domingo, 15 de febrero de 2026

    Las renovables llegaron tarde pero para quedarse y crecer

    Pese a que se sumó un poco tarde al tren de las energías renovables (cuando en el mundo estaban muy avanzados), Argentina ha dado claramente una fuerte señal de política de Estado. No se trata del intento errático de un gobierno de turno y llegó para quedarse.

    El Congreso había sancionado en septiembre 2015, durante el kirchnerismo y prácticamente por unanimidad, la Ley 27.191, que Macri reglamentó rápidamente a comienzos 2016. Y la ejecución se dejó a cargo de un equipo técnico liderado por quien había sido el gran artífice de su sanción: Sebastián Kind.

    De hecho, inclusive, la normativa fue complementada con reglamentaciones, programas especiales de contratación con el Estado, la regulación del mercado privado (MATER), y una larga serie de normas y actos aplicativos.

    A todo lo cual podría añadirse la sanción, poco después, de la Ley Nacional de Energía Renovable Distribuida (27.424), que ya cuenta con la adhesión de muchas provincias y se espera que se adhieran muchas más en los próximos meses.

    Que hoy estemos un poco demorados no parece muy relevante. Los objetivos de la Ley 27.191 eran ambiciosos. Y además, se fijaron cuando se presentó la ley (2012 aproximadamente). Es decir, para cuando se aprobó la Ley en 2015, hubiera sido muy razonable prorrogar los plazos para el cumplimiento de esos objetivos 2 o 3 años.

    En todo caso, lo relevante es que Argentina pasó de tener  menos de 100 MWp instalados de energías renovables a más de 51 nuevos proyectos ya en marcha (20 de energía eólica, 18 de energía solar, 12 de bioenergías y algún pequeño aprovechamiento hidroeléctrico), más una larga lista (superan los 150) de proyectos en distintas fases de desarrollo o construcción.

    Si nos hubieran dicho en septiembre de 2015 que así se vería Argentina en 2019, no lo hubiéramos creído. Porque ya habían pasado otras dos leyes de renovables sin gloria, solo con penosa ineficacia.

    Más allá de los nuevos lanzamientos del Programa RENOVAR o el que lo reemplace, se empiezan a ver otros aportes de renovables a la matriz energética.

    Son varios los proyectos de escala, a través del Mercado Eléctrico Mayorista en el Mercado a Término de Energías Renovables (MATER), ya construidos y que están entregando energía. Representa para el gran consumidor de energía una oportunidad de lograr importantes ahorros en su costo energético, al tiempo que reduce su huella de carbono. Ya varios centenares de grandes usuarios echaron mano de esta posibilidad y, en la medida que se sume oferta de energía, muchos más se sumarán. La demanda es muy relevante y está insatisfecha. Varios generadores ya han apostado por ofrecer productos en ese nicho y varios más se sumarán en breve.

     

    Mercado privado y energía distribuida 

    Naturalmente, las energías renovables no están exentas de los pareceres de la macroeconomía. Hoy existe un enorme desafío para estructurar el financiamiento de proyectos avanzados.

    Hay desafíos relevantes, además de los financieros: la red de transporte no sólo requeriría obras de ampliación.

    Lo que sucede es que no se ha logrado definir un marco legal simple, claro y estable sobre cómo se harán tales ampliaciones y los derechos de quienes las encaren. Es un tema pendiente que esperamos se resuelva en los próximos meses.

    Un actor no despreciable es el de la energía distribuida. Los altos costos, la mala calidad de servicio y la necesidad de reducir la huella de carbono generan oportunidades muy atractivas para que los consumidores eléctricos opten por la autogeneración.

    Ya se han visto proyectos concretados, con inversión de propio cliente, o bien de desarrolladores con contratos a largo plazo, que viabilizan estas soluciones.

    Confluyen dos factores para augurar que estas distintas soluciones de energías renovables ganarán más inserción en Argentina.

    Por un lado, los costos mayoristas de energía son muy elevados y puede presumirse razonablemente que no se reducirán de modo significativo en los próximos años. Junto a eso, los costos al cliente final, en especial en el interior, son aún más elevados superando barreras sorprendentes en muchas localidades.

    Y finalmente por el otro lado, la impresionante reducción de costos de las plantas eólicas y solares permite soluciones más competitivas.

     

    Incidencia macroeconómica

    Una matriz descentralizada

    limpia, eficiente y más barata

    El financiamiento demora los proyectos, pero igual el escenario 2050/60 en matriz eléctrica va a ser 100% renovable. Los impuestos al carbón en el proceso serán lo que condicionen el uso del petróleo.

    En síntesis, esa es la visión de Marcelo Álvarez, presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER).

     

    –¿Cuán atrasada viene la incorporación de los renovables a la matriz energética? ¿Requiere reforzar subsidios para tornar más atractivas las inversiones o es un problema coyuntural de financiamiento?

    –El atraso de los proyectos es significativo en ronda 2; en la 1 y medio pasaron bastante bien, según lo previsto. Se debe prácticamente a la situación macroeconómica en Argentina. No tiene que ver con subsidios sino con el acceso al financiamiento. Los precios siguen de acuerdo con los que estaban en la inversión inicial, pero se disparó la tasa y en algunos casos no se consiguen los fondos porque están bloqueados los créditos.

     

    –La multiplicación de las fuentes de energía solar ha cobrado un ritmo asombroso respecto a 2009. ¿Cabría prever un cambio en el futuro de la ecuación relativa actual respecto de la eólica?

    –Solar cruza a nivel internacional la curva de precio por kilovatio/ hora este año, y según la Agencia Internacional de Energía, la tendencia es a que funcione su curva de aprendizaje, ya que va a ser más barata la unidad de energía por kil de eólica. Para hacer comparaciones hay que ser preciso con los factores de capacidad de cada una de las fuentes, que depende de las condiciones de cada lugar, del viento y el sol donde están instaladas. No hay una respuesta unívoca global. Por ejemplo, Patagonia tiene los mejores lugares del mundo para instalar eólicas y el noroeste y Cuyo para solares.

    En el medio hay una transición que depende del tamaño, el régimen del recurso, los espacios disponibles, para una y otra. En el área de generación distribuida, que son básicamente los techos urbanos, privan mucho las fotovoltaicas por sobre las eólicas en fase residencial, comercial e industrial, ya que ésta es de baja potencia, tiene partes en movimiento, es ruidosa y demanda mayor mantenimiento en general. Tampoco es igual si está en la Patagonia o en la Ciudad de Buenos Aires.

     

    Abastecimientos locales y a redes

    –¿Cuánta de la demanda potencial de electricidad son capaces de absorber en su radio de alcance los proyectos basados en energías alternativas y qué estaría faltando en infraestructura para que se integren a las redes de alta tensión y sumen su producción a la oferta mayorista?

    –Renovables va a cubrir la demanda completa de generación eléctrica para 2050/60. Lo que hace falta para eso, como las fuentes solares y eólicas, son variables, que en general en forma coloquial se les dice intermitentes, porque cuando hay viento y sol generan y si no, no.

    Todavía harían falta cuatro o cinco años para que la acumulación sea competitiva en términos comerciales. Las baterías van a permitir gestionar la demanda y la oferta de energías renovables. El mix de todas ellas será el que se ajuste a los recursos de cada región. Va a permitir en consecuencia una matriz limpia, descentralizada, eficiente y más barata. Y por supuesto baja en emisiones.

    En términos de matriz de energía primaria hay mucho por hacer en transporte y probablemente lleve muchos más años que el 2050/60, pero si queremos cumplir los acuerdos de París durante este siglo es indispensable descarbonizar la matriz para estar por debajo del aumento de los dos grados que nos pone en situación de incertidumbre, porque no sabemos cómo pueda responder el ecosistema global a un apartamiento tan fuerte de temperatura media.

    En Argentina el atractivo es limitante para poner más potencia en lo inmediato en la construcción de redes. Hay que hacerlas en las zonas donde el factor de capacidad para grandes parques es máximo. La estrategia de gasificación con renovables implica descentralización y muchos sistemas pequeños de redistribución y también algunos grandes con recursos máximos: eólica en Patagonia, sur de pampa húmeda y solar en NOA, Cuyo, bioenergías en la Mesopotamia, el NEA. Fracasó el modelo de los PPP y la idea es que cuando el país recupere financiamiento se pueda invertir en redes que además permitan desarrollar el nicho del Matermat, el acrónimo del Mercado a Término de las Energías Renovables, que arbitra las contrataciones entre privados. Arrancó muy bien ese modelo y se hicieron más de un Gyga de contratos entre privados, a precios más bajos que los de CAMMESA. Usualmente contratos a 10 años, pero la barrera para ello es la capacidad de despacho desde el cliente que compró la energía generada en un lugar óptimo para ello, y el traslado adonde se encuentre.