miércoles, 1 de abril de 2026

    La fortaleza del dólar está en su debilidad

    El dólar está bajo en relación con otras divisas internacionales.
    Los productores en Estados Unidos están felices; los exportadores alemanes
    y franceses no. Operadores de hoteles y atracciones turísticas en todos
    los estados de la Unión saltan de contento, pero en otras latitudes la
    situación no hace ni pizca de gracia a los que manejan negocios relacionados
    con el turismo. Al gobierno de Bush parece gustarle, aunque las señales
    que envía son algo confusas. Pero en muchos países, los gobiernos
    se ponen nerviosos.
    La actual caída del dólar llama la atención en todas partes.
    Según los integrantes del Departamento de Finanzas del Wharton College,
    la caída del dólar frente a algunas de las más importantes
    monedas del mundo tendrá efectos políticos y económicos
    de largo alcance durante mucho tiempo, especialmente en Estados Unidos y Europa.
    La sucesión de acontecimientos que ha puesto en marcha la devaluación
    del dólar puede tener gran incidencia en el resultado de las elecciones
    presidenciales de 2004 en Estados Unidos. El equipo de expertos vaticina que
    la moneda estadounidense puede seguir bajando, pero aclara que eso no va a significar
    mayores problemas para la economía estadounidense a menos que la caída
    se produzca de manera brusca y caótica.
    El dólar tiene en vilo a los gobernantes de las naciones desarrolladas
    del mundo. Los movimientos de las monedas fueron uno de los temas de discusión
    durante la reciente reunión del Grupo de los Ocho en Francia, donde europeos
    y japoneses expresaron su preocupación de que un dólar débil
    trabe la recuperación económica global. Ministros de economía,
    economistas, políticos y empresarios también esperaron ansiosos
    la reunión del Banco Central Europeo (BCE) (5 de junio), cuya agenda
    incluía el anémico crecimiento económico de la región.
    Por su parte, el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, indicaba
    que el Tesoro estaba dispuesto a bajar las tasas de interés durante la
    reunión de sus autoridades el 24 y 25 de junio (cosa que ocurrió).
    Un dólar débil es un arma de doble filo para los que ganan y los
    que pierden. Entre los grandes beneficiarios figuran las empresas, la bolsa
    y el crecimiento económico general de Estados Unidos. Los fabricantes
    que venden sus productos en países cuyas monedas se han apreciado frente
    al dólar están felices porque esos bienes ahora son más
    baratos en el extranjero y, por lo tanto, más competitivos.
    Jeremy Siegel, profesor de finanzas de Wharton, apoya el dólar débil
    “porque significa precios de exportación más baratos y mayores
    ingresos reales para los estadounidenses. Cuando uno vive en una economía
    problematizada con mucha capacidad ociosa como la nuestra, yo acepto importaciones
    un poquito más caras a cambio de que nuestras empresas se vuelvan más
    competitivas en los mercados mundiales”. Siegel dice que el dólar
    débil también es bueno para las reservas del país –y
    para los millones de personas que invierten en él– porque más
    ventas en el extranjero significan mayores ganancias para las empresas.
    Stuart G. Hoffman, vicepresidente y economista jefe de PNC Financial Services
    Group de Pittsburg, coincide en que un dólar bajo es bueno para los productores
    estadounidenses porque aumenta la competitividad de sus precios, lo cual puede
    significarles mayores ventas y mayor participación en los mercados. En
    el clima actual, las empresas que tienen muchos intereses en el extranjero se
    benefician cuando los ingresos en moneda extranjera que registran sus subsidiarias
    son repatriados, en dólares, a Estados Unidos. Esto es especialmente
    cierto en el caso de firmas estadounidenses que operan en Europa. Desde fines
    de 2002, el dólar estadounidense se devaluó casi 17% frente al
    euro. El dólar canadiense, el yen japonés y otras monedas también
    se apreciaron frente al dólar, pero no tanto como el euro.
    Otros posibles ganadores son los hoteles, los centros vacacionales y todas las
    actividades relacionadas con el turismo, dice Hoffman. Como ahora sale más
    caro hacer turismo en Europa, muchos estadounidenses van a optar por veranear
    en sus propias playas y montañas en lugar de viajar a París o
    Roma.
    El dólar débil también ayuda a alejar la preocupación
    de los economistas sobre la posibilidad de deflación, o sea una marcada
    y persistente baja en los precios. Al encarecer las importaciones –explica
    Hoffman– el dólar mantiene a raya a la deflación. “Si
    bien es cierto que tener moneda débil durante algún tiempo no
    es un hecho intrínsecamente inflacionario, sí significa que suben
    los precios de algunas importaciones, de modo que actúa en contra de
    la deflación en el propio país. Greenspan ha dicho que es importante
    que Estados Unidos trate de evitar la deflación a toda costa, aunque
    no cree que el peligro sea inminente”.
    Los que pierden con el dólar bajo son los exportadores europeos y japoneses
    (cuyos productos son ahora más caros en Estados Unidos) y los negocios
    que dependen del turismo. “Para cualquier firma que compita con Japón
    y Europa, [la debilidad del dólar] tiene que ser muy buena noticia”,
    dice Richard Marston, profesor de finanzas.
    En lo que se refiere a empresas europeas, Marston dice que la fortaleza actual
    del euro significa que van a tener que recortar márgenes de ganancia.
    “Las que compiten directamente con Estados Unidos van a tener que subir
    precios allí y perder participación en el mercado de la Unión”.
    Aunque gran parte de la atención está concentrada en el euro,
    en Japón el gobierno se preocupa por la apreciación del yen frente
    al dólar. El 29 de mayo, el primer ministro Junichiro Koizumi dijo que
    la moneda nacional estaba demasiado fuerte para el estado de la economía
    japonesa, cuyo PBI prácticamente no registró crecimiento en el
    primer trimestre de 2003. Teme que si el yen sube mucho frente al dólar,
    habrá graves problemas para la economía. Los miembros del gobierno,
    preocupados por el sector exportador y por la economía en general, están
    dispuestos a comprar todos los dólares que sea necesario para mantener
    el yen al nivel que quieren.
    Recesión en Europa
    Según Marston, la fortaleza del euro podría llevar a la recesión
    a algunos países de Eurolandia, ya de por sí en situación
    complicada. Para el conjunto de la eurozona las cifras correspondientes al primer
    trimestre revelan un crecimiento de apenas 0,8% frente al mismo período
    del año anterior. La economía alemana se contrajo 0,2% en el primer
    trimestre de este año, pero en el cuarto trimestre de 2002, ya se había
    reducido 0,3%. “No tienen los instrumentos tradicionales para responder
    a estos bajones. Esto los ata de pies y manos”, opina Marston.
    Hoffman no es pesimista sobre el futuro de las economías europeas, pero
    dice que el euro fuerte no es una ayuda para Europa, especialmente para economías
    como la francesa o alemana que dependen de sus exportaciones para el crecimiento
    de su PBI. “No sé si llegarán a la recesión, pero
    Alemania exporta mucho. Si le vende a Francia, Italia o España, el dólar
    barato no le afecta. Pero si exporta a Estados Unidos o China o Japón,
    la fortaleza del euro sí resta competitividad a sus empresas. Lo mismo
    le ocurre a Francia. De cualquier modo, no me arriesgaría a decir que
    el dólar las va a empujar a la recesión”.
    La política monetaria de Estados Unidos
    En los últimos meses hubo mensajes encontrados sobre la política
    estadounidense con respecto al dólar. John Snow, secretario del Tesoro,
    hizo algunos comentarios indicando que Estados Unidos acepta con agrado el dólar
    débil. Pero en una reunión del G-8 el presidente Bush dijo: “Nuestra
    política es un dólar fuerte”.
    La aparente contradicción entre los comentarios de Snow y Bush hizo que
    los mercados monetarios cuestionaran la política estadounidense, según
    Hoffman. Sin embargo él minimiza la controversia explicando que no hay
    un desacuerdo importante entre el presidente y Snow, que no están tratando
    de subir o bajar “artificialmente” la moneda con sus comentarios,
    y que los cambistas deben asumir que hay un “código secreto”
    que deben descifrar para decidir cuál es la verdadera política
    del gobierno con el dólar.
    Siegel cree que los comentarios de Snow tuvieron una recepción exagerada.
    Según él, las declaraciones de los funcionarios oficiales tienen
    un impacto mucho menor sobre las oscilaciones del dólar que las fuerzas
    del mercado.
    Aunque la declinación del dólar frente al euro ha sido fuerte
    en los últimos meses, el famoso verde viene perdiendo terreno frente
    al euro desde hace dos años. Ese debilitamiento contrasta notablemente
    con la década del ’90, cuando los inversores extranjeros que hacían
    cola para invertir en Estados Unidos y beneficiarse con las altas tasas de interés
    lo convirtieron en el rey de todas las monedas.
    “La apreciación del dólar en los años ’90 tuvo
    mucho que ver con la demanda de los extranjeros de títulos estadounidenses”,
    explica Marston. “Cuando el mercado marcaba una tendencia alcista los europeos
    depositaron montañas de dinero en la bolsa de Estados Unidos, incluso
    empresas europeas que se hacían cargo de empresas americanas. No eran
    las tasas de interés las que atraían inversiones sino la inversión
    directa en empresas del país. Llevó largo tiempo revertir esa
    situación. Pero lo que debilitó el dólar fue la importante
    desaceleración de las inversiones extranjeras en Estados Unidos.”
    Hoy, según Siegel, “el dinero a corto plazo está buscando
    mayores retornos en otras partes del mundo. Con las tasas de interés
    bajas aquí, Europa ofrece mejor panorama. También hay que considerar
    el dinero de largo plazo en el mercado de valores. Hay gran movimiento de capitales
    aquí. Pero no creo que Estados Unidos vuelva a vivir lo de finales de
    los ’90, el capital de largo plazo está desapareciendo por estos
    lados”.
    El equipo de analistas de Wharton señala que Estados Unidos, al cargar
    con un enorme déficit de cuenta corriente, necesita atraer cientos de
    miles de millones de inversiones extranjeras por año. “Si uno tiene
    un déficit de cuenta corriente de 5% del PBI, tiene que compensarlo con
    5% de entrada de capitales”, dice Marston. “Es una cantidad enorme
    para atraer todos los años. Fue fácil hacerlo durante el período
    alcista. Pero cuando el mercado colapsó, los europeos tuvieron que reducir
    sus inversiones en este país”.
    Franklin Allen (profesor de finanzas) agrega: “El tema es, de cara al futuro,
    si podremos seguir recibiendo ese 5% del extranjero todos los años para
    financiar el déficit de cuenta corriente. No creo que lo podamos sostener.
    Si los extranjeros tienen 45% de los bonos de la tesorería de Estados
    Unidos y 30% de los capitales del país, y luego deciden salirse, tendríamos
    un problema grave. Podríamos tener una licuación en los precios
    de los activos”.
    Se prevé más caída para el dólar
    Hoffman y los catedráticos de Wharton dicen que nadie puede predecir
    cuánto más va a caer el dólar, pero parece haber lugar
    para más depreciación.
    La moneda estadounidense seguirá cayendo durante los próximos
    seis a nueve meses, vislumbra Hoffman, pero la caída puede no afectar
    tanto al euro como antes. Sostiene que una depreciación “ordenada”
    de la moneda no debería provocar pánico, pero advierte que el
    desinfle del billete verde podría dañar seriamente la economía
    estadounidense si la Reserva Federal se siente compelida a aumentar las tasas
    de interés para atenuar la declinación de la moneda. El aumento
    de las tasas de interés podría ahogar la incipiente recuperación.
    Si un dólar más débil y un recorte de las tasas de interés
    (ya producido) logran impulsar la economía estadounidense, ¿mejorarán
    las chances de Bush para su reelección en noviembre 2004?
    “No hay garantías. Depende del momento en que se produzcan las cosas”,
    dice Marston. “En el período 1991-92, la economía no parecía
    estar mejorando y eso le costó muy caro al primer presidente Bush. Estamos
    a menos de año y medio de las elecciones. No es mucho tiempo para que
    la economía pegue un giro y para que la gente lo advierta. Recuerden
    que el empleo retrasa el crecimiento del PBI. Las empresas hacen inversiones
    de largo plazo antes de volver a contratar gente. Durante un tiempo va a ser
    una recuperación sin empleo. No tenemos el mismo tipo de recesiones que
    teníamos antes. Antes despedíamos obreros y los volvíamos
    a emplear cuando la economía se recuperaba. Hoy echamos administrativos
    y profesionales y encontramos modos de sustituirlos, y no necesitamos volver
    a traer la misma cantidad cuando la economía se recupera. Y eso no va
    a ayudar al presidente Bush.” M

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    https://mercado.com.ar/grandesdebates/