2001.
La comparación histórica permite observar que la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) marcó un punto de inflexión tras la crisis, con una recuperación del índice de confianza que superó los 3 puntos sobre 5. Cristina Fernández mantuvo ese impulso hasta 2011, cuando la combinación de crecimiento y gasto público sostenido garantizó legitimidad. Desde entonces, los gobiernos sucesivos se enfrentaron a un deterioro persistente de la confianza: Macri cayó de 3,3 puntos en 2016 a 1,9 en 2019, mientras que Fernández cerró su mandato con apenas 1,5. Milei inició su gestión con 2,9, pero el índice ya retrocedió a 2,3.
La economía condiciona estas curvas. El Índice de Confianza del Consumidor, otro indicador de Poliarquía, muestra un promedio de 47,5 puntos para el actual período, similar al registrado durante la primera mitad del macrismo. La percepción sobre la situación económica personal se mantiene en niveles comparables a los de 2018: apenas 39% de los hogares la considera “buena o regular”.
El impacto social del ajuste —en especial la reducción de subsidios y la contracción del consumo— ha erosionado la adhesión inicial al discurso liberal. Según el estudio, el 54% de los consultados considera que la economía “empeoró” durante el último trimestre. Aun así, la inflación esperada para los próximos tres meses se mantiene estable en torno al 27%, lo que sugiere una desaceleración de las expectativas, aunque no una recuperación del poder adquisitivo.
En el plano político, la pérdida de control del Congreso constituye el hecho más relevante del año. La derrota en la provincia de Buenos Aires, explicada por los encuestados en términos de “arrogancia” y “falta de sensibilidad”, debilitó la base legislativa de La Libertad Avanza. El oficialismo contaba en 2024 con una mayoría ajustada en Diputados y una presencia marginal en el Senado; hoy se proyecta que, tras las elecciones legislativas de octubre, conservará apenas 75 bancas sobre 257 en la Cámara baja y 16 de 72 en la Cámara alta.
La fragilidad parlamentaria obliga al Ejecutivo a negociar con los gobernadores, quienes han incrementado su peso político. Según Poliarquía, doce mandatarios provinciales controlan 31 diputados y 14 senadores, configurando un bloque moderado con capacidad de veto. En ese equilibrio, Milei enfrenta un dilema similar al que atravesaron Macri en 2017 y Fernández en 2022: la tensión entre la necesidad de ajuste y las restricciones institucionales de un sistema federal y multipartidario.
La comparación entre las tres presidencias revela una secuencia común: la ilusión reformista inicial, seguida de la erosión por la realidad económica y la fragmentación política. Macri intentó sostener un programa gradualista con endeudamiento externo; Fernández recurrió a la emisión y los controles; Milei apuesta a la contracción monetaria y al equilibrio fiscal como condiciones previas al crecimiento. En los tres casos, la falta de consenso legislativo y la ausencia de un esquema de desarrollo productivo compartido limitaron la eficacia de sus planes.
Aun con ese contexto, Milei conserva una base electoral sólida. En las proyecciones de voto legislativo para 2025, La Libertad Avanza concentra entre 30% y 36% de intención de voto, niveles equivalentes a los de Cambiemos en 2017 y al Frente de Todos en 2021. La novedad es que el eje tradicional peronismo-antiperonismo se ha reconfigurado: el kirchnerismo mantiene entre 20% y 22%, mientras que las fuerzas provinciales y moderadas suman cerca del 15%.
El ciclo político argentino parece atrapado en una paradoja: cada presidente llega con una narrativa de refundación y termina condicionado por la inercia del sistema. La persistencia de un bajo índice de optimismo ciudadano —apenas –24 puntos en el promedio de Milei, según el Índice de Optimismo Ciudadano— confirma la existencia de un electorado escéptico, que vota más por rechazo que por esperanza.
La Argentina oscila entre el deseo de orden y la resistencia al cambio. Milei encarna esa tensión en su forma más explícita: propone romper con el pasado mientras gobierna sobre sus ruinas.
Fuentes: Poliarquía Consultores, Argentina Political and Electoral Situation, Washington D.C., octubre 2025.
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