El último informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano sostiene que la pandemia del coronavirus COVID-19 “pone en riesgo el funcionamiento del aparato económico y, por ende, el abastecimiento de la población”. Agrega que “las autoridades deben moverse a través de un estrecho desfiladero entre evitar el contagio, por un lado, e impedir la parálisis económica, por el otro”. “La primera prioridad es tener en claro que estamos en guerra. Por lo tanto, se trata de poner en marcha una economía de guerra. La economía debe estar al servicio de derrotar la pandemia, minimizar las pérdidas de vidas humanas y asegurar el abastecimiento de alimentos y medicamentos para toda la población”, subraya Víctor Beker, director del CENE. “El cierre forzoso de actividades aéreas, turísticas, hoteleras, gastronómicas, de espectáculos públicos, etc. requiere de una compensación económica que asegure el pago de salarios en dichos sectores para que la rueda de la economía siga girando. En el resto, debe asegurarse el normal funcionamiento con el menor riesgo posible para los trabajadores, explotando al máximo las posibilidades que ofrecen el teletrabajo y la telemedicina”, continúa. “Un capítulo en particular lo ocupa la economía informal, que abarca el 35% de la población económicamente activa, que no recibe un sueldo en blanco y no está bancarizada. Atender los requerimientos de este sector es imperioso para evitar que la crisis sanitaria se convierta en crisis social”, insiste el economista. Pero puntualiza que hay un peligro mayor que la pandemia: el desabastecimiento. “El argumento de que la falta de productos se resuelve sola, ya que la escasez genera aumento de precio, provocando que se incremente la producción y equilibre la demanda, es absurdo y peligroso. A título de ejemplo, no podemos esperar que el alcohol en gel se venda a 1.000 pesos para que la oferta iguale a la demanda, porque a ese precio la mayoría dejará de utilizarlo. Se habrá equilibrado el mercado, pero se pondrá en serio riesgo la salud pública”, enfatiza. “También habrá que ver cómo se aumenta la capacidad instalada de aquellos productos cuya demanda se incrementa por efecto de la pandemia y sus consecuencias. Por ejemplo, la producción de respiradores, tan necesarios para el sistema hospitalario. El mismo criterio debería aplicarse al interior del Estado, trasladando personal hacia las áreas prioritarias. Todos los esfuerzos deben estar al servicio de ganar esta guerra con la menor cantidad de bajas posible”, completa el director del Centro de Estudios de la Nueva Economía de la Universidad de Belgrano.
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