miércoles, 1 de abril de 2026

    Segundo acto de la crisis

    Una de las manifestaciones más evidentes de la crisis
    económica internacional es la fuerte caída en los
    precios de los commodities. En ese sentido, la reciente
    actualización que hizo el FMI del índice de precios en
    dólares muestra que para el conjunto de los productos
    primarios los precios cayeron, en promedio, casi 23% entre junio de
    1997 y el mismo mes de 1998. Si se excluye el petróleo, la
    reducción alcanza a casi 19%.

    La fuerte caída en los precios externos de los commodities
    está asociada, principalmente, a la etapa recesiva en que se
    ha sumido la mayoría de las economías del sudeste
    asiático y Japón, grandes demandantes de esos
    productos. Y, lo que es peor, no se avizora por el momento una
    rápida salida de esa situación.

    Pero la cuestión no termina ahí. Ahora comienzan a
    manifestarse algunas tendencias negativas en la evolución de
    las economías de la Unión Europea y de Estados Unidos.

    En el caso norteamericano, la cuestión central reside en
    que el gasto en consumo ha sido el principal motor de la importante y
    prolongada etapa de crecimiento de los últimos seis
    años. Hasta ahora, el efecto más directo de la crisis
    asiática es una reducción en el ritmo de crecimiento de
    la industria, una caída en las exportaciones y un aumento en
    las importaciones. El interrogante es si el gasto de consumo
    podrá sostenerse en elevados niveles y, con ello, amortiguar
    los impactos negativos de una desaceleración mayor en la tasa
    de expansión fabril y de un aumento en el déficit
    externo.

    Estudios recientes señalan que, aunque entre 1992 y 1996 el
    sector privado operó con superávit, el ritmo de aumento
    del gasto superó al de los ingresos y, con ello, el excedente
    tendió a reducirse persistentemente. Pero, desde 1996 en
    adelante, el signo se invirtió: los gastos del sector privado
    son superiores a sus ingresos.

    El problema es que, para sostener los actuales ritmos de
    incremento del gasto privado, se necesitan inyecciones crecientes de
    crédito; esto es, que debería aumentar el nivel de
    endeudamiento. Y aunque el crédito ha estado creciendo a una
    tasa elevada, debería acelerarse aún más. Ello
    significa que el motor que ha conducido a la economía
    norteamericana a su más reciente etapa de fuerte aumento de la
    producción enfrenta serias posibilidades de detenerse.

    El lado financiero

    En un reciente estudio del Banco Mundial se señala que el
    deterioro producido desde la economía real por la
    declinación de los precios de los commodities puede conducir a
    un aumento de la vulnerabilidad financiera de las naciones afectadas.
    Ello es particularmente evidente en el caso de los países
    donde la producción y exportación de esas
    mercancías constituye uno de los principales motores del
    crecimiento, una de las mayores fuentes de divisas y, también,
    uno de los sostenes más importantes de los recursos fiscales.

    En el ámbito latinoamericano, esa descripción se
    ajusta a la situación de países como Chile, Venezuela y
    México. En estos casos, aunque no con la intensidad observada
    en los países del sudeste asiático, los precios de las
    acciones y la cotización de sus divisas han declinado
    considerablemente. A su vez, la prima de riesgo se elevó y,
    con ello, las tasas de interés internas y el costo del
    endeudamiento externo.

    En países como Brasil y la Argentina, el aumento de la
    vulnerabilidad financiera se relaciona de forma menos directa con la
    caída de los precios de los commodities. En ambos casos, los
    desequilibrios externos y fiscales eran importantes y anteriores a la
    emergencia de la crisis asiática. Hasta ahora, lo que la
    crisis trajo fue un mayor grado de dificultad para reducir esas
    brechas.

    Pronóstico reservado

    Sin embargo, los resultados en términos de precios de las
    acciones, riesgo soberano y tasas de interés, han sido
    semejantes. Así, entre junio de 1997 y 1998, el precio medio
    de las acciones en la bolsa de Buenos Aires cayó 32% y 28% en
    la de San Pablo. A su vez, la prima de riesgo país se
    elevó, en el mismo período, 128 basic points en el caso
    de la Argentina, y 193 en el de Brasil.

    Como era de esperar, esos desempeños se reflejaron en el
    flujo de capitales externos. En los primeros seis meses de 1998, los
    activos de reservas internacionales de la Argentina crecieron en US$
    598 millones. Ese valor contrasta con los 1.392 millones y los 1.089
    millones de aumento de las reservas del Banco Central en la primera
    mitad de 1996 y de 1997 respectivamente.

    Las reservas externas brasileñas, en cambio, muestran una
    marcha ascendente más firme luego de que el ataque contra el
    real fuera superado. La razón se encuentra en las elevadas
    tasas de interés vigentes que permiten obtener fuertes
    ganancias en dólares en el corto plazo. Pero ello determina
    que una proporción significativa de los activos de reserva sea
    sumamente volátil.

    Esta circunstancia, que de por sí involucra un alto grado de vulnerabilidad
    financiera, resulta aún más preocupante cuando la tendencia que
    se observa en los mercados de capitales privados es un cambio en la preferencia
    hacia la calidad en desmedro del rendimiento. Esto explica el sostenido ascenso
    de los mercados bursátiles de Estados Unidos y la Unión Europea
    y de las cotizaciones de los bonos estatales, lo que ha permitido mantener las
    tasas nominales de interés en niveles bajos y decrecientes, aunque sus
    valores reales sean los más elevados de los últimos años.