EE.UU.: el aumento del petróleo pone en riesgo la reactivación

Si bien lejos del máximo a dólares constantes, los récords nominales del crudo pueden frenar el crecimiento e influir en las tasas. Históricamente, las crisis petroleras se han estado vinculadas a períodos recesivos y fracasos electorales.

9 agosto, 2004

El ascenso de cotizaciones, además, adquiere netos ribetes políticos. Independientemente de niveles reales o nominales –para volver a 1974 o 1979, el WTO debiera superar hoy los cien dólares el barril, cifra esgrimida por Hugo Chávez si no gana el plebiscito-, contribuyeron a que James Carter (1980) y George H.W,Bush (1992) no obtuvieran la reelección.

En privado, Benjamin Bernanke (miembro de junta en el Sistema de Reserva Federal y neurona de Alan Greenspan) teme que, si persiste, el alza del petróleo acabe con los sueños de George W.Bush. Especialmente si coincide con signos de menor impulso económico y el presidente insiste en soslayar, negar o tergiversar datos de la realidad.

“En cuando hace a la creación de empleo, hemos superado el problema y no daremos marcha atrás”, afirmaba hace exactamente una semana. Pero, el viernes, se supo que el sector privado había recreado apenas 32.000 puestos laborales en julio, contra estimaciones de 215.000. Amén de la menor cifra en 2004, se trata no de creación sino de recuperación porque, hasta 2002, este gobierno hizo perder 2.200.000 empleos y, hasta junio, recobraba sólo la mitad.

El dilema de Bush es duro. O admite que continúan los problemas laborales (esos 32.000 son la diferencia entre despidos y tomas de personal) y, por ende, las medidas adoptadas hasta ahora no rinden como debieran; o sigue diciendo que la expansión económica sigue firme. Como en la posguerra iraquí, cada vez que Washington canta victoria recrudece la violencia guerrillera.

Por otra parte, faltando apenas doce semanas para los comicios de diciembre, las encuestas indican que sube la confianza en John F.Kerry (especialmente en asuntos económicos y sociales). Tanto es así que el comité de campaña republicano se dispone a replantear propuestas sobre simplificación tributaria, ampliación de cubertura médica y ordenamiento urbano.

Los crudos tampoco le dan paz a Greenspan, que ahora busca distanciarse de la campara presidencial. El banquero planeaba un ascenso paulatino de los tipos referenciales (el 30 de junio los elevó de 1 a 1,25%, tras cuatro años de rebajas) durante este mes y los siguientes. En la reunión del comité monetario, este martes, el mercado apuesta a que cumpla su media palabra y suba esas tasas a 1,5% anual. Pero, seguramente, los gobernadores de las trece RF examinarán los pro y contra de rebajas en septiembre y octubre.

Técnicamente, el petróleo (el viernes rozó por un rato otro pico: US$ 44,73) tal vez cumpla una tarea del emisor: enfriar la demanda del público y su tendencia a endeudarse sólo para gastar en bienes prescindibles. Por supuesto, sólo algunos economistas sistémicos, pero ningún analista financiero o bursátil, creen que haya riesgo de recesión. Además, nunca faltan estímulos optimistas; sean indicadores de expectativas –casi expresiones de deseos-, sea ventas de automotores (debido a la loca carrera por incentivos que deflactan precios e ingresos de los fabricantes), etcétera.

El ascenso de cotizaciones, además, adquiere netos ribetes políticos. Independientemente de niveles reales o nominales –para volver a 1974 o 1979, el WTO debiera superar hoy los cien dólares el barril, cifra esgrimida por Hugo Chávez si no gana el plebiscito-, contribuyeron a que James Carter (1980) y George H.W,Bush (1992) no obtuvieran la reelección.

En privado, Benjamin Bernanke (miembro de junta en el Sistema de Reserva Federal y neurona de Alan Greenspan) teme que, si persiste, el alza del petróleo acabe con los sueños de George W.Bush. Especialmente si coincide con signos de menor impulso económico y el presidente insiste en soslayar, negar o tergiversar datos de la realidad.

“En cuando hace a la creación de empleo, hemos superado el problema y no daremos marcha atrás”, afirmaba hace exactamente una semana. Pero, el viernes, se supo que el sector privado había recreado apenas 32.000 puestos laborales en julio, contra estimaciones de 215.000. Amén de la menor cifra en 2004, se trata no de creación sino de recuperación porque, hasta 2002, este gobierno hizo perder 2.200.000 empleos y, hasta junio, recobraba sólo la mitad.

El dilema de Bush es duro. O admite que continúan los problemas laborales (esos 32.000 son la diferencia entre despidos y tomas de personal) y, por ende, las medidas adoptadas hasta ahora no rinden como debieran; o sigue diciendo que la expansión económica sigue firme. Como en la posguerra iraquí, cada vez que Washington canta victoria recrudece la violencia guerrillera.

Por otra parte, faltando apenas doce semanas para los comicios de diciembre, las encuestas indican que sube la confianza en John F.Kerry (especialmente en asuntos económicos y sociales). Tanto es así que el comité de campaña republicano se dispone a replantear propuestas sobre simplificación tributaria, ampliación de cubertura médica y ordenamiento urbano.

Los crudos tampoco le dan paz a Greenspan, que ahora busca distanciarse de la campara presidencial. El banquero planeaba un ascenso paulatino de los tipos referenciales (el 30 de junio los elevó de 1 a 1,25%, tras cuatro años de rebajas) durante este mes y los siguientes. En la reunión del comité monetario, este martes, el mercado apuesta a que cumpla su media palabra y suba esas tasas a 1,5% anual. Pero, seguramente, los gobernadores de las trece RF examinarán los pro y contra de rebajas en septiembre y octubre.

Técnicamente, el petróleo (el viernes rozó por un rato otro pico: US$ 44,73) tal vez cumpla una tarea del emisor: enfriar la demanda del público y su tendencia a endeudarse sólo para gastar en bienes prescindibles. Por supuesto, sólo algunos economistas sistémicos, pero ningún analista financiero o bursátil, creen que haya riesgo de recesión. Además, nunca faltan estímulos optimistas; sean indicadores de expectativas –casi expresiones de deseos-, sea ventas de automotores (debido a la loca carrera por incentivos que deflactan precios e ingresos de los fabricantes), etcétera.

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