La energía solar desde el espacio podría abastecer gran parte de Europa en 2050
Un estudio del King’s College de Londres plantea que los paneles solares en órbita podrían cubrir hasta el 80% de la generación renovable en Europa a mediados de siglo, reduciendo costos del sistema energético y la dependencia de almacenamiento en baterías.

La energía solar espacial dejó de ser un concepto de ciencia ficción para convertirse en objeto de estudio en universidades y organismos de investigación europeos. Según un informe publicado en la revista Joule, los sistemas de space-based solar power (SBSP) —paneles solares ubicados en órbita y capaces de transmitir electricidad a la Tierra mediante microondas— podrían representar un cambio estructural en la transición hacia la neutralidad de carbono.
El trabajo, liderado por el King’s College de Londres, incorporó a sus simulaciones dos diseños inspirados en proyectos de la NASA: uno de tipo heliostático, de gran capacidad y continuidad, y otro planar, más simple y próximo a la viabilidad tecnológica.
Impacto económico y reducción de costos
Los modelos fueron integrados a proyecciones de la red eléctrica europea en 2050. Los resultados mostraron que el diseño heliostático podría desplazar hasta el 80 % de la energía generada por instalaciones solares y eólicas terrestres. En términos económicos, se estima una reducción del costo total del sistema de entre 7 % y 15 %, junto con una disminución de más del 70 % en la necesidad de almacenamiento mediante baterías.
El diseño planar, en cambio, ofrece menores niveles de cobertura, pero podría implementarse antes como fase experimental, permitiendo avanzar en reducción de costos y aprendizaje tecnológico.
Desafíos tecnológicos y de inversión
La viabilidad económica del proyecto sigue siendo incierta. Para que la energía solar orbital sea competitiva, el costo del diseño heliostático debería caer hasta 14 veces el valor proyectado de un panel solar terrestre en 2050. En el caso del diseño planar, la reducción necesaria equivale a ocho o nueve veces. Actualmente, los costos se encuentran aún uno o dos órdenes de magnitud por encima de esos niveles.
A ello se suman obstáculos técnicos: la congestión orbital, la gestión de residuos espaciales, la degradación de sistemas en el entorno de radiación y los riesgos de transmisión inalámbrica de energía. El desafío financiero inicial es igualmente considerable, lo que sitúa el horizonte de implementación plena hacia mediados de siglo.
Europa y la cooperación institucional
El investigador principal, Wei He, destacó la importancia de la capacidad europea para coordinar grandes proyectos multinacionales, con la Agencia Espacial Europea (ESA) como eje articulador. Esa experiencia permitiría diseñar una infraestructura centralizada que reduzca la dependencia de combustibles fósiles y complemente a la energía terrestre.
En esa dirección, la ESA ya impulsa el programa Solaris, que prevé una misión de demostración en órbita hacia 2030 y el inicio de operaciones comerciales en 2040. De alcanzar sus metas, podría cubrir entre una séptima parte y un tercio de la demanda eléctrica actual de Europa, o alrededor del 10 % de la proyectada para 2050.
Una apuesta estratégica
El informe ofrece por primera vez una base cuantitativa para dimensionar el papel de la energía solar espacial en la transición energética. Si bien los desafíos son considerables, el potencial de integración es alto, especialmente en un continente que avanza con marcos regulatorios comunes y programas de inversión conjunta.
La iniciativa plantea, en última instancia, la posibilidad de que Europa reduzca de manera significativa su vulnerabilidad energética, al tiempo que consolida su liderazgo en tecnologías limpias y en cooperación espacial.
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