martes, 10 de febrero de 2026

Juan Pablo Montero, de RSM: “La gestión ESG es hoy un requisito de acceso”

“Mientras la Unión Europea consolida la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa y países como Brasil y Chile avanzan con normativas de reporte obligatorio, en Argentina no existe aún una legislación integral que exija reportes ESG a las compañías”, señala Juan Pablo Montero, socio de Consultoría de la firma.

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“Salvo ciertas excepciones, el marco legal local es mayoritariamente voluntario”, agrega Juan Pablo Montero, socio de Consultoría de RSM e indica que no se percibe una desaceleración, sino una maduración estratégica. “Aunque la legislación local sea incipiente, el mercado actúa como el regulador más exigente. Para las empresas argentinas que integran cadenas de valor globales o exportan bienes y servicios, la gestión ESG es hoy un requisito de acceso. No hay pausa, hay una profesionalización: se ha pasado de lo meramente discursivo a la necesidad de cumplimiento técnico para no quedar fuera de ciertos mercados”.

¿Las empresas que lideran en sustentabilidad lo hacen por convicción estratégica, por presión externa, o por ambas? ¿Cuál es el motor más efectivo del cambio real?
Las organizaciones operan bajo una dualidad entre ambas presiones y para entender este fenómeno, es clave analizar los datos. RSM realizó recientemente el estudio “Sustentabilidad: un motor para la rentabilidad y el crecimiento en América Latina”, una investigación para la que consultó a líderes de empresas en los principales países de la región, incluyendo Argentina, Brasil, México, Colombia, Chile y Perú. Los resultados revelan que el 57% de las organizaciones latinoamericanas aún no se consideran listas para adoptar estándares globales de reporte. Sin embargo, la conclusión más potente del estudio es que la sustentabilidad ya no se percibe como un costo operativo, sino como un driver de rentabilidad y crecimiento. Las empresas están entendiendo que la eficiencia en el uso de recursos y la transparencia en la gobernanza impactan directamente en el balance final.

Si bien la presión externa, ejercida por inversores, bancos y clientes, es el catalizador inicial, la convicción estratégica es la que garantiza la continuidad. En ese sentido, un modelo de negocio que ignora los riesgos ambientales o las demandas sociales es, estructuralmente, más frágil. Es decir que las empresas líderes están integrando los criterios ESG no por mero cumplimiento, sino para fortalecer su resiliencia y asegurar su continuidad en un entorno global cada vez más exigente.

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Mirando hacia 2026/2027, ¿qué tendencias emergentes tienen el potencial de redefinir la agenda corporativa de sustentabilidad?
Principalmente creemos que la agenda se verá redefinida por el fin de las estimaciones y el inicio de la era del dato real medido mediante inteligencia artificial. Veremos por un lado el uso de IA en integridad de datos, a partir del empleo de la herramienta para capturar datos primarios en tiempo real, eliminando los promedios genéricos y garantizando información auditable, y por otro lado para la transparencia de ecosistema, a partir de la exigencia de trazabilidad total con datos reales, a partir de lo cual la empresa es responsable de la ética y el desempeño ambiental de cada eslabón de su cadena.

La vulnerabilidad de la cadena valor

¿Qué riesgos considera que las empresas todavía subestiman, y qué oportunidades aún no están suficientemente exploradas?
El riesgo más subestimado es, sin duda, la vulnerabilidad del ecosistema de la cadena de valor. Muchas empresas creen que su responsabilidad termina en sus propios muros, pero el riesgo también reside en el desempeño ESG de sus proveedores. La interdependencia es total. Una debilidad de política ESG en un proveedor es una debilidad propia que puede cerrar mercados y oportunidades. Por otro lado, la oportunidad menos explorada en Argentina es el financiamiento a través de bonos verdes y SVS (Sociales, Verdes y Sustentables). Aunque el panel de BYMA y las normativas de la CNV ya ofrecen un marco sólido, muchas empresas locales aún no aprovechan este instrumento para financiar su transición energética o proyectos de impacto social. Existe capital ávido de proyectos que demuestren, con datos mesurados y fehacientes, un desempeño sólido.

En un contexto en el que ciertos discursos cuestionan la urgencia de la agenda sostenible, ¿qué impacto percibe en la toma de decisiones empresariales?
La sustentabilidad se ha convertido en el lenguaje común de los negocios internacionales. Más allá de los posicionamientos conceptuales, las decisiones empresariales de largo plazo siguen priorizando la gestión de riesgos y la transparencia. En la Argentina del futuro, la competitividad estará ligada a la capacidad de las organizaciones de transformar estas exigencias en una ventaja estratégica que garantice su resiliencia y su éxito en la economía global.

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