Con la llegada de las vacaciones de verano, muchas familias vuelven sobre una inquietud recurrente: qué hacer para evitar que los chicos se aburran. En Buenos Aires, en enero de 2026, la especialista en vínculos y crianzas Laura Krochik propuso revisar esa preocupación y considerar el aburrimiento como una instancia que puede favorecer la imaginación y el juego libre.
En un escenario atravesado por hiperestimulación y consumo constante de contenidos, el aburrimiento suele interpretarse como un problema. Krochik sostuvo que esa lectura puede limitar experiencias asociadas a la autonomía infantil. “Aburrirse no es ausencia de estímulos, sino la apertura de un espacio interno donde los chicos ponen en juego capacidades fundamentales: crear, imaginar, decidir, tolerar la frustración y sostenerse sin depender de manera permanente de un adulto o de una pantalla.”
La especialista señaló que el verano, con un ritmo más pausado y agendas menos cargadas, ofrece condiciones para habilitar el juego no estructurado. “El juego libre no es solo una forma de pasar el tiempo. Es el modo natural en que los niños exploran el mundo y se exploran a sí mismos”, explicó.
Según datos de Unicef, el aumento del tiempo frente a pantallas desplaza horas de juego espontáneo, actividad física y descanso, con impacto en el desarrollo emocional y social de niños y niñas.
Krochik también vinculó la incomodidad frente al aburrimiento con expectativas del mundo adulto. “Nos cuesta verlos frustrarse o no saber qué hacer. Pero esas experiencias también forman parte del crecimiento.” Además, el texto indicó que estudios en desarrollo infantil muestran que los niños con espacios de juego libre presentan mejor autorregulación emocional y mayor capacidad de resolución de problemas.
La especialista planteó que el rol adulto no requiere dirigir la actividad, sino sostener un marco de cuidado y disponibilidad. “Criar también implica aprender a corrernos. A confiar en que, cuando hay un adulto emocionalmente disponible —aunque no esté dirigiendo—, el niño puede desplegar recursos propios”, subrayó.
En esa misma línea, Krochik definió el enfoque para el receso: “Las vacaciones no necesitan estar llenas de propuestas, sino de presencia disponible. Un adulto que no dirige todo, pero que está cerca, que observa y acompaña”.












