viernes, 3 de abril de 2026

    Rusia dice no al ‘modelo americano’

    Es más que improbable que Rusia decida crear una sociedad capitalista al estilo occidental. Existen demasiados impedimentos culturales. Esa es la opinión de un calificado observador, Vladimir Popov, jefe de la sección internacional de la Academia Nacional de Economía de su país y frecuente colaborador de publicaciones de renombre mundial. En un penetrante análisis publicado en Geoeconomics -una publicación de difusión limitada editada por el Geonomics Institute de EE.UU- explica por qué considera imposible que Rusia adopte el modelo de libre mercado según lo entienden los estadounidenses. Lo que sigue es una síntesis de ese trabajo que arroja luz sobre un tema vital para el futuro de la economía mundial.

    Muchos economistas soviéticos, académicos y políticos se están distanciando lo más que pueden de todas las ideas socialistas. Opinan que toda regulación del gobierno es mala porque interfiere con los perfectos mecanismos del mercado. Un sistema de salud pública nunca funcionará bien porque el gobierno no puede controlar los costos. La desigualdad de ingresos es buena porque estimula la eficiencia. La participación del obrero en el manejo y el control de la compañía socava la inversión, el progreso técnico y el riesgo.

    Es comprensible una posición tan radical. Luego de seis décadas de fracaso del socialismo centralizado, abandonar todas las ideas socialistas a favor del capitalismo “puro” puede parecer deseable. Sin embargo, es altamente improbable, en el futuro cercano, que Rusia adopte el modelo de mercado estadounidense, por tres razones.

    La primera es que los gobiernos en los países occidentales muestran una tendencia a brindar a sus ciudadanos más, y no menos, garantías sociales. El gasto social del Estado, como porcentaje del PBI, ha crecido en todo el mundo durante este siglo. Por ejemplo, las transferencias a los hogares se triplicaron en Estados Unidos entre 1953 y 1981, de 3,3% del PBI a 11,5%.

    Se habla mucho en la actualidad sobre el desmantelamiento del modelo sueco y de sus amplios beneficios sociales después de la derrota de los socialdemócratas en las últimas elecciones. Y sin embargo, Suecia no ha sido un fracaso económico. El país gozó siempre de una buena relación entre inflación y desempleo -2% de inflación y 8% de desempleo en los ´80- y uno de los niveles de vida más altos del mundo.

    EL SECTOR NO CAPITALISTA.

    La segunda razón es que las economías occidentales tienen un gran sector no capitalista. Los economistas soviéticos no entienden que muchos países capitalistas, especialmente en Europa Occidental, tengan un gran sector controlado directamente por el Estado.

    Una tercera parte de todos los empleados en un país promedio de Europa Occidental trabaja en empresas no capitalistas, como organismos del gobierno, empresas estatales, cooperativas, organizaciones sin fines de lucro y fundaciones.

    Otro 20% está autoempleado o trabaja en pequeñas empresas familiares. La mitad restante trabaja en empresas no estatales, consideradas por lo general como las clásicas empresas capitalistas donde la gerencia y los principales accionistas toman las decisiones y los trabajadores tienen poca participación en la operación de la firma. Pero en realidad la participación de los trabajadores en el reparto de las ganancias, propiedad y manejo de estas compañías es bastante amplia y en crecimiento.

    La tercera razón es que el modelo de libre mercado de Estados Unidos es, además, intransferible a la Unión Soviética. La sociedad de Estados Unidos fue construida sobre la base de inmigrantes y refleja el espíritu de aventura de aquellas personas, tradiciones y culturas. Lo que funcionó para una nación que heredó una clase de arriesgados no necesariamente va a ser apropiado universalmente. Con unas pocas excepciones, la mayoría de la gente está dispuesta a trocar cierta “eficiencia económica” y el espíritu de “lo hago yo mismo” típico de la conquista de nuevas fronteras por una amplia red de

    seguridad social, menor riesgo, y una distribución del ingreso más pareja.

    LA TRADICION COLECTIVISTA.

    Resulta obvio que las tradiciones colectivistas de Rusia no son apropiadas para el modelo estadounidense. Rusia, con su trasfondo cultural y tradiciones colectivistas, no se amolda bien al modelo de libre empresa estadounidense. Las tradiciones colectivistas siempre han sido fuertes en agricultura. Los sentimientos igualitarios de principios de este siglo demostraron ser el principal obstáculo para las reformas agrarias del primer ministro Stolypin, tendientes a crear una agricultura independiente.

    En resumen, es altamente improbable que, aun después de su transición al mercado, Rusia tenga una economía de “laissez faire”. Es más probable que la economía soviética combine características de las filosofías socialdemócratas de Europa, América latina y de los países recientemente industrializados de Asia y América latina. Un sondeo de opinión realizado el año pasado, por ejemplo, indicó que casi 60% de los rusos está a favor de un capitalismo “a la sueca” y sólo 17% se inclina por un capitalismo al estilo de Estados Unidos.

    PREDICCIONES PARA FINAL DE SIGLO.

    He aquí el posible desarrollo de los acontecimientos en Rusia durante los próximos años:

    1) Rusia va a recostarse en una política industrial. Las instituciones de mercado y una infraestructura de mercado no serán desarrolladas perfectamente, y habrá muchos fracasos del nuevo sistema.

    Probablemente haya una política de ingresos que modere los aumentos de salarios como una medida temporaria para combatir a la inflación, y también controles de precio en ciertas industrias monopólicas y para los productos esenciales de consumo, como alimentos (y también vivienda).

    2) El gasto fiscal y los impuestos van a ser altos. En primer lugar, porque el gobierno necesitará ingresos para proveer a los ciudadanos de los tradicionales beneficios sociales “de la cuna a la tumba”. En segundo lugar, porque el grueso de la inversión en energía, transporte y comunicación será financiada por el Estado.

    3) Las propiedades y las empresas del Estado seguirán siendo sustanciales, aunque no la parte dominante de la economía, ya que el proceso de privatización puede llevar, por lo menos, una década.

    4) Debido a tradiciones colectivistas, profundamente enraizadas en la cultura rusa y soviética, es altamente probable que se dé una gran participación al obrero en el manejo, en la propiedad y en las ganancias empresariales. Las cooperativas y las firmas controladas por obreros van a desempeñar un papel importante. La coparticipación será introducida en las grandes empresas.

    EL FACTOR RUTSKOI.

    “El gabinete de Boris Yeltsin es un equipo de destrucción que, si no cae pronto, convertirá a Rusia en un manojo de repúblicas bananeras”. ¿Quién es el autor de tan rotundo juicio? El coronel Alejandro Rutskoi, vicepresidente de Rusia.

    Del mismo modo que Yeltsin fue un forúnculo terriblemente molesto -y letal- para Mikhail Gorbachov, Rutskoi amenaza cumplir el mismo papel con el actual presidente ruso.

    Rutskoi, de 44 años, piloto de la Fuerza Aérea y veterano de Afganistán, fue el fundador de “Comunistas por la Democracia” y apoyó a Yeltsin en el Congreso ruso, además de servirle de puente con los mandos militares. La solidaridad con el presidente terminó el mismo día en que fue electo vicepresidente.

    Su plan parece ser remover y reemplazar a Yeltsin. El juego de Rutskoi puede ser aún más peligroso que el del opositor de Gorbachov: pretende liderar el resurgente y apasionado nacionalismo ruso. El ex militar va más allá de defender la integridad de las actuales fronteras: exige la devolución de áreas históricamente pertenecientes a Rusia y que durante la existencia de la URSS fueron cedidas a otras repúblicas, como la península de Crimea y partes de Kazajstán.