¿Wall Street ha muerto? Por supuesto que no: goza de la mejor salud. Domina sobre la mayor expansión económica de los tiempos modernos. El índice Dow Jones está por encima de 11.000 puntos. La posibilidad de ser miembro de la Bolsa de Nueva York, que hace una década se regalaba, hoy se vende en las raras ocasiones en que está disponible en más de US$ 1 millón. ¿Por qué, si no, los canales de televisión se empeñan en cubrir lo que sucede en Wall Street de un extremo a otro? El Nikkei ha caído, los mercados del euro son confusos y Wall Street se erige triunfante y suprema. Pero…
Los ataques de las nuevas tecnologías y las culturas que ellas crean son constantes. Los grandes bancos de inversión se mudan al oeste, donde brillan las luces de los grandes suburbios del norte de California. Sus sedes centrales todavía están en los cañones de Manhattan, pero en estos días casi toda la acción está en el Silicon Valley.
En la actualidad, la gran amenaza de los colocadores de dinero no es un genio de la Web de 22 años, sino un ciudadano maduro de San Francisco llamado Bill Hambrecht, esbelto seguidor del Dr. Cooper y su modelo abierto de oferta pública inicial. Para cuando el Gran Bill cumpla su objetivo, el gran día para comenzar a cotizar en bolsa se parecerá más a un remate de tulipanes en Amsterdam que a un rito de iniciación neoyorquino.
Si bien muchos de los analistas estrella de los bancos de inversión se quedan en la Big Apple, las mudanzas son mayores que antes. Y deben serlo porque como las métricas tradicionales son cada vez menos útiles para explicar los altos valores de las empresas de alta tecnología, debemos prestar más atención a los activos intangibles. Para los analistas, la única manera de ver el valor de estos activos consiste en calzarse sus doradas pantuflas en las lujosas oficinas de Redmond y quedarse un rato en el living de Austin. Deben probar el triunfo y oler el miedo de estos nuevos emprendimientos.
Los banqueros no son los únicos en Wall Street que festejan su camino hacia la cumbre: a veces también los acompañan las más conocidas casas de intermediación. El reciente anuncio de las operaciones on line de Merryll Lynch se pareció demasiado al ejército británico de Cornwallis rindiéndose ante la chusma.
Por supuesto, Wall Street puede perder su liderazgo en banca de inversión y operaciones… siempre que mantenga sus operaciones básicas de cambio. Pero eso también puede cambiar. La Bolsa de Nueva York experimenta transacciones virtuales en 3D. En la era de Internet se puede mantener la imagen, pero no perder las raíces. ¿Qué pasa con Wall Street real cuando alguien puede habitar una versión virtual en su propia casa? Muere.
Pero la muerte también es el preludio necesario para renacer. Y Wall Street puede ser la institución de la historia norteamericana que mejor se adapte. En sus dos siglos de existencia, Wall Street ha muerto y renacido varias veces de diferentes formas. Como en la última década, se ha transformado para cumplir con los desafíos mortales, desde el Nikkei al Nasdaq .¿Quién puede decir que no lo hará nuevamente?
Wall Street cambiará su fisonomía actual, transformándose de una entidad geográfica a un patrón mental. Su base de poder será más ancha y más fluida. Sus jugadores, más diversos.
Sí: la vieja Wall Street está muriendo. Larga vida a la próxima.
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