China llegó a 90 lanzamientos en 2025 y colocó el Fengyun-4C rumbo a GEO
El despegue del nuevo satélite meteorológico, sobre un Long March-3B, cerró una secuencia de misiones que combina órbita geoestacionaria para servicios soberanos y órbita baja para megaconstelaciones como Guowang. El contraste con Estados Unidos sigue marcado por la escala y la reutilización.

China envió el satélite meteorológico Fengyun-4C (FY-4C) hacia órbita geoestacionaria (GEO) el 27 de diciembre de 2025, con un lanzamiento desde Xichang y un cohete Long March-3B. De acuerdo a la Administración Meteorológica de China, el artefacto reemplazará al FY-4A y operará en red con FY-4B bajo un esquema de “doble satélite” con respaldo en órbita.
El lanzamiento fue reportado por Xinhua como una misión a las 00:07 (hora de Beijing) y como el vuelo número 621 de la familia Long March, un dato que resume la madurez industrial del principal vector chino para órbitas altas.
En paralelo, el cierre de año encontró a China con un ritmo de actividad sostenido por las constelaciones de internet satelital. Xinhua informó, por ejemplo, el envío de un nuevo grupo de “satélites de internet” con un Long March-8A desde el sitio comercial de Hainan el 6 de diciembre, un patrón de misiones que el ecosistema internacional asocia al despliegue de Guowang.
Fengyun-4C: GEO para meteorología y continuidad operativa
El FY-4C integra la segunda generación de satélites meteorológicos geoestacionarios de China. Según la Administración Meteorológica, el salto principal está en desempeño de observación, con impacto en frecuencia y precisión de monitoreo y alertas tempranas para sistemas meteorológicos de escala pequeña y mediana.
La decisión de sostener un esquema “FY-4B en operación + FY-4C como reemplazo/soporte” también indica una prioridad: continuidad del servicio en GEO, donde el costo de fallo se mide en cobertura de pronóstico, clima espacial y resiliencia de infraestructura crítica.
En términos de mercado de lanzadores, la elección del Long March-3B refuerza una lógica dual: para GEO se conserva un vector probado y disponible; para escalar cadencia en órbita baja (LEO) se incorporan plataformas más recientes y sitios comerciales, en función de la demanda de constelaciones.
Guowang y la presión por cadencia: LEO como “demanda ancla”
El principal motor del aumento de lanzamientos en 2025 fue el despliegue de megaconstelaciones. En el balance de fin de año, Space.com describió a Guowang y a Qianfan/Spacesail como los dos proyectos de mayor escala, diseñados como respuesta a Starlink, y señaló que Guowang sumó múltiples misiones en el año con expectativa de aceleración en 2026.
Xinhua, por su parte, mantiene un registro deliberadamente escueto al describir cargas como “satélites de internet” y al concentrarse en el éxito de inserción orbital. Esa economía de detalles contrasta con la claridad del objetivo industrial: sostener un flujo continuo de satélites que, por volumen, convierte a los lanzadores en un insumo estratégico.
Allí aparece el dato de “90 lanzamientos” como síntesis política e industrial: no se trata solo de más actividad, sino de capacidad de producción, de operación de múltiples centros, y de una cartera que mezcla servicios civiles (meteorología) con infraestructura de conectividad masiva.
Competencia con Estados Unidos: escala, reutilización y costo por lanzamiento
En la comparación internacional, Estados Unidos mantuvo en 2025 una ventaja amplia en número de misiones orbitales. Un conteo público de lanzamientos del año asigna 192 a Estados Unidos frente a 89 para China (antes del cierre final del calendario), con predominio de Falcon 9 en el total norteamericano.
La brecha se explica, en gran medida, por la reutilización y por un sistema industrial que permite frecuencias muy altas. Reuters recogió en diciembre la referencia de ejecutivos chinos a la cadencia de Falcon 9 como punto de comparación y, a la vez, como umbral difícil de igualar sin un ecosistema de proveedores y procesos equivalente.
China, mientras tanto, acelera su transición: suma intentos de recuperación en nuevos desarrollos (con resultados mixtos) y habilita a actores comerciales con pruebas de reutilización, en un movimiento que busca converger —con retraso— hacia el estándar que impuso SpaceX.
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