sábado, 4 de abril de 2026

    El filósofo que amaba el vino

    Por Miguel Ángel Diez


    Martín Cuccorese

    ¿Era un periodista? Si nos atenemos a la vieja –aunque algo cínica– definición (“periodista es todo aquel que vive del periodismo”), sin duda lo era. Pero es difícil encasillar al personaje. Graduado en filosofía, en cada uno de sus contactos revelaba una característica que encajaba con la labor periodística y también con la esencia de la reflexión filosófica: su insaciable curiosidad.
    Esa necesidad de saber, una perspectiva hedonista de la vida, y un claro sentido de la estética lo fueron llevando en forma natural a convertirse en un experto en todo lo vinculado a vinos, bebidas espirituosas, y alta cocina (sin olvidar su pasión por los habanos).
    ¿Cómo era el personaje? Es una reconstrucción difícil de hacer. Cuando a la propia experiencia se intenta sumar la de sus numerosos y solidarios amigos, la visión que resulta es la de un calidoscopio. Sin pretenderlo, mantenía relaciones radiales, casi de uno a uno con sus amigos y colegas.
    Por esa simple razón hay diferentes versiones de Martín. Esta es la nuestra.
    Llegó a Mercado recomendado por uno de sus entrañables amigos, Manuel Más, de Finca La Anita. Pronto se hizo un lugar por derecho propio.
    Para alguien que encontraba placer en escribir ensayos filosóficos, en hacer agudos análisis de obras maestras de la pintura universal, que se deleitaba en lecturas densas y continuas, no parecía probable encontrar satisfacción en los placeres mundanos. No era este el caso. Martín –como él mismo solía decir– rescataba el privilegio de trabajar en lo que más le gustaba, tanto cuando firmaba un ensayo filosófico o cuando acumulaba experiencias placenteras en nuevos restaurantes.
    Su conversación amena, variada, donde todos los temas tenían cabida, dejaba lugar con frecuencia al silencio atento solamente interrumpido por preguntas alentadoras, para que su interlocutor ayudara a calmar su curiosidad. Era muy bueno conversando, pero tal vez era mejor escuchando.
    En el ensayo sobre Jean Baudrillard (Editorial Campo de Ideas) destacó una frase del filósofo francés, no por casualidad. Tal vez es la que mejor define su actitud ante la vida. Esta es la cita:
    “Afortunadamente, siempre nos ocurre otra cosa, un evento sin precedentes, que no inaugura una historia, sino un destino y que, como carece de precedentes, nos libera de esta génesis y de esta historia. Este evento sin precedentes es la seducción, tampoco ella tiene origen, viene de fuera, llega siempre inopinadamente”.
    Martín Cuccorese vivió sus 42 años, esperando y entregándose a la seducción. Como dijo en la solapa del ensayo sobre Baudillard y la seducción, “Vivimos bajo una euforia tecnocrática donde las expresiones sociales y culturales pasan obligadamente por el cautivante filtro de las imágenes. Desde su extensa obra, Jean Baudrillard nos alerta sobre los peligros que acechan a este mundo de simulacros y simulaciones. Profeta indiscutible de estos tiempos, Baudrillard ha sabido tomar distancia de cualquier optimismo complaciente, desarrollando una crítica implacable al trasfondo cínico de un sistema basado en la seducción fría de los mass media y la publicidad. A la realidad desencantada del presente, Baudrillard le enfrenta su propia definición de seducción como reversión, desafío, ilusión”.
    Quienes seguían sus columnas sobre vinos y restaurantes en Mercado (en la revista del Club del Vino durante diez años, y más recientemente en Gabo, Tendencia y Joy) extrañarán su lectura elegante, con citas cultas oportunas, y cierto desenfado que transitaba el humorismo.
    Por mi parte, conservaré su recuerdo con su última obra: a principios de diciembre había publicado, junto a su amiga Elizabeth Checa, la segunda parte de la guía “Los buenos vinos argentinos”.

    Distinción vacante

    En el pasado mes de noviembre, Mercado estableció un certamen mensual que premia “la mejor gacetilla del mes”. La calidad periodística de su hechura, su precisión, concisión y claridad, la ausencia de adjetivos innecesarios, están entre los criterios de evaluación. Es toda la redacción de Mercado quien revisa, clasifica y vota finalmente por la mejor pieza recibida durante el mes. Así se hizo en noviembre y en diciembre. Pero no este mes. La redacción de la revista resolvió que ninguna de las comunicaciones recibidas durante el período merecía tal galardón.