viernes, 20 de febrero de 2026

    Del avión al sillón

    De las últimas llegadas de “números uno” de compañías que se registraron en lo que va del año, quizá la de Herbert Hans Steffen sea la más temida en los círculos vernáculos. A diferencia del “chairman” brasileño que envió American Express, el español que vino a hacerse cargo de Autolatina

    y el italiano que se encaramó en la conducción de Telecom, la presencia de Steffen fue relacionada con una ofensiva de Siemens en pos de una deuda de U$S 700 millones que acumuló el quebrado Estado Nacional por equipos telefónicos y nucleares destinados a la planta de Atucha II. “Si no cobra, levanta el campamento”, temen en círculos vinculados con la filial argentina.

    En cambio, el paso por Ezeiza del nuevo titular de American Express, el brasileño Raúl Rosenthal, revistió connotaciones más optimistas, por cuanto se veía su maleta cargada de papeles de integración entre su patria natal y la Argentina, con ideas para montar planes de turismo conjuntos en el marco del Mercosur.

    También un locuaz economista español de Madrid, como Juan Rodríguez Jado, acaba de instalarse en la planta madre de Autolatina, en Pacheco, para ir viendo, lápiz y calculadora en mano, cómo traerá y llevará modelos desde y hacia la sucursal vecina brasileña para reposicionar la compañía en el concierto latinoamericano.

    Antes que ellos, procedente de la península itálica, arribó un ingeniero electrónico llamado Giampaolo Mondini para sentarse a la cabecera de la mesa del multieuropeo directorio de Telecom, la propietaria de la región Norte en que se dividió el servicio telefónico al ser privatizado. Aunque le toca lidiar con los franceses en una ardua “interna”, su portafolios promete (al menos, según los pliegos de la licitación de ENTel) cinco años de inversiones para “dar vuelta” las comunicaciones del país.

    El Ultimo Apague la Luz.

    Su colega alemán de la Siemens recién llegado, paradójicamente, representa el origen de la telefonía en el país. El bagaje de recuerdos que acompaña a este ejecutivo que ya por 1980 (cuando se renegociaron los contratos para la provisión de equipos que alternarían las viejas centrales mecánicas con la moderna tecnología electrónica) estuvo en el país como director gerente de la compañía, arranca con este siglo, ya que desde 1914 las estancias se iluminaban con “Siemens Luz” y un telégrafo de la marca realizaba los enlaces entre las estaciones ferroviarias del ramal “Sociedad del Camino de Hierro de Buenos Aires al “este”.

    Durante su anterior estada en Buenos Aires, Steffen influyó decisivamente en la puja que mantenían con sus competidores japoneses, sobre todo, para compartir los negocios inmanentes al plan telefónico. La gestión le valió un ascenso en marzo de 1983, cuando lo designaron director general y vicepresidente de todo el grupo Siemens. Después de seis años en el puesto lo consignaron al área de Transmisión y Distribución de Energía en la casa matriz alemana.

    A los 54 años vuelve a presidir el grupo en la Argentina, formado por la empresa homónima dedicada a la ingeniería eléctrica para la industria, el transporte y la energía; Equitel (que se ocupa de las líneas telefónicas y sistemas de telecomunicaciones públicas); Osram (lámparas y tubos fluorescentes); ICSI (productos para las telecomunicaciones); y las participaciones minoritarias que tiene en Cimet (cables y conductores telefónicos), Standard Electric Argentina (sistemas de telecomunicaciones) y ENACE (ingeniería de centrales nucleares).

    Los 3 mil empleados que se reparten en estas firmas saben que la toma de posesión de este férreo ejecutivo alemán viene precedida de un áspero conflicto con el gobierno de Carlos Menem por los documentos impagos, que derivó en una excursión de negocios organizada por el embajador Carlos Mandry que no concitó inversiones aunque sí el inesperado desembolso de U$S 60 millones a cuenta de mayor cantidad por parte de la delegación argentina.

    Steffen ya desarmó sus petates y con las disciplina que mamó desde su ciudad natal de Nalbach y en la Universidad de Saarbrucken (de donde egresó en 1963 con el título de ingeniero electrónico que estrenó en la propia Siemens en el mismo año), más las mañas latinas que aprendió en su paso por Brasil y Argentina, se propone penetrar en una ciudadela envasada al vacío como es el Tesoro Nacional.

    Sttano Tutti Bene.

    Ni la experiencia que recogió en la Universidad de Milán, donde se graduó de ingeniero electrónico, ni los años de su vida que le destinó a las telecomunicaciones le sirvieron a Giampaolo Mondini para entender cómo se armó la maraña de cables y conexiones aéreas que enlazan el área neurálgica del microcentro de Buenos Aires con el resto del planeta. En el escritorio de las oficinas que ocupaba en Italtel (del grupo Steet) dejó como recuerdo fotografías que le enviaban desde estas latitudes como un negro borrón de lo que debería reconstruirse.

    El ejecutivo italiano acopió conocimientos en Montedison, uno de los colosos empresarios de la península, y afirma confiar en la capacidad gerencial de los argentinos para salir a flote.

    Denuncia a la burocracia como la verdadera interferencia para que se desarrolle el potencial de management o, sin ir más lejos, hasta los trámites más sencillos. Solucionado ese inconveniente, promete sanear la compañía como afirma que hicieron con otras en Italia.

    Desde que traspuso la línea de inmigraciones, Mondini se tomó el tiempo que le acuerdan los pliegos de adjudicación del millón 500 mil líneas que administran en la región Norte para verificar los talonarios de facturación y analizar las deficiencias del servicio. El principal escollo que le tocó saltear fue la renovación de los convenios colectivos de trabajo, con vistas a aumentar la productividad eliminando prerrogativas de ausentismo y reasignando personal. Antes de hablar de inversiones, prefirió enfrascarse en una ardua discusión con los dirigentes sindicales para diseñar una estructura laboral de jerarquías, que de 40 escalas que había cuando llegaron piensan dejar en

    cinco o seis.

    Aunque su temperamento itálico aflora cuando le deslizan irónicamente las ganancias que obtuvo Telecom mientras estudiaba el régimen laboral y buscaba la punta de la madeja que impide las comunicaciones fluídas desde las centrales que atienden a los abonados que pueden aumentarles la facturación (los bancos y las empresas que funcionan en la City), enseguida acude a un informe técnico según el cual cuando tomaron posesión de la empresa había 6% de desperfectos y actualmente figura 2%. “Es todavía alto, pero demuestra que algo se hizo”, suele retrucar.

    Como Cuando Vinimos de España.

    La margarita industrial de Autolatina está siendo deshojada por un economista español que, a los 43 años, aterrizó por estas playas y tiene entre sus manos la decisión de qué modelos se importarán, cuáles se exportarán y los que dejarán de fabricarse.

    Se llama Juan Rodríguez Jado y registra como antecedentes en la industria automotriz su paso por Ford, Volvo, Opel de General Motors y Seat de Volkswagen, desde donde le sacaron pasaje para Buenos Aires con su esposa y dos hijos. El master en administración de empresas que realizó en Madrid y los estudios de alta dirección que cursó en el Instituto Superior de Barcelona lo sitúan claramente más en el perfil de organizador de las cuentas que en planificador de productos.

    No obstante su aseveración acerca de lo cómodo que lo hizo sentir el profesionalismo que caracteriza a los cuerpos directivos de Autolatina, no perdió tiempo en meter mano en las redes de ventas de Ford y Volkswagen, ahora unificadas con los cambios gerenciales que ello implicó. Aduce que cada uno de los 300 concesionarios de las dos marcas será quien decida si quiere venderlas juntas.

    Acostumbra a repetir con cuanto interlocutor se topa que el enfoque de los problemas que existen en España y en Argentina (en materia automotriz) es el mismo, pese a que del otro lado del Atlántico se producen 2 millones de unidades, mitad para adentro y mitad para afuera. Menuda diferencia. Las plantas locales no llegan a las 20 mil por temporada. La fusión entre la que era líder del mercado en los años ´70 (Ford) y la que hegemonizaba nítidamente las preferencias de los brasileños (Volkswagen) se quedó a mitad de camino de la integración continental y del refuerzo doméstico.

    Rodríguez Jado se esperanza en retomar la senda de la asociación regional merced a la oportunidad que presenta el Mercosur, mientras analiza si el Golf y el Passat brasileños cruzarán la frontera hacia el Sur para alinearse junto al Escort y el Sierra Ghia. El Falcon, el Gacel, el Carat y el Sierrita militan en la lista de los de dudoso futuro.

    Pero para que todo no se circunscriba al marcador rojo, el ejecutivo español se muestra eufórico ante la inminente inauguración de la planta de cajas de cambio de la subsidiaria Transax, que permitirá producir 300 mil unidades al año con una inversión total de U$S 200 millones.

    En sus ratos libres pasea por las rutas del país y se asombra del descuido al que fueron condenadas, tanto por los dirigentes políticos cuanto por los usuarios que coquetean con el peligro en cada palmo.

    Tarjeta Viajera.

    Convencido de que se predica con el ejemplo, el nuevo presidente de American Express en la Argentina, un brasileño de 42 años llamado Raúl Rosenthal, usa la tarjeta para viajar de un lado a otro en busca de negocios de toda especie, pero principalmente turísticos.

    Llegó para ocupar la silla directriz de la compañía empeñado en explotar las bondades que lucen para el esparcimiento tanto su país como la Argentina. Antes de salir hacia Buenos Aires encomendó un mailing gigantesco entre la clientela del Brasil para ofrecer un completo menú de posibilidades acerca de dónde tomar vacaciones en el Sur.

    En este caso, los convenios del Mercosur juegan abiertamente en favor de un efectivo intercambio, habida cuenta de que la mira de los pudientes siempre se orienta hacia el otro lado del Ecuador. Rosenthal llegó absolutamente persuadido de que si Estados Unidos pudo integrarse turísticamente con Australia y Nueva Zelanda gracias a la ofensiva desatada por American Express, juntarles las cabezas a argentinos y brasileños no debería ser muy difícil, aun contando con el excesivo costo que mantienen las compañías aéreas en este tramo austral del continente.

    El desafío de hacer crecer fundamentalmente el rubro turístico de la tarjeta ya venía siendo materia de estudios desde su anterior puesto de vicepresidente de la filial brasileña, de tal manera que encargó la preparación de un exhaustivo análisis de mercado sobre las posibilidades del país que le entregó a las autoridades nacionales apenas tomó posesión de su cargo.

    El curriculum de Rosenthal realizó una curiosa parábola desde que registra el abandono de su ciudad natal, Santos, para concurrir a la Universidad de San Pablo. Como le habían enseñado que para triunfar en la vida había que ser abogado, médico o ingeniero, siguió la carrera industrial con orientación a la metalurgia, y se recibió en 1972. Pero como los algoritmos le tiraban más fuerte que los fierros se mudó a la Universidad Federal de Río en busca de su segundo título superior: master en ciencias sobre sistemas operativos y computación. No paró ahí en su inclinación a los números.

    En 1977 alcanzó el master en ciencias en la Universidad de Birmingham, Inglaterra, y luego coronó su trayectoria con el título de doctor Ph.D, una distinción que hace suspirar a todos los que traspasan las puertas de esa prestigiosa casa de estudios.

    Su graduación en la especialidad de simulación financiera y macroeconomía lo volcó decididamente hacia la banca. Ingresó en el Citibank y posteriormente ocupó los despachos gerenciales de la cuarta entidad en importancia del Brasil: el Unibanco.

    Sin embargo, la condición de trotamundos universitario lo fue volcando hacia el área del marketing, en la que encontró un inesperado terreno fértil para aplicar los conocimientos científicos adquiridos. Suele repetir en ese sentido que el incesante tráfico de jóvenes que son enviados a perfeccionarse en el extranjero hace que todos aprendan un mismo léxico profesional, sean ingleses, brasileños o argentinos y ello permita que cualquiera se pueda desempeñar con igual comodidad en uno u otro país.

    Así recaló en American Express que, según su opinión, es una compañía en la que cualquiera que lo desee puede hacer, porque cuenta con enfoques de marketing, finanzas, organización gerencial en temas puntuales de comercialización y turismo que dan cabida a las iniciativas de los profesionales.

    Rosenthal juega al squash y practica aerobismo, una exótica combinación entre la competencia intensiva en una cancha cerrada y la serena expansió n al trote en lugares abiertos. Así llegó al despacho principal del edificio que American Express posee frente a la plaza San Martín.

    Para recorrer el espacio comercial y cultural latinoamericano encaramado en una tarjeta viajera.