El Departamento de Estado de EE. UU. ha instado a India, Lesoto y otros países a agilizar licencias para Starlink, buscando contrarrestar aranceles y reforzar la competitividad frente a China.
En las últimas semanas, el gobierno de Estados Unidos ha intensificado sus esfuerzos diplomáticos para impulsar la adopción de Starlink —el servicio de internet satelital de SpaceX— en diversos países. Documentos internos del Departamento de Estado revelan que las embajadas estadounidenses han instado a naciones como India, Somalia, Lesoto, la República Democrática del Congo, Bangladesh, Pakistán y Vietnam a acelerar la aprobación regulatoria de la constelación de satélites de Elon Musk. Si bien no se ha establecido formalmente un vínculo directo entre la aprobación de Starlink y la reducción de aranceles impuesta por la anterior administración, las directrices del Secretario de Estado, Marco Rubio, contienen instrucciones claras para promover la entrada de la empresa en estos mercados como muestra de buena voluntad hacia Estados Unidos. Por ejemplo, en Lesoto, menos de dos semanas después del anuncio de un arancel del 50% sobre sus exportaciones agrícolas, el gobierno otorgó a Starlink una licencia de operación por diez años. Un memorando interno señala que esta decisión busca «demostrar intención de acoger a empresas tecnológicas estadounidenses en el contexto de las negociaciones comerciales». En India, las autoridades regulatorias han revisado y aprobado con rapidez las solicitudes de Starlink. En marzo, SpaceX firmó acuerdos de distribución con dos operadores locales, marcando un avance significativo en su despliegue comercial en el subcontinente. Este impulso diplomático ha generado cuestionamientos éticos. Elon Musk figura como donante relevante para campañas republicanas y ha sido mencionado como asesor en proyectos tecnológicos del gobierno estadounidense. Aunque Musk ha anunciado su próxima renuncia a cualquier cargo oficial, críticos señalan el riesgo de conflictos de interés cuando decisiones de política exterior pueden beneficiar directamente a una empresa privada. La Casa Blanca ha defendido la gestión afirmando que se antepone el interés nacional y la competitividad de la industria aeroespacial estadounidense. El portavoz Kush Desai declaró que «no se tolerarán conflictos de interés» y recalcó que las pautas éticas son estrictas y aplicadas de manera uniforme. Desde el Departamento de Estado, se argumenta que la expansión de tecnologías satelitales norteamericanas es estratégica frente a la creciente competencia de China en el sector de telecomunicaciones espaciales. Evan Swarztrauber, miembro senior de la Fundación para la Innovación Americana, afirmó: «Es imprescindible que las empresas satelitales de EE. UU. lideren el mercado global, especialmente contra competidores estatalmente apoyados». Starlink ha demostrado su valor en zonas remotas y situaciones de emergencia, como en Ucrania, lo que valida su modelo de negocio y su potencial de ingresos. Analistas estiman que, incluso capturando un pequeño porcentaje del mercado de banda ancha en países como India, los ingresos podrían ascender a varios miles de millones de dólares. Sin embargo, al intensificarse la promoción en el extranjero, la línea entre diplomacia comercial y beneficios corporativos se diluye, lo que plantea interrogantes sobre la transparencia y la ética en las políticas exteriores de Estados Unidos.
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