El dólar está bajo en relación con otras divisas internacionales.
Los productores en Estados Unidos están felices; los exportadores alemanes
y franceses no. Operadores de hoteles y atracciones turísticas en todos
los estados de la Unión saltan de contento, pero en otras latitudes la
situación no hace ni pizca de gracia a los que manejan negocios relacionados
con el turismo. Al gobierno de Bush parece gustarle, aunque las señales
que envía son algo confusas. Pero en muchos países, los gobiernos
se ponen nerviosos.
La actual caída del dólar llama la atención en todas partes.
Según los integrantes del Departamento de Finanzas del Wharton College,
la caída del dólar frente a algunas de las más importantes
monedas del mundo tendrá efectos políticos y económicos
de largo alcance durante mucho tiempo, especialmente en Estados Unidos y Europa.
La sucesión de acontecimientos que ha puesto en marcha la devaluación
del dólar puede tener gran incidencia en el resultado de las elecciones
presidenciales de 2004 en Estados Unidos. El equipo de expertos vaticina que
la moneda estadounidense puede seguir bajando, pero aclara que eso no va a significar
mayores problemas para la economía estadounidense a menos que la caída
se produzca de manera brusca y caótica.
El dólar tiene en vilo a los gobernantes de las naciones desarrolladas
del mundo. Los movimientos de las monedas fueron uno de los temas de discusión
durante la reciente reunión del Grupo de los Ocho en Francia, donde europeos
y japoneses expresaron su preocupación de que un dólar débil
trabe la recuperación económica global. Ministros de economía,
economistas, políticos y empresarios también esperaron ansiosos
la reunión del Banco Central Europeo (BCE) (5 de junio), cuya agenda
incluía el anémico crecimiento económico de la región.
Por su parte, el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, indicaba
que el Tesoro estaba dispuesto a bajar las tasas de interés durante la
reunión de sus autoridades el 24 y 25 de junio (cosa que ocurrió).
Un dólar débil es un arma de doble filo para los que ganan y los
que pierden. Entre los grandes beneficiarios figuran las empresas, la bolsa
y el crecimiento económico general de Estados Unidos. Los fabricantes
que venden sus productos en países cuyas monedas se han apreciado frente
al dólar están felices porque esos bienes ahora son más
baratos en el extranjero y, por lo tanto, más competitivos.
Jeremy Siegel, profesor de finanzas de Wharton, apoya el dólar débil
“porque significa precios de exportación más baratos y mayores
ingresos reales para los estadounidenses. Cuando uno vive en una economía
problematizada con mucha capacidad ociosa como la nuestra, yo acepto importaciones
un poquito más caras a cambio de que nuestras empresas se vuelvan más
competitivas en los mercados mundiales”. Siegel dice que el dólar
débil también es bueno para las reservas del país –y
para los millones de personas que invierten en él– porque más
ventas en el extranjero significan mayores ganancias para las empresas.
Stuart G. Hoffman, vicepresidente y economista jefe de PNC Financial Services
Group de Pittsburg, coincide en que un dólar bajo es bueno para los productores
estadounidenses porque aumenta la competitividad de sus precios, lo cual puede
significarles mayores ventas y mayor participación en los mercados. En
el clima actual, las empresas que tienen muchos intereses en el extranjero se
benefician cuando los ingresos en moneda extranjera que registran sus subsidiarias
son repatriados, en dólares, a Estados Unidos. Esto es especialmente
cierto en el caso de firmas estadounidenses que operan en Europa. Desde fines
de 2002, el dólar estadounidense se devaluó casi 17% frente al
euro. El dólar canadiense, el yen japonés y otras monedas también
se apreciaron frente al dólar, pero no tanto como el euro.
Otros posibles ganadores son los hoteles, los centros vacacionales y todas las
actividades relacionadas con el turismo, dice Hoffman. Como ahora sale más
caro hacer turismo en Europa, muchos estadounidenses van a optar por veranear
en sus propias playas y montañas en lugar de viajar a París o
Roma.
El dólar débil también ayuda a alejar la preocupación
de los economistas sobre la posibilidad de deflación, o sea una marcada
y persistente baja en los precios. Al encarecer las importaciones –explica
Hoffman– el dólar mantiene a raya a la deflación. “Si
bien es cierto que tener moneda débil durante algún tiempo no
es un hecho intrínsecamente inflacionario, sí significa que suben
los precios de algunas importaciones, de modo que actúa en contra de
la deflación en el propio país. Greenspan ha dicho que es importante
que Estados Unidos trate de evitar la deflación a toda costa, aunque
no cree que el peligro sea inminente”.
Los que pierden con el dólar bajo son los exportadores europeos y japoneses
(cuyos productos son ahora más caros en Estados Unidos) y los negocios
que dependen del turismo. “Para cualquier firma que compita con Japón
y Europa, [la debilidad del dólar] tiene que ser muy buena noticia”,
dice Richard Marston, profesor de finanzas.
En lo que se refiere a empresas europeas, Marston dice que la fortaleza actual
del euro significa que van a tener que recortar márgenes de ganancia.
“Las que compiten directamente con Estados Unidos van a tener que subir
precios allí y perder participación en el mercado de la Unión”.
Aunque gran parte de la atención está concentrada en el euro,
en Japón el gobierno se preocupa por la apreciación del yen frente
al dólar. El 29 de mayo, el primer ministro Junichiro Koizumi dijo que
la moneda nacional estaba demasiado fuerte para el estado de la economía
japonesa, cuyo PBI prácticamente no registró crecimiento en el
primer trimestre de 2003. Teme que si el yen sube mucho frente al dólar,
habrá graves problemas para la economía. Los miembros del gobierno,
preocupados por el sector exportador y por la economía en general, están
dispuestos a comprar todos los dólares que sea necesario para mantener
el yen al nivel que quieren.
Recesión en Europa
Según Marston, la fortaleza del euro podría llevar a la recesión
a algunos países de Eurolandia, ya de por sí en situación
complicada. Para el conjunto de la eurozona las cifras correspondientes al primer
trimestre revelan un crecimiento de apenas 0,8% frente al mismo período
del año anterior. La economía alemana se contrajo 0,2% en el primer
trimestre de este año, pero en el cuarto trimestre de 2002, ya se había
reducido 0,3%. “No tienen los instrumentos tradicionales para responder
a estos bajones. Esto los ata de pies y manos”, opina Marston.
Hoffman no es pesimista sobre el futuro de las economías europeas, pero
dice que el euro fuerte no es una ayuda para Europa, especialmente para economías
como la francesa o alemana que dependen de sus exportaciones para el crecimiento
de su PBI. “No sé si llegarán a la recesión, pero
Alemania exporta mucho. Si le vende a Francia, Italia o España, el dólar
barato no le afecta. Pero si exporta a Estados Unidos o China o Japón,
la fortaleza del euro sí resta competitividad a sus empresas. Lo mismo
le ocurre a Francia. De cualquier modo, no me arriesgaría a decir que
el dólar las va a empujar a la recesión”.
La política monetaria de Estados Unidos
En los últimos meses hubo mensajes encontrados sobre la política
estadounidense con respecto al dólar. John Snow, secretario del Tesoro,
hizo algunos comentarios indicando que Estados Unidos acepta con agrado el dólar
débil. Pero en una reunión del G-8 el presidente Bush dijo: “Nuestra
política es un dólar fuerte”.
La aparente contradicción entre los comentarios de Snow y Bush hizo que
los mercados monetarios cuestionaran la política estadounidense, según
Hoffman. Sin embargo él minimiza la controversia explicando que no hay
un desacuerdo importante entre el presidente y Snow, que no están tratando
de subir o bajar “artificialmente” la moneda con sus comentarios,
y que los cambistas deben asumir que hay un “código secreto”
que deben descifrar para decidir cuál es la verdadera política
del gobierno con el dólar.
Siegel cree que los comentarios de Snow tuvieron una recepción exagerada.
Según él, las declaraciones de los funcionarios oficiales tienen
un impacto mucho menor sobre las oscilaciones del dólar que las fuerzas
del mercado.
Aunque la declinación del dólar frente al euro ha sido fuerte
en los últimos meses, el famoso verde viene perdiendo terreno frente
al euro desde hace dos años. Ese debilitamiento contrasta notablemente
con la década del ’90, cuando los inversores extranjeros que hacían
cola para invertir en Estados Unidos y beneficiarse con las altas tasas de interés
lo convirtieron en el rey de todas las monedas.
“La apreciación del dólar en los años ’90 tuvo
mucho que ver con la demanda de los extranjeros de títulos estadounidenses”,
explica Marston. “Cuando el mercado marcaba una tendencia alcista los europeos
depositaron montañas de dinero en la bolsa de Estados Unidos, incluso
empresas europeas que se hacían cargo de empresas americanas. No eran
las tasas de interés las que atraían inversiones sino la inversión
directa en empresas del país. Llevó largo tiempo revertir esa
situación. Pero lo que debilitó el dólar fue la importante
desaceleración de las inversiones extranjeras en Estados Unidos.”
Hoy, según Siegel, “el dinero a corto plazo está buscando
mayores retornos en otras partes del mundo. Con las tasas de interés
bajas aquí, Europa ofrece mejor panorama. También hay que considerar
el dinero de largo plazo en el mercado de valores. Hay gran movimiento de capitales
aquí. Pero no creo que Estados Unidos vuelva a vivir lo de finales de
los ’90, el capital de largo plazo está desapareciendo por estos
lados”.
El equipo de analistas de Wharton señala que Estados Unidos, al cargar
con un enorme déficit de cuenta corriente, necesita atraer cientos de
miles de millones de inversiones extranjeras por año. “Si uno tiene
un déficit de cuenta corriente de 5% del PBI, tiene que compensarlo con
5% de entrada de capitales”, dice Marston. “Es una cantidad enorme
para atraer todos los años. Fue fácil hacerlo durante el período
alcista. Pero cuando el mercado colapsó, los europeos tuvieron que reducir
sus inversiones en este país”.
Franklin Allen (profesor de finanzas) agrega: “El tema es, de cara al futuro,
si podremos seguir recibiendo ese 5% del extranjero todos los años para
financiar el déficit de cuenta corriente. No creo que lo podamos sostener.
Si los extranjeros tienen 45% de los bonos de la tesorería de Estados
Unidos y 30% de los capitales del país, y luego deciden salirse, tendríamos
un problema grave. Podríamos tener una licuación en los precios
de los activos”.
Se prevé más caída para el dólar
Hoffman y los catedráticos de Wharton dicen que nadie puede predecir
cuánto más va a caer el dólar, pero parece haber lugar
para más depreciación.
La moneda estadounidense seguirá cayendo durante los próximos
seis a nueve meses, vislumbra Hoffman, pero la caída puede no afectar
tanto al euro como antes. Sostiene que una depreciación “ordenada”
de la moneda no debería provocar pánico, pero advierte que el
desinfle del billete verde podría dañar seriamente la economía
estadounidense si la Reserva Federal se siente compelida a aumentar las tasas
de interés para atenuar la declinación de la moneda. El aumento
de las tasas de interés podría ahogar la incipiente recuperación.
Si un dólar más débil y un recorte de las tasas de interés
(ya producido) logran impulsar la economía estadounidense, ¿mejorarán
las chances de Bush para su reelección en noviembre 2004?
“No hay garantías. Depende del momento en que se produzcan las cosas”,
dice Marston. “En el período 1991-92, la economía no parecía
estar mejorando y eso le costó muy caro al primer presidente Bush. Estamos
a menos de año y medio de las elecciones. No es mucho tiempo para que
la economía pegue un giro y para que la gente lo advierta. Recuerden
que el empleo retrasa el crecimiento del PBI. Las empresas hacen inversiones
de largo plazo antes de volver a contratar gente. Durante un tiempo va a ser
una recuperación sin empleo. No tenemos el mismo tipo de recesiones que
teníamos antes. Antes despedíamos obreros y los volvíamos
a emplear cuando la economía se recuperaba. Hoy echamos administrativos
y profesionales y encontramos modos de sustituirlos, y no necesitamos volver
a traer la misma cantidad cuando la economía se recupera. Y eso no va
a ayudar al presidente Bush.” M
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