Amentum, la contratista clave de Artemis que casi nadie conoce en Wall Street
No fabrica el cohete SLS ni la cápsula Orion. Su negocio está en la parte menos visible y más decisiva del programa lunar: la infraestructura y las operaciones en tierra que permiten que una misión de la NASA llegue al lanzamiento. En su último balance trimestral informó ingresos por US$ 3.240 millones y una cartera de contratos de US$ 47.200 millones.

En el relato público de Artemis, los nombres que dominan la escena suelen ser Boeing, Lockheed Martin o Northrop Grumman. Amentum aparece menos. Pero su función dentro del programa lunar de la NASA explica por qué conviene seguirla de cerca: es una de las compañías que sostienen desde tierra la operación que hace posible cada misión. La NASA la identifica como contratista principal de apoyo a Exploration Ground Systems, el sistema terrestre que articula la preparación operativa de Artemis.
Eso la ubica en un tramo crítico de la cadena. Su trabajo se concentra en el Centro Espacial Kennedy, en Florida, donde interviene en la infraestructura, en el soporte técnico de equipos y en procesos de integración previos al despegue. No construye el hardware más visible, pero participa en la etapa que transforma piezas, sistemas y cronogramas en un lanzamiento real.
De escisión técnica a empresa cotizante
La compañía nació como firma independiente en 2020, a partir del negocio de servicios de AECOM. Desde entonces se expandió con adquisiciones y con una estrategia orientada a contratos federales de alta complejidad. El salto decisivo llegó en 2024, cuando completó su combinación con los negocios Critical Mission Solutions y parte de Cyber & Intelligence de Jacobs. Desde entonces cotiza en la Bolsa de Nueva York bajo el ticker AMTM.
Ese movimiento cambió su escala y su perfil. Amentum dejó de ser sólo una firma de servicios técnicos para convertirse en un contratista más amplio en ingeniería, defensa, infraestructura crítica y operaciones gubernamentales. También reforzó su presencia en el ecosistema espacial, porque parte de los activos incorporados ya trabajaban con la NASA.
El negocio menos visible de Artemis
La economía espacial no se juega sólo en cápsulas, motores o módulos lunares. También depende de empresas capaces de ensamblar, integrar, probar, lanzar y recuperar sistemas complejos. Allí es donde Amentum gana relevancia. NASA la incluye entre los contratistas principales de los sistemas terrestres y esa posición se volvió todavía más importante tras la incorporación de negocios de Jacobs.
En 2023, la agencia adjudicó a Jacobs Technology el contrato COMET para tareas de ensamblaje, integración, lanzamiento y recuperación de las misiones Artemis hasta 2033. Con la reorganización societaria posterior, ese legado quedó dentro del perímetro operativo de Amentum. El dato importa porque muestra que la compañía no sólo participa en Artemis: quedó insertada en una parte estable de su arquitectura industrial.
Los números que explican su escala
En su último balance público, correspondiente al primer trimestre fiscal de 2026, Amentum informó ingresos por US$ 3.240 millones, ganancia neta por US$ 44 millones y un Adjusted EBITDA de US$ 263 millones, con un margen de 8,1%. También reportó una cartera de contratos de US$ 47.200 millones.
La señal más relevante para una empresa de este tipo quizás no esté en la ganancia trimestral, sino en la visibilidad futura. Amentum comunicó una relación book-to-bill de 1,0x en el trimestre y de 1,1x en los últimos doce meses, un indicador que permite medir si las nuevas adjudicaciones sostienen o amplían el volumen de actividad por delante.
Por segmentos, Digital Solutions aportó US$ 1.337 millones en ingresos trimestrales y Global Engineering Solutions sumó US$ 1.900 millones. Es en este último bloque donde se concentran las capacidades que más dialogan con Artemis: ingeniería, infraestructura y soporte técnico para operaciones complejas.
En el cierre del ejercicio fiscal 2025, la compañía había informado ingresos por US$ 14.400 millones y Adjusted EBITDA por US$ 1.104 millones, una escala que la ubica entre los grandes contratistas técnicos del Estado estadounidense, aunque todavía con un nivel de visibilidad bursátil menor al de los grupos aeroespaciales clásicos.
Amentum no vende épica espacial. Vende ejecución. Y en Artemis, donde cada misión depende de una cadena industrial larga, técnica y sensible al error, esa capacidad pesa más de lo que su nombre sugiere. Por eso, aunque no construya el cohete ni la nave, su papel resulta central: sin sistemas de tierra, no hay programa lunar posible.

