Leisa Molinari advierte que el invierno no justifica abandonar la rutina de cuidado
La dermatóloga, especialista en cáncer de piel y cirugía micrográfica de Mohs, explica cómo el frío, el aire seco y la calefacción impactan en la barrera cutánea y por qué conviene sostener hidratación y protector solar todo el año, con una rutina básica y tratamientos indicados en julio y agosto

Bajar la guardia con la piel durante el invierno es un comportamiento frecuente en la consulta dermatológica y, a la vez, uno de los errores que puede tener consecuencias a largo plazo. La médica dermatóloga Leisa Molinari, especialista en cáncer de piel y en cirugía micrográfica de Mohs, plantea que la menor exposición solar y la percepción de que “la piel no está expuesta” llevan a muchas personas a simplificar la rutina de skincare y a saltear hábitos que deberían sostenerse todo el año.
El primer punto, según Molinari, es comprender qué cambia en la piel cuando bajan las temperaturas. El frío reduce la actividad de las glándulas sebáceas y disminuye la producción natural de sebo, una película protectora que ayuda a retener la humedad y a proteger la piel del entorno. Cuando esa barrera se debilita, aumenta la permeabilidad y la sensibilidad, con mayor propensión a irritación, descamación y rojeces. A ese escenario se suma el aire seco del exterior y el generado por la calefacción, que acelera el proceso de deshidratación.
En ese marco, la hidratación aparece como el eje de la rutina invernal. Una piel deshidratada no solo se ve opaca y tirante: también pierde capacidad de defensa frente a agentes externos, lo que puede desencadenar o agravar cuadros como dermatitis, psoriasis o rosácea. La recomendación clínica es elegir una crema más densa que la utilizada en verano, aplicarla inmediatamente después del baño y prestar atención a zonas que suelen descuidarse, como manos, rodillas, codos y labios. También sugiere moderar el uso de agua muy caliente en la ducha, porque reseca aún más la piel.
Otro punto central es sostener el protector solar durante todo el año. Uno de los mitos más extendidos es que “solo se usa en verano”, cuando los rayos UVA, responsables del envejecimiento prematuro y del daño cutáneo acumulativo, están presentes incluso con frío o nubes. Además, atraviesan los vidrios y alcanzan la piel en el auto, la oficina o la casa. “La radiación solar no descansa en invierno”, afirmó Molinari.
Para una rutina básica en esta época, recomienda limpieza suave por la mañana y por la noche, evitando productos que resecan o alteran el pH, hidratante de mayor densidad adaptada al tipo de piel y protector solar FPS 30 o superior por la mañana. También menciona la incorporación de ingredientes activos como vitamina C, por sus propiedades antioxidantes, y ácido hialurónico, que retiene la hidratación en profundidad. “Menos es más: simplificar y ser constante”, transmitió Molinari.
El invierno también se presenta como un período propicio para consultar por tratamientos dermatológicos que no se recomiendan en verano por la exposición solar. Molinari menciona peelings químicos, láser, tratamientos de rejuvenecimiento y procedimientos para manchas y cicatrices, y señala que julio y agosto son los meses indicados para evaluar opciones y definir cuál resulta adecuada para cada piel, con seguimiento profesional.
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