Argentina, anfitriona de una reunión regional sobre clima

Sin embargo, sigue subsidiando la energía convencional y no ha logrado reducir las misiones ni cambiar el rumbo del desarrollo.

3 septiembre, 2021

El presidente Alberto Fernández se prepara para desempeñar un papel un tanto extraño la semana próxima: será el anfitrión de un diálogo regional sobre cambio climático. Las emisiones argentinas , aproximadamente 38% por encima del promedio global. El presidente, por su parte, ha puesto poco foco en la energía renovable desde que asumió el poder en 2019. Eligió en cambio subsidiar a la energía convencional y la exploración de petróleo, especialmente el desarrollo de los depósitos de shale en Vaca Muerta.

Sin embargo, Buenos Aires convocará la semana próxima un foro digital destinado a aumentar las ambiciones latinoamericanas sobre clima antes de la cumbre de Naciones a realizarse en Escocia en el mes de noviembre. El acontecimiento—concebido por Argentina y que contará con Barbados, Chile, Colombia, Costa Rica, Panama, y la República Dominicana como co-anfitriones — podría ser un resultado de la diplomacia climática norteamericana en la región. Una diplomacia que, sin embargo, no dio frutos en Brasil y algunos otros vecinos de Argentina.

En general, la propuesta argentina muestra un interés en tener buenas relaciones con Washington. El acontecimiento podría tener un impacto positivo en los días previos a las elecciones de medio término. También se produce en un momento en que Fernández busca términos favorables para la reestructuración de la deuda de US$ 45.000 millones al fondo Monetario internacional, donde Estados unidos es el principal accionista.

Los países de América latina y el Caribe son responsables de 8% de las emisiones globales. Con algunas importantes excepciones, sus diversas políticas de descarbonización en los últimos años “no han logrado reducir significativamente las emisiones o cambiar el rumbo de desarrollo hacia un futuro de bajas emisiones,” escribió Matías Franchini, profesor de ciencia política en la Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia. Por eso, varios países y organizaciones de Europa respaldan los esfuerzos de descarbonización en América latina.

El enviado norteamericano John Kerry y su equipo lanzaron campañas de diplomacia verde cuando asumió la Administración Biden en enero. Pero esos llamados produjeron pocos cambios de conducta en los dos principales emisores de carbono de América latina: Brasil y México. Argentina es el tercer emisor de carbono de la región, y los anteriores gobiernos peronistas a menudo mostraron posiciones antagonistas con respecto a Washington. Fernández, sin embargo, es más moderado y celebró la reciente visita a Buenos Aire de Jake Sullivan, el asesor en seguridad nacional de la Casa Blanca.

Para Argentina, hablar de clima significa la posibilidad no solo de crear lazos con Estados Unidos sino también de profundizar las relaciones regionales y buscar inversiones para iniciativas verdes. Para Washington, el acontecimiento de la semana próxima es una demostración de que la persistencia en hacer diplomacia climática puede rendir frutos.

Palabras versus acciones

En la cumbre climática virtual del mes de abril convocada por el presidente Joe Biden, Fernández anunció un nuevo compromiso para aumentar la cuota de renovables en la oferta energética de Argentina, de alrededor de 10% a 30% para 2030. Meses antes, el país también había actualizado als metas de emisiones como parte del Acuerdo de París: esa actualización significó que el progreso de Argentina hacia cumplir con las metas dl acuerdo pasara cambiara la calificación de “gravemente insuficiente” a “insuficiente”. Los analistas argentinos, sin embargo, afirman que esas nuevas metas todavía no se traducen al presupuesto y a las políticas efectivas. El país dedica cerca de 9% de su gasto público de este año a subsidios de combustibles fósiles, según María Marta Di Paola de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN). Eso es más de 60 veces la cantidad que Buenos Aires proyecta gastar en un programa recientemente anunciado para incentivar el desarrollo verde y energía alternativa.

A principios de este año el Congreso de la nación bajó – en lugar de subir — la cantidad de biocombustibles requeridos para mezclar con gasoil o nafta. Y los temas ambientales están tan ausentes de las campañas para las elecciones legislativas de noviembre que los activistas han organizado un movimiento mediático para exigir debates sobre temas ambientales.

En el pasado Buenos Aires ha planteado que los países de bajos ingresos deben tener niveles de misiones diferentes de los de los países ricos dada la necesidad de desarrollar sus economías. Esa misma postura exhiben hoy los funcionarios argentinos, que destacan que la explotación de Vaca Muerta es un paso clave para aumentar las ganancias por exportación y poner al país en el camino hacia la recuperación económica luego de la pandemia de Covid-19.

Aun así, una rápida mirada hacia lo que ocurre en otras partes de América latina muestra que la política industrial verde también puede servir como motor económico. Chile, por ejemplo, ha respaldado fuertemente la investigación sobre combustible de hidrógeno producida usando energía renovable. Su primera estación de hidrógeno verde acaba de ser adjudicada a la compañía minera Anglo American y más de 40% de la inversión extranjera directa en el país fue el año pasado hacia la energía renovable.

Argentina tiene los recursos solares y eólicos necesarios para una sólida industria de renovables. La pregunta sobre cuánta cantidad será aprovechada para la combinación energética del país es una de las prioridades políticas que los ambientalistas esperan dilucidar en el acontecimiento de la semana próxima.

 

 

 

 

 

 

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