El cielo está despejado, aunque hay algunas nubes. Tenemos
buen tiempo y, sin embargo, no es agorero vigilar la marcha de esas
nubes para estar preparados en el caso de que terminen en lluvia.
Algo parecido ocurre con la economía argentina. La
reactivación económica se extenderá a lo largo
de 1997, y es altamente probable que se alcance la previsión
oficial de crecimiento del PBI: 5%.
Pero también con la reactivación reaparecen algunos
problemas —de menor dimensión que los que solía
haber antaño—, los que hay que observar cuidadosamente.
Por ejemplo, retornará el déficit comercial que para
todo el año se estima en US$ 2 mil millones. No es una cifra
exagerada, especialmente si la composición de las
importaciones refleja, como se calcula, una alta participación
de bienes de capital destinados a aumentar la productividad de la
economía.
El tema es que el déficit comercial ayuda a complicar lo que
se conoce como la vulnerabilidad del sector externo. En el sector de
servicios financieros de la cuenta corriente de la balanza de pagos,
hay ahora dos elementos cuya presencia debe admitirse como
estructural:
a) un aumento en el nivel de los intereses de la deuda pública
que se hace patente cuando se renueva deuda. La actual tasa del
mercado financiero internacional no ha crecido, pero sin duda es
más alta que la obtenida hace unos años, cuando se
practicó la “renovación compulsiva”
después de no pagar la deuda externa como secuela de la crisis
de 1982.
b) empieza a pesar, cada año más, el costo de las
remisiones de utilidades y dividendos generados por las inversiones
extranjeras. La privatización también tiene su lado
desagradable, lo mismo que el acceso al capital internacional: el
momento de pagar.
¿Cómo se hace para compensar el efecto combinado (a+b) de
estas dos situaciones? Hay dos posibilidades.
La primera. Fuerte crecimiento de las exportaciones, para lo cual la
economía debe demostrar que sigue ganando en productividad y
competitividad. Si este proceso es sostenible hay razón para
el optimismo; si se agota, estamos frente a un grave problema.
La segunda. Que la Argentina siga ofreciendo oportunidades para la
inversión externa. Si continúan ingresando capitales
foráneos en la medida adecuada, el horizonte se despeja.
Esta es, en breve, la temática de la vulnerabilidad del sector
externo, sin duda un gran problema de la economía argentina.
Pero hay otro gran problema: el financiamiento del déficit
público.
La situación es que el déficit es del orden del 2% del
PBI, porcentaje que en sí mismo no es demasiado preocupante.
Incluso a medida que crece el PBI, aumenta la capacidad de endeudarse
manteniendo el 2% como techo.
Hay tres posiciones frente a este problema:
1) los halcones de la convertibilidad quieren eliminar todo
déficit y obtener superávit. Es decir, el Estado debe
vivir con algo menos que lo que es capaz de recaudar.
2) los que tienen miedo a la “alegre irresponsabilidad” de
los políticos sufren una pesadilla: que el déficit
fiscal siga en aumento en un período preelectoral permanente,
como el que se inicia con los comicios de renovación
legislativa de este año y termina con la elección
presidencial en 1999.
3) los realistas que concentran todos sus esfuerzos en mantener el
actual nivel del déficit y en evitar que aumente a una cota
donde el FMI se vería obligado a retirar su respaldo.
Entre los que sueñan con el superávit y los que temen
al desborde de los políticos, la situación más
difícil es la de los realistas, que están frente a una
misión casi imposible: mantener el actual nivel del
déficit.
En un tiempo con fuerte presión electoral, donde la reforma
del Estado significó renunciar a ingresos importantes (que se
destinaron a constituir las AFJP y a reducir las cargas patronales),
no queda más remedio que bajar el gasto corriente. ¿Por
qué? Porque el efecto combinado de a+b, explicado antes,
implica que, al renovar deuda —lo que se está haciendo
exitosamente, y está bien que se haga—, mayor
proporción de los recursos deben aplicarse a enjugar mayor
tasa de interés.
En síntesis: para mantener el actual nivel del déficit
en 2% del PBI hay que, inexorablemente, reducir gasto corriente.
¿Es posible vivir el largo período preelectoral que se
avecina en medio de un ajuste permanente?
Que algunos en el gobierno son conscientes de esta situación
lo demuestran a las claras las iniciativas de Pedro Pou desde el
Banco Central: red de seguridad para el sistema financiero
doméstico con un seguro externo de US$ 6 mil millones;
rigurosa aplicación de las normas BASIC a los bancos,
más estrictas que las de Basilea, y la cerrada
oposición a que aumente el endeudamiento en pesos.
Vanguardia del saber
Está creciendo el empleo en el sector de la
tecnología de punta, y no hay señales de que la
tendencia se interrumpa en el futuro previsible. Pero para mantener
su competitividad, los especialistas en tecnología deben
actualizar permanentemente sus habilidades y mantenerse siempre en la
vanguardia del conocimiento.
Las oportunidades son muy prometedoras para los programadores de
bases de datos, especialistas en multimedia y armadores de redes de
computación.
En ningún otro sector la demanda de técnicos es tan
alta y la oferta tan pequeña como en la creación de
software. La predicción es de J. Michael Farr, quien en
America’s 50 Fastest Growing Jobs vaticina que entre 1995 y 2005
crecerá 112% la oferta de empleo para técnicos y
científicos en computación y 110% para analistas de
sistemas.
Simultáneamente, el National Center for Education Statistics
del Departamento de Educación de Estados Unidos asegura que el
número de títulos de grado en ciencias de la
computación viene cayendo sostenidamente desde 1986.
En este momento, un graduado en ciencias de la computación que
se inicia en su vida laboral puede ganar más que un obrero con
25 años de antigüedad en una planta automotriz. El
salario inicial promedio para un graduado en ciencias de la
computación viene subiendo año a año, aunque en
el que acaba de terminar cayó 10% —a US$ 35.222
anuales— con respecto al promedio de 1994.
Los especialistas en “nuevos medios” seguirán
disfrutando de esta bonanza en la próxima década,
mientras se siguen multiplicando las formas de usar las
páginas de la Web con fines educativos y de marketing. Son
muchísimos los casos en que jóvenes y creativos
expertos en computación se ubican muy bien en empresas nuevas
o fundan empresas propias especializadas en diseñar y crear
sitios en la Web de la Internet. Se calcula que, solamente en la
ciudad de Nueva York, las oportunidades de trabajo en nuevos medios
se duplicarán para 1998, hasta llegar a 142.000.
Hace apenas dos meses, la revista Graduating Engineer publicaba:
“Cuando la Nasa perdió el monopolio de lanzar
satélites al espacio, se desarrolló todo un nuevo
mercado laboral para los técnicos recién recibidos, al
tiempo que empresas grandes y pequeñas se sumaban a la carrera
por la conquista del espacio. Además de la industria del
satélite comercial está el crecimiento del sector
espacial, desde trajes espaciales hasta plataformas para lanzamientos
desde el mar. Y ese crecimiento está generando mucho empleo
para los técnicos y científicos en
computación”. La Aerospace Industries Association of
America asegura que en el sector aeroespacial se crearán este
año 153.000 nuevos puestos de trabajo.
Los técnicos e ingenieros en electrónica ahora
pertenecen a un sector de rápido desarrollo. La industria de
la microonda, en particular, soporta una escasez global de ingenieros
capaces de diseñar productos para la comunicación
inalámbrica.
Los sistemas de transmisión de voz, video y datos para
empresas, hogares y escuelas están creciendo desmesuradamente,
y el potencial futuro es enorme.
Las empresas se abalanzan para conseguir contratos en los
países en desarrollo que necesitan construir infraestructura
inalámbrica. AT&T, por ejemplo, en la década pasada
tenía menos de 100 personas trabajando en el exterior: ahora
tiene 50.000 empleados fuera de su país de origen. El aumento
de teléfonos celulares digitales hará llegar al
millón las oportunidades de trabajo en el mercado
inalámbrico para el año 2005, según la Cellular
Telecommunications Industry Association.
Las habilidades interpersonales se están convirtiendo en un
requerimiento laboral tan importante como el conocimiento y la
experiencia técnica.
Aparecerán nuevas especialidades al aumentar las innovaciones
relacionadas con la computación. Por ejemplo, los
investigadores médicos y farmacéuticos informan que hay
un enorme caudal de datos científicos que necesita ser
registrado y procesado. Sin embargo, los grandes institutos
científicos informan que no pueden encontrar candidatos que
reúnan experiencia en tecnología de la
información y en ciencias físicas.
En cualquier profesión, las habilidades en computación
significan, por lo general, un aumento de salario del 15%. Esta
diferencia se agrandará a medida que saber computación
se convierta en un requisito más que en una preferencia.
Información y conocimiento
Si en esta economía globalizada en la que cualquiera, desde
cualquier lugar, puede acceder a las materias primas y la
tecnología es fácil de copiar, la única ventaja
competitiva que queda para una empresa es el conocimiento de sus
trabajadores. El conocimiento es el único instrumento
válido frente a nuestros competidores.
Pero para mantener esa diferencia que nos hace competitivos en el
mercado, la empresa no puede quedarse quieta porque los competidores
no se van a detener. Para mantener su condición de
competitiva, la empresa deberá renovarse una y otra vez, lo
que significa que gerentes y empleados en todos los niveles de la
organización deben adquirir constantemente nuevos
conocimientos y habilidades.
Muchos gerentes confunden “información” con
conocimiento. La información, por más interesante y
útil que sea, no agrega valor a menos que sea
“aplicada” al trabajo. Las estadísticas no sirven
para nada si los empleados no las usan para trabajar mejor.
En un interesante libro que tituló Aprendizaje
transformacional (John Wiley and sons), Daniel R. Tobin, explica que
las empresas deben enfrascarse en un proceso continuo e
ininterrumpido de identificar, adquirir y aplicar conocimiento que
las ayude a lograr sus objetivos. A este proceso continuo lo llama
“aprendizaje transformacional”.
La “ignorancia inconsciente” es la peor de todas. Es cuando
una empresa no sabe qué es lo que no sabe. Los fabricantes de
autos estadounidenses la sufrieron durante décadas. El
conocimiento que necesitaban estaba a su disposición; todo lo
que tenían que hacer era preguntar a los consumidores. Pero la
arrogancia les impidió hacerlo… hasta que llegaron los
japoneses. Por eso, el primer paso para adquirir conocimiento es
tomar conciencia de que hay algo que no sabemos. Entonces habremos
llegado al nivel de la “ignorancia consciente”.
A veces los empleados de una empresa tienen conocimientos que no
saben que tienen. Su experiencia laboral, por ejemplo, ha ido
enriqueciendo su bagaje de conocimientos, pero ellos lo ignoran
porque nadie les ha pedido que lo usen. Estamos ante un caso de
“aptitud inconsciente”.
Claro que siempre hay trabajadores que se dan cuenta de los
conocimientos que tienen, aun cuando nadie se los pida. Son los que
tienen “aptitud consciente”. El objetivo del aprendizaje es
aumentar la aptitud consciente de los trabajadores y de la
empresa.
Según Tobin, las empresas están tirando conocimiento a
la basura cuando se achican y desjerarquizan eliminando a muchos
gerentes intermedios.
Un gerente medio es alguien que probablemente ha estado en la empresa
durante diez o quince años y que se destacó, porque de
lo contrario no habría sido nombrado gerente. Es probable que
sepa más sobre el funcionamiento de la empresa que muchos
otros. Cuando uno elimina esas capas de jerarquía mediana y
las tira a la basura, está perdiendo recursos de conocimiento
que a la empresa le tomó décadas crear. La
pérdida es terrible porque esos recursos no se reemplazan con
facilidad.
Los educadores profesionales siguen siendo necesarios, pero tienen
que empaparse de los principales procesos de la empresa y no ser
simplemente una organización de apoyo teórico que
permanece al margen haciendo lo suyo. Si no hacen esto, muchas
empresas terminarán realizando lo que ya se está
comenzando a ver: el cierre de los departamentos de
capacitación.
Información y conocimiento
Si en esta economía globalizada en la que cualquiera, desde
cualquier lugar, puede acceder a las materias primas y la
tecnología es fácil de copiar, la única ventaja
competitiva que queda para una empresa es el conocimiento de sus
trabajadores. El conocimiento es el único instrumento
válido frente a nuestros competidores.
Pero para mantener esa diferencia que nos hace competitivos en el
mercado, la empresa no puede quedarse quieta porque los competidores
no se van a detener. Para mantener su condición de
competitiva, la empresa deberá renovarse una y otra vez, lo
que significa que gerentes y empleados en todos los niveles de la
organización deben adquirir constantemente nuevos
conocimientos y habilidades.
Muchos gerentes confunden “información” con
conocimiento. La información, por más interesante y
útil que sea, no agrega valor a menos que sea
“aplicada” al trabajo. Las estadísticas no sirven
para nada si los empleados no las usan para trabajar mejor.
En un interesante libro que tituló Aprendizaje
transformacional (John Wiley and sons), Daniel R. Tobin, explica que
las empresas deben enfrascarse en un proceso continuo e
ininterrumpido de identificar, adquirir y aplicar conocimiento que
las ayude a lograr sus objetivos. A este proceso continuo lo llama
“aprendizaje transformacional”.
La “ignorancia inconsciente” es la peor de todas. Es cuando
una empresa no sabe qué es lo que no sabe. Los fabricantes de
autos estadounidenses la sufrieron durante décadas. El
conocimiento que necesitaban estaba a su disposición; todo lo
que tenían que hacer era preguntar a los consumidores. Pero la
arrogancia les impidió hacerlo… hasta que llegaron los
japoneses. Por eso, el primer paso para adquirir conocimiento es
tomar conciencia de que hay algo que no sabemos. Entonces habremos
llegado al nivel de la “ignorancia consciente”.
A veces los empleados de una empresa tienen conocimientos que no
saben que tienen. Su experiencia laboral, por ejemplo, ha ido
enriqueciendo su bagaje de conocimientos, pero ellos lo ignoran
porque nadie les ha pedido que lo usen. Estamos ante un caso de
“aptitud inconsciente”.
Claro que siempre hay trabajadores que se dan cuenta de los
conocimientos que tienen, aun cuando nadie se los pida. Son los que
tienen “aptitud consciente”. El objetivo del aprendizaje es
aumentar la aptitud consciente de los trabajadores y de la
empresa.
Según Tobin, las empresas están tirando conocimiento a
la basura cuando se achican y desjerarquizan eliminando a muchos
gerentes intermedios.
Un gerente medio es alguien que probablemente ha estado en la empresa
durante diez o quince años y que se destacó, porque de
lo contrario no habría sido nombrado gerente. Es probable que
sepa más sobre el funcionamiento de la empresa que muchos
otros. Cuando uno elimina esas capas de jerarquía mediana y
las tira a la basura, está perdiendo recursos de conocimiento
que a la empresa le tomó décadas crear. La
pérdida es terrible porque esos recursos no se reemplazan con
facilidad.
Los educadores profesionales siguen siendo necesarios, pero tienen
que empaparse de los principales procesos de la empresa y no ser
simplemente una organización de apoyo teórico que
permanece al margen haciendo lo suyo. Si no hacen esto, muchas
empresas terminarán realizando lo que ya se está
comenzando a ver: el cierre de los departamentos de
capacitación.
