Miocardiopatía hipertrófica: subdiagnóstico, señales de alerta y chequeos antes del ejercicio intenso

En el marco del Día Mundial de Concientización sobre la MCH, que se conmemora el 25 de febrero, especialistas remarcan que la enfermedad puede permanecer silenciosa durante años y asociarse a muerte súbita en menores de 35 años, con una estimación de más de 92.000 personas afectadas en Argentina y una prevalencia global de uno cada 500 adultos

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La miocardiopatía hipertrófica (MCH) es una de las principales causas de muerte súbita en menores de 35 años, especialmente durante la práctica de actividad física intensa. En febrero de 2026, con motivo del Día de la Concientización sobre la Miocardiopatía Hipertrófica, la agenda sanitaria vuelve a poner el foco en una patología genética que puede no dar señales durante años y, aun así, manifestarse de manera abrupta en personas jóvenes, incluso deportistas aparentemente sanos.

Se trata de una enfermedad cardíaca genética frecuente, pero poco conocida. Su rasgo central es el engrosamiento anormal del músculo cardíaco, una alteración que puede dificultar el bombeo de sangre y favorecer complicaciones graves. A escala global, se estima que afecta al menos a uno de cada 500 adultos, aunque estudios recientes sugieren que la prevalencia podría ser mayor.

El principal obstáculo es el subdiagnóstico. Solo entre el 10% y el 20% de los casos se diagnostican clínicamente, debido a que muchas personas no presentan síntomas o los atribuyen a otras causas. En Argentina, estimaciones basadas en estudios epidemiológicos calculan que hay aproximadamente 138.000 personas que viven con una miocardiopatía, de las cuales 92.000 corresponderían a MCH.

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Cuando aparecen, los síntomas que suelen asociarse a la enfermedad incluyen palpitaciones rápidas, fuertes o irregulares; falta de aire, especialmente durante el esfuerzo; dolor en el pecho vinculado al ejercicio; mareos o sensación de aturdimiento; fatiga marcada; y desmayos durante o después de la actividad física. Estos signos pueden confundirse con estrés, sobreesfuerzo o falta de entrenamiento, pero su persistencia o aparición durante el ejercicio amerita una evaluación médica.

En ese marco, Pablo Ottonello (MN 123.413), médico cardiólogo y Scientific Advisor Cardiovascular de Bristol Myers Squibb Argentina, señaló: “La actividad física es fundamental para la salud cardiovascular, pero en personas con MCH ciertos tipos de ejercicio pueden aumentar el riesgo de complicaciones graves si no hay un diagnóstico previo”.

El especialista agregó: “Por eso, antes de iniciar o intensificar la práctica deportiva —especialmente en gimnasios o entrenamientos de alta exigencia— es clave realizar un chequeo cardiológico, incluso en personas jóvenes y aparentemente sanas”.

Para el diagnóstico, entre los estudios más frecuentes se mencionan el ecocardiograma y la maniobra de Valsalva. También pueden indicarse electrocardiograma, prueba de esfuerzo, resonancia magnética, tomografía cardíaca y estudios genéticos. En el marco de “Mi Corazón Habla”, una iniciativa de awareness impulsada por Bristol Myers Squibb, la plataforma www.podriasermch.com.ar reúne contenidos validados, señales de alerta y recursos educativos sobre esta patología.

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