Democracias degradadas
Se sabe desde hace algún tiempo que las ganancias generadas por las economías capitalistas no se están repartiendo ampliamente y con equidad.

Lo que se ve es una forma de capitalismo rentista, caracterizado por poco crecimiento de la rentabilidad, mucha inequidad y, en consecuencia, una democracia degradada. ¿Qué se debe hacer? La respuesta, dice Martin Wolf en su columna de esta semana en el Financial Times, no es tirar la economía de mercado por la borda sino reformarla. “Solo entonces podremos salvar de sí mismo al capitalismo democrático”. Para eso, Wolf hace una serie de recomendaciones. Para revivir la moribunda competencia, por ejemplo, a las compañías dominantes, especialmente en el sector tecnológico, no se les debería dar carta blanca para que asfixien a posibles rivales. Hay cambios profundos para hacer en finanzas, mientras que habría que reformular ese foco tan estrecho que ponen muchas corporaciones en maximizar el valor para los accionistas. La reforma política también es esencial, porque sin ella no pueden ocurrir los cambios que hacen falta en otros sectores.
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