En 1986 siete de las diez empresas que más facturaban en la
Argentina eran nacionales, frente a tres de capital extranjero. En
los diez años pasados, la revolución que cambió
la economía argentina invirtió los tantos. En el
último ranking de MERCADO, sólo dos empresas de capital
nacional sobreviven como tales en la lista de las top ten, en tanto
que las extranjeras o mixtas han trepado a ocho.
La Lotería Nacional es el último bastión estatal
que permanece en ese cuadro de honor, después del proceso de
privatizaciones que movilizó cerca de US$ 25.000 millones,
provenientes en gran parte de inversores del exterior.
Sevel, la otra representante nacional entre los top ten, supo
aprovechar las condiciones favorables para la industria automotriz,
pero, tras la pérdida de la licencia de Fiat, este año
difícilmente logre mantener su puesto como una de las primeras
diez empresas del país.
El ingreso de capitales extranjeros a las empresas líderes de
la Argentina comenzó con las privatizaciones pero no se detuvo
ahí. Compañía Química, Terrabusi, Alba,
Indupa, Cablevisión y Supermercados Norte fueron algunas de
las empresas que dejaron de ser argentinas en el proceso de
transnacionalización que vino de la mano de la nueva
economía.
Pero otras permanecieron y crecieron. Es el caso de Arcor, Aceitera
General Deheza, Siderar, Acindar y Mastellone. Algunas, como Papel de
Tucumán, Propulsora Siderúrgica, Bodegas Gargantini, La
Cantábrica y El Hogar Obrero quedaron en el camino por
quiebras, fusiones o disoluciones.
La explicación de este escenario, según el economista
Pablo Gerchunoff, reside en la combinación entre apertura
económica y tipo de cambio fijo.
Las nuevas reglas obligaron a las empresas a aumentar la eficiencia y
la inversión. No todas estaban preparadas para mover las
piezas en el nuevo tablero de competencia global. No todas pudieron,
en el corto plazo que se requería, reducir sus costos,
modernizar la producción, generar nuevos negocios e
incursionar en los mercados regionales o internacionales.
Según Gerchunoff, son muchas las empresas nacionales que han
podido aceptar al desafío y sostenerse, pero estuvieron
condicionadas por el acceso a fuentes de financiamiento
internacional. La banca local no pudo abastecer el incremento de la
demanda de capital a tasas razonables. “Las grandes empresas
nacionales que pudieron acceder al mercado financiero internacional
consiguieron, entonces, un capital para la reconversión que no
tuvieron las demás. Las empresas nacionales que no pudieron
aumentar su eficiencia lo suficiente y financiar un plan de
inversiones como el que era necesario para sostenerse en ese
escenario tuvieron dos alternativas: la quiebra o la venta, la
desnacionalización.”
Un bocado apetitoso
En 1989 se puso en marcha el proceso que transfirió a
empresarios privados canales de televisión, servicios de gas,
agua y cloacas, electricidad y teléfonos, aerolíneas,
subterráneos, rutas y accesos, ramales ferroviarios, empresas
petroquímicas, reservas y empresas petroleras. La
posesión de estas empresas es actualmente compartida por
compañías del exterior que encontraron la oportunidad
de expandir sus negocios, grupos nacionales que habían sido
proveedores del Estado y buscaron adecuarse a las nuevas reglas del
juego, e inversores, básicamente del exterior, que aspiraban a
una rentabilidad mayor a la de otros mercados.
La participación de capitales externos es significativa.
Así, por ejemplo, 35,7% de Gas Natural BAN pertenece a Gas
Natural Limited, de origen español; British Gas, de Gran
Bretaña, controla 28,7% de MetroGas y otro 29,8% de las
acciones de esta compañía está en manos de
inversores privados internacionales. La participación en Aguas
Argentinas de Lyonnaise des Eaux y Compagnie Générale
des Eaux (Francia), Aguas de Barcelona (España), Anglian Water
(Gran Bretaña) y la Corporación Financiera
Internacional totaliza 52,6%.
Pero más allá del fenómeno de privatizaciones,
que sin duda transformó a muchas de las más grandes
empresas locales en filiales de compañías del exterior,
el proceso de desnacionalización también alcanzó
a tradicionales empresas privadas de la Argentina.
Tita, Rhodesia, Rumba y Merengadas fueron devoradas de un solo bocado
por las multinacionales. Entre 1994 y 1995, la norteamericana Nabisco
y la francesa Danone se quedaron con la porción más
grande del mercado local de galletitas y golosinas, al adquirir
Terrabusi y Bagley, respectivamente. El sector de los alimentos fue
uno de los más conmocionados en cuanto al traspaso de
dueños. Se suman, a Terrabusi y Bagley, Bonafide (Inversiones
Trasandinas, Chile), La Montevideana (Philip Morris, Estados Unidos),
Stani (Cadbury Schweppes, Gran Bretaña) y recientemente
Delifrance (Grand Metropolitan, Reino Unido), que con su cadena
Delicity se convirtió en sinónimo de franchising en la
Argentina. Por estas empresas, los gigantes internacionales
desembolsaron un monto que supera los US$ 700 millones.
En general, los sectores de la economía argentina que han
captado la mayor porción de interés de empresarios
internacionales han sido los orientados al consumo masivo y
generadores de altas tasas de crecimiento (al menos, más altas
que en los países de origen de las empresas inversoras).
Así, las grandes multinacionales han obtenido una importante
tajada de los mercados de bebidas, pinturas, limpieza y
cosméticos, papel e imprentas. Procter & Gamble, Unilever,
Inland Container y Clorox, por mencionar algunas de las
compañías que apostaron a estos sectores de la
economía argentina, se expandieron mediante la compra y
absorción de empresas locales de gran envergadura, como
Compañía Química, Llauró Hermanos,
Establecimiento Guereño, Massuh y Poett.
Y no sólo las grandes multinacionales pusieron la mira en las
empresas locales. Grupos de Chile han apostado a
compañías que les permitan establecer una base para el
mercado regional. Los trasandinos se han posicionado fuertemente en
el sector de energía a través de las privatizaciones, y
también adquirieron Papelera del Plata, Bonafide, Rosario y
Mendoza Refrescos y Cerámica San Lorenzo, entre otras
compañías.
En los últimos cinco años se sumaron a este proceso
nuevos jugadores: los grupos de inversión que se dedican a
comprar empresas, agregarles valor y revenderlas a un precio mayor.
El pionero en la Argentina fue el Citicorp Equity Investement (CEI).
Luego florecieron el Exxel, Bisa y Argentine Venture Capitals. Todas
estas compañías fueron creadas con una base empresaria
local, pero con aportes mayoritarios de capitales de plazas
internacionales. El Exxel Group fue protagonista a comienzos de
diciembre de una de las adquisiciones más importantes de los
últimos tiempos: compró Cadesa, dueña de los
supermercados Norte, en US$ 440 millones.
Guillermo Acuña, socio local de la consultora Roland Berger,
explica que este proceso de ingreso de capitales extranjeros en las
empresas nacionales se observa también en organizaciones de
menor envergadura. “Hay un exceso de fondos en el mercado
internacional que están experimentando un nivel de
insatisfacción de rentabilidad en los países donde
operan, y se están formando los fondos de venture capitals con
inversiones de participación en empresas de un nivel
intermedio, con niveles de facturación que van de US$ 20 a 100
millones. Están invirtiendo en participaciones, no de control,
pero sí de acompañamiento, en aquellas empresas que
apunten a un nicho, que tengan un potencial y un perfil con sesgo
exportador. Esto se está dando mucho en el sistema de salud,
en algunas empresas de consumo masivo intermedias, en proveedores de
empresas de consumo masivo, en empresas de packaging y en algunas
empresas de minería que tienen productos muy
específicos”.
Los ganadores
Molinos Río de la Plata, del holding nativo Bunge y Born,
se ha mantenido en todos los rankings de MERCADO (1969 a 1996) entre
las cien empresas que más facturan en la Argentina;
Laboratorios Bagó ha duplicado sus exportaciones en los
últimos dos años; Oleaginosa Moreno y Aceitera General
Deheza no sólo lideran el mercado local sino que exportan
fuertemente hacia el Lejano Oriente; Arcor obtuvo en el ejercicio
1995 más de US$ 55 millones de ganancias y continuó
consolidando su presencia en más de 60 países; Coto,
Tía y Disco treparon en los rankings de facturación
pese a la fortaleza de grandes competidores como Carrefour o
Jumbo.
Estas empresas lograron armarse y luchar exitosamente contra los
competidores extranjeros. Otras optaron por vender o asociarse. La
cuestión que quedará para resolver en el futuro es si
las grandes empresas que hoy siguen en manos del capital local
podrán ganar la batalla o si finalmente verán en la
venta de sus paquetes accionarios mayoritarios una oportunidad de
negocios.
Esta es, por lo tanto, una muestra incompleta, y provisoria, de los
casos más notables de este fenómeno.
Aceitera General Deheza
Es la más grande empresa exportadora de Córdoba.
Durante años fabricó marcas blancas para el mercado
interno, pero en los últimos años introdujo marcas
propias y salió a disputarles el liderazgo a nombres
tradicionales, como Cocinero, de Molinos, y Mazola, de
Refinerías de Maíz. Tras una fuerte campaña de
publicidad concentrada en su producto Natura, logró acaparar
20% del mercado nacional de aceites. Las unidades de negocio que
componen la empresa, en orden de importancia, son :
industrialización de oleaginosas, procesamiento de maní
confitería, refinación y envasado de aceites,
exportación de cereales y siembras asociadas.
Coto Cicsa
En sólo diez años dejó de ser una red de
carnicerías, para convertirse en una fuerte cadena de
supermercados y llegar a ocupar un lugar entre las 20 empresas de
mayor facturación de la Argentina. Tras la venta de Norte al
Exxel Group, es el canal minorista nacional de mayor envergadura.
Compite con gigantes internacionales como Wal-Mart y Carrefour
mediante una clara estrategia de expansión y un buen manejo de
la relación con proveedores. Actualmente, Coto controla el
Spinetto Shopping, hipermercados, maximercados, supermercados,
carnicerías, un frigorífico y campos. Emplea a 9.000
personas y en su último ejercicio facturó US$ 1.034
millones.
Molinos Río de la Plata
En 1991, la consultora internacional McKinsey le recomendó
a Bunge y Born que se concentrara en alimentos y pinturas. El grupo
fue aún más drástico y apostó todas sus
fichas a la industria de los comestibles. Con Molinos Río de
la Plata, pretende convertirse en líder del sector para el
Mercosur. La mitad de los US$ 300 millones que el holding obtuvo de
la venta de Compañía Química, Alba, Centenera y
las petroquímicas, fue invertido en Molinos, que logró
captar en el último año 7% de las ventas de los
supermercados argentinos. El desafío es ambicioso,
especialmente ante la creciente y fortalecida presencia de las
compañías multinacionales, como Nabisco, General Foods
(Kraft), Danone, Parmalat y Nestlé. Tras una seguidilla de
balances con resultados en rojo, en 1995 Molinos obtuvo una ganancia
de US$ 50 millones. Para lograrlo, la empresa aumentó el
capital, consiguió un préstamo, absorbió a todas
las empresas controladas (Vadial, Fanacoa, Tres Cruces y Mells) e
invirtió en tecnología.
Siderar
La ex compañía estatal Somisa se privatizó en
1992 y se transformó en Siderar, una empresa por la que
Techint pagó US$ 164 millones. En manos públicas, la
siderúrgica exhibía un déficit de US$ 400
millones por año. En 1995, la tendencia se revirtió, y
las ganancias sumaron US$ 60,3 millones. También ese
año obtuvo la calificación internacional ISO 9000 y
exportó por US$ 250 millones a Asia, Australia, Europa y
Estados Unidos. Para lograr este espectacular crecimiento de la
rentabilidad, Techint se concentró en el negocio de laminados
planos, cerrando todas las plantas que no estuvieran vinculadas a
esta actividad. Actualmente, Techint controla 54% de Siderar. Este
año, 10% del capital cotizó en Bolsa.
Laboratorios Bagó
Fundada en La Plata por Sebastián Bagó en 1934, es
una de las primeras empresas farmacéuticas argentinas. Con
más de 100 procesos patentados en Estados Unidos y Europa,
tiene una fuerte orientación hacia la exportación. Su
estrategia actual reside en la diversificación de mercados y
apunta a China, India, Turquía y el sudeste asiático.
Además, tiene representaciones en nueve países de
América latina y ha concretado varias alianzas con
laboratorios extranjeros para la fabricación y venta de
medicamentos bajo licencia. Estas estrategias han permitido que en
los últimos dos años la empresa duplique sus
exportaciones. Para mantener el crecimiento, Bagó incrementa
sus niveles de inversión: en 1994 desembolsó $ 5,5
millones y para fines de este año esa cifra se habrá
duplicado. La organización está integrada por 15
empresas que operan en la Argentina y en el exterior. Sus actividades
son: especialidades medicinales, distribución, veterinaria,
seguros, computación y sistemas de alta tecnología para
fabricación medicinal.
Arcor
Mientras otros productores de golosinas vendían sus
empresas a los grandes grupos que desembarcaban en el país,
Arcor ponía en marcha un singular proceso de expansión
que la llevó a multiplicar por tres su facturación en
los últimos seis años y a fortalecer su crecimiento en
el Mercosur. Nacida en Arroyito, Córdoba, hace algo más
de 45 años como una pequeña fábrica de
golosinas, de la mano de la familia Pagani, hoy no sólo
manufactura y comercializa golosinas, sino que se ha integrado
verticalmente y produce aceites de maíz, glucosa y harinas,
fabrica sus propios envases, elabora conservas, alimentos en polvo y
galletitas. Con la competencia internacional al acecho, hace algo
más de un año abandonó su bajo perfil y se
lanzó a consolidar internacionalmente su imagen
institucional.
Cervecerías Quilmes
Los argentinos consumen algo más de 1.000 millones de
litros de cerveza por año, de los cuales 98% son de origen
nacional. Quilmes, del grupo Bemberg, controla alrededor de 85% del
mercado de la cerveza, uno de los que más crecimiento ha
registrado en los últimos años. A comienzos de 1996
desembarcó en Chile y compró 50% de las dos principales
cerveceras bolivianas. Desde hace unos años incursiona en
Brasil enfrentando a los titanes locales. Los 33 litros de cerveza
por habitante que se consumen cada año en la Argentina y que
podrían crecer a 50 litros en el próximo quinquenio
alimentan el crecimiento de Quilmes entre las estrellas
nacionales.
Mastellone
Comenzó como una pequeña empresa familiar en 1929.
Hoy, su marca La Serenísima controla 60% del mercado argentino
de leche fresca y yogures. Desde su base de operaciones en General
Rodríguez, Pascual Mastellone comanda la expansión de
la compañía que en 1995 concretó exportaciones
por US$ 34,1 millones y se ocupa de fortalecer su posición en
el mercado local. Sabiendo que el gigante francés de los
alimentos Danone iba a apostar fuertemente en la Argentina,
Mastellone optó por asociarse en un joint venture orientado a
la fabricación de quesos untables, flanes, postres y leches
saborizadas.
Alpargatas
Fundada en 1883, es una de las empresas argentinas más
tradicionales. Ha sobrevivido en un sector golpeado por la apertura
de la importación: el calzado deportivo, que representa 66% de
su facturación. Se ha orientado fuertemente al mercado
externo, donde coloca 45% de su producción. Para lograr su
posición actual ha pasado por continuos procesos de
reorganización, se asoció con empresas del exterior,
como Nike, Greenwood Mills y Lockwood Greene, y puso 20% de su
capital en manos de inversores internacionales.
Acindar
Llevó adelante un proceso de transformación que le
demandó, hasta julio pasado, un desembolso de US$ 84 millones,
que invirtió en la incorporación de un segundo horno
cuchara en la planta de Villa Constitución, la
instalación de una planta de tratamiento superficial de acero,
la modernización de dos trenes de laminación, la compra
de una nueva planchada de enfriamiento y la construcción de
una fábrica de tubos. Se reestructuró en 1995 en cuatro
unidades de negocios: construcciones y servicios, Acindex (comercio
exterior), productos estructurales, y alambres y cables. El proceso
de transformación dejó los números de los
últimos balances en rojo, pero a la empresa modernizada y
preparada para competir y exportar.
