Obesidad y depresión van de la mano pero, ¿cuál primero?
¿Cuántas veces ha oído alguna de estas frases: “Como porque estoy deprimido” o “Si estoy gordo me deprimo”? Pues parece que esto es un camino en ambos sentidos, en el que la biología del tejido adiposo juega un papel importante en el cerebro y viceversa.

En primer lugar, recordemos
qué es la obesidad
. Se trata de una enfermedad crónica manifestada por un exceso de grasa (o tejido adiposo), acompañada de un estado inflamatorio. Para explicar esta inflamación primero debemos conocer a sus actores. El
tejido adiposo
está formado, en primer lugar, por células llamadas adipocitos. Estos se clasifican por su color, dando lugar así a tres tipos de tejido adiposo: blanco, marrón y beige. La función de los adipocitos blancos es almacenar energía, mientras que la de los adipocitos marrones y beige es disipar la energía. En segundo lugar, el tejido adiposo también tiene otro tipo de células, las células inmunes. El equilibrio entre ambos tipos de células está estrechamente
relacionado con el mantenimiento
de la masa grasa. El tejido adiposo blanco es el más abundante del organismo humano adulto y tiene diferentes localizaciones. Puede ser subcutáneo (alrededor de todo el cuerpo) o visceral (rodeando órganos vitales). En cada localización, el tejido adiposo blanco tiene una estructura y una función diferente.
El tejido adiposo como órgano endocrino
Durante décadas, el tejido adiposo
se había considerado como un cojín
para proteger los órganos contra traumas y lesiones. También fue considerado un depósito de almacenamiento de grasa. Pero este concepto cambió cuando, en 1994, Friedman y otros colaboradores
descubrieron
una molécula llamada leptina. El tejido adiposo se ocupaba de secretarla y era la responsable de la comunicación intercelular. Es decir, la
leptina
transmite información nutricional al cerebro para que este regule el equilibrio de la grasa. Este hecho demostró que el tejido adiposo es un órgano endocrino, es decir, que libera sustancias, llamadas adipocinas, al torrente sanguíneo para controlar las acciones de otras células, tejidos y órganos.
Inflamación del tejido adiposo y obesidad
Cuando el tejido adiposo crece, aumenta el tamaño de los adipocitos (una característica de la obesidad) y se altera la secreción de estas adipocinas. Entonces, las células inmunes reaccionan y liberan unas moléculas semejantes a las hormonas. Así, ocurre un
complejo diálogo
entre estas moléculas. Esto hace que crezcan y se alteren los vasos sanguíneos, necesarios para el crecimiento del tejido adiposo y para establecer intercomunicaciones. Por su parte, las fibras nerviosas que llegan desde el cerebro al tejido adiposo también se movilizan. Todo esto ocurre de manera diferente en cada depósito de tejido adiposo. Por ejemplo, en el tejido adiposo visceral, la liberación de moléculas inflamatorias es mayor que en el tejido adiposo subcutáneo. De esta forma, el riesgo de padecer distintas enfermedades está relacionado con la distribución de los depósitos de grasa. Como ya hemos mencionado, desde hace tiempo se sabe que el tejido adiposo se comunica con el cerebro y que es un órgano endocrino que participa en los desórdenes psiquiátricos. Por eso, ahora sabemos que la obesidad y la depresión
van de la mano
. Es decir, por un lado, un tejido adiposo inflamado y alterado funcionalmente se describe como un
factor de riesgo
crítico para la aparición de complicaciones metabólicas asociadas a la obesidad. Y por otro lado, también se ha encontrado inflamación en el tejido adiposo de pacientes con trastornos psiquiátricos. Para explicar este mecanismo,
diversos estudios
han encontrado que los procesos inflamatorios que se originan en el entorno del tejido adiposo se diseminan al cerebro, donde conducen a cambios sustanciales en su actividad. Es decir, se producen alteraciones en ciertos neurotransmisores (que también están relacionados con la obesidad) que contribuyen al desarrollo de trastornos neuropsiquiátricos. Además, sucede algo similar con la leptina y la adiponectina, sustancias secretadas principalmente por el tejido adiposo. Estas juegan un papel fundamental en la fisiopatología de la obesidad y, a su vez, participan en la
fisiopatología de trastornos psiquiátricos
como la depresión mayor o la ansiedad.
¿Cuál va primero, la depresión o la obesidad?
Aunque todos estos estudios corroboraron que la depresión y la obesidad iban de la mano,
un estudio reciente
ha demostrado que hay que valorar esta relación en cada rango de edad. Dicho trabajo ha encontrado que hasta los setenta años es más probable que una persona con obesidad genere depresión. Sin embargo, a partir de los ochenta, sucede a la inversa: la depresión puede desembocar en obesidad. Así, un índice de masa corporal (IMC) alto se consideraría un riesgo para la morbilidad y la mortalidad durante los primeros años de la edad adulta. Sin embargo, después de los ochenta años, la evidencia nos dice que un IMC alto se asocia, paradójicamente, con la supervivencia, especialmente entre los individuos con enfermedades crónicas. Por lo tanto, existe una relación recíproca que puede cambiar con la edad. Además, el efecto es más pronunciado para las mujeres. Por esta razón, es importante evaluar el grado en que ambas variables están relacionadas y la medida en que una variable puede contribuir al cambio de la otra. Una vez más, mantener nuestro IMC a raya nos ayudará a estar física y mentalmente saludables en todas las etapas de nuestra vida.
(*)
Investigadora Postdoctoral (IBIMA-UMA) vinculada al grupo de Endocrinología y Nutrición, Diabetes y Obesidad del Hospital Regional Universitario de Málaga., Universidad de Málaga
- Etiquetas
- obesidad
- depresión
- inflamación
Artículos relacionados

Happy places: el bienestar se integra al diseño de experiencias turísticas globales
En un escenario de crecimiento del turismo internacional, la demanda se orienta a propuestas que reduzcan estímulos y prioricen estados emocionales, con apoyo de evidencia sobre los beneficios del contacto con la naturaleza y una transición del sector hacia modelos regenerativos que ponderan el valor de la experiencia por sobre el volumen

iHerb ordena por edades las vitaminas y suplementos dietéticos para la familia
La compañía detalló nutrientes y categorías de suplementos para bebés, niños, adolescentes, adultos y adultos mayores, con foco en multivitamínicos, vitamina D3, omega-3, hierro, probióticos, magnesio y colágeno, en un marco donde la OMS estima carencias de vitaminas y minerales en más de 2.000 millones de personas

Del cigarrillo al vapeo: el consumo de nicotina cambia y el riesgo persiste
En el marco del Día Mundial Sin Tabaco, que se conmemora cada 31 de mayo, especialistas advierten que el crecimiento del vapeo entre adolescentes y adultos jóvenes mantiene la exposición a nicotina y sustancias tóxicas, en un contexto en el que el tabaquismo provoca más de 8 millones de muertes anuales a nivel global y alrededor de 45.000 por año en Argentina

