sábado, 14 de febrero de 2026

    La tecnología aporta otra dimensión sobre la ética

    La cuestión se plantea esencialmente con la disrupción tan intensa que supone la incorporación masiva de tecnología, capaz de impulsar el progreso a un ritmo hasta ahora desconocido, o de colaborar con la autodestrucción del ser humano. 
    O en otro campo todavía desconocido, el de los vehículos que se autoconducen, ¿la actitud ética que se espera y se demanda de un conductor humano, servirá para evaluar y juzgar las decisiones de manejo de estos vehículos independientes? Como se ve, algo que supera los límites de lo que era usualmente propio de la ética empresarial, y que parece entrar más en el campo de acción de filósofos en moralidad.
    Este nuevo contexto permite inferir que algún tipo de regulación será inevitable, aunque suponga ir a la zaga de los acontecimientos. Aun así, nadie sabe qué deberá hacerse para impedir que haya países que ignoren las normas internacionales que se decidan poner en vigencia.
    Con lo que el campo de actividad para la autorregulación puede ser demasiado extenso y poco eficiente. Lo que suele traer un conflicto entre lo que dice la ley y las convicciones éticas.
    Hay un nuevo cuestionamiento ético que aparece en estos avances. Peligros como el desempleo masivo generado por la robótica, el potencial abuso de la ingeniería genética y las armas cibernéticas, sin mencionar el terremoto que pueden causar sobre los negocios establecidos.
    Por ejemplo, en el tema de la inteligencia artificial, Elon Musk, fundador de Tesla, dice que es más peligroso que los artefactos nucleares. La idea de los robots en rebelión y destruyendo a sus creadores, ya no es un tema de ciencia ficción. ¿Quién puede asegurar que la inteligencia artificial es usada para beneficiar a la humanidad y no para incurrir en fallas éticas?
    Musk, Stephen Hawking y otros prominentes personajes expresan abiertamente sus reservas. Musk y otros empresarios donaron US$ 1.000 millones a una entidad cuya meta es que la IA siga siendo una extensión de la voluntad de los hombres.
    El mismo dilema aparece frente a una nueva generación de medicamentos y el rol que tendrán en la sociedad del futuro. O a con respecto a las modificaciones genéticas que se pueden introducir sobre seres humanos.


    Elon Musk

     

    Las tecnológicas en jaque

    Tal vez el escándalo que rodea el accionar de Facebook contribuyó decisivamente, pero lo cierto es que los ataques a las grandes empresas del rubro van desde una excesiva concentración de poder, de la libertad de los usuarios, hasta otra visión sobre la naturaleza de la ética.
    Por ejemplo, está el caso de la colaboración de Google con el Pentágono, o con el establishment militar estadounidense.
    Miles de empleados de Google firmaron una carta abierta donde piden que la compañía deje de trabajar en un proyecto militar.
    Google confirmó que está permitiendo que el Pentágono use, para un proyecto militar, algunas de sus tecnologías de reconocimiento de imágenes. La compañía hizo esa revelación luego de que apareciera en Gizmodo (un canal online) un informe que decía que se estaba utilizando tecnología de inteligencia artificial para analizar rodajes de drones.
    Fue por ese medio que los empleados de la compañía se enteraron de lo que estaba sucediendo. Inmediatamente se organizaron para enviar una carta al director ejecutivo, Sundar Pichai, donde dicen que “Google no debe estar en el negocio de la guerra”. “Por lo tanto solicitamos la cancelación del Project Maven y que Google redacte, haga pública e implemente una clara política que establezca que ni Google ni sus contratistas van a trabajar nunca en tecnología bélica.
    La carta, firmada por 3.100 empleados entre los cuales figuran ingenieros jerárquicos, dice que ya han expresado su preocupación ante la alta gerencia del gigante tecnológico.
    En respuesta a esas preocupaciones Diane Green, directora del servicio cloud de Google , les aseguró que la tecnología no sería usada ni para lanzar armas ni para operar o enviar drones.
    No obstante, los empleados creen que la compañía está poniendo en riesgo la confianza de sus usuarios y también “ignorando su responsabilidad moral y ética!.
    Pero el caso más sonado en este campo, es lo ocurrido con Facebook. En las últimas semanas la empresa se ha visto en el centro de un escándalo por el informe periodístico que mostró a Cambridge Analytica usando datos de su red social para ejercer influencia en la campaña presidencial de Donald Trump. También afloraron a la superficie informes según los cuales Facebook y Cambridge Analytica trabajaron juntas en una oficina de campaña de Trump en San Antonio.
    En los días siguientes a las revelaciones Facebook perdió US$ 60.000 millones de su valuación de mercado debido a que los inversionistas vendieron temiendo un recrudecimiento de la regulación en el negocio de la publicidad digital.
    La gran pregunta, entonces, es si Facebook será regulada. Hasta ahora su poderío no ha tenido límites. Sin embargo, el ejemplo de lo que ocurrió con Microsoft podría ser un timbre de alerta. En los años 90 el organismo regulador de Estados Unidos respondió al testimonio condescendiente y combativo de Bill Gates con un violento recorte de alas.
    Si bien la orden de desmembrar a Microsoft fue revertida por una apelación, la compañía nunca volvió a ser la misma. Ese episodio significó que Microsoft fue obligada de abandonar las prácticas agresivas en mercados nuevos. Los productos se hicieron interoperables y de ahí en adelante crecieron las nuevas estrellas de Google y Apple.
    Facebook haría bien en no suponer que los reguladores van a ser más simpáticos esta vez. Los pecados de Microsoft nunca fueron tan grandes como para permitir que naciones hostiles tuvieran injerencia en las elecciones de Estados Unidos. Además, el dominio de Microsoft sobre las empresas norteamericanas nunca fue tan dominante como el control de Facebook en la publicidad en redes sociales.

    En el ámbito financiero

    Un buen ejemplo de este nuevo conflicto que implica otra visión de la ética, es
    lo que pasó con las instituciones financieras globales durante la crisis de 2008. Al llevar la interpretación legal al límite, se erosionaron las prácticas éticas, generando abusos de importancia. Según los datos estadísticos, desde entonces hasta hoy, una diversidad de bancos y otras instituciones financieras han pagado US$ 235.000 millones en multas y castigos por violar regulaciones existentes. Aun así, un banquero pudo decir con algo de razón: “no todo lo que es legal es ético”.
    Precisamente por este escenario, hay que rehuir la tentación de pensar que habiendo compliance, está todo hecho. El compliance nace en el mundo empresarial anglosajón, más concretamente en el sector financiero, que tradicionalmente ha estado sometido a una regulación bastante rigurosa.
    En las entidades financieras surge la necesidad de asegurarse el cumplimiento de toda la normativa, bastante compleja en ocasiones, y con sanciones muy altas en caso de incumplimiento, por lo que comienzan a emplear a departamentos dedicados en exclusiva a asegurar el cumplimiento, deslindándolos del área de asesoría legal que hasta entonces era la encargada de esa función.
    La regulación cada vez más profusa y exigente no se limita al sector financiero, sino que se extiende a otros muchos sectores de la economía, que también empiezan a interesarse en implementar sus propios planes de compliance.
    Pero no es lo único por hacer ni es la solución mágica.
    Como lo planteó un ensayo publicado en la Harvard Business Review, el peligro es la mentalidad de “chequear los casilleros”. Es decir, la creencia de que si se han tildado todos los casilleros de lo que es necesario vigilar, el riesgo desaparece.
    Nada más lejos de la realidad. Compliance es parte del juego, y muy positivo, pero no simplifica ni elimina el riesgo ético.
    Según un ensayo de Timothy Erblich en el blog del Huffington Post, la empresa del futuro se definirá a partir de la absoluta transparencia. Para lograrlo –dice– los directivos de las empresas tienen hoy una tarea esencial: contratar, despedir, promover y recompensar a sus recursos humanos.
    La calidad de los recursos humanos de hoy tendrá impacto directo sobre la capacidad de sobrevivencia de las empresas.