Incontinencia urinaria: especialistas piden romper el estigma y promover consultas médicas tempranas
En el marco del Día Internacional de la Incontinencia Urinaria, la agenda sanitaria vuelve sobre una condición que afecta a una de cada tres mujeres y cuya prevalencia mundial llega al 35% de la población general, con impacto en la calidad de vida y un componente de vergüenza que retrasa el acceso a tratamientos

La incontinencia urinaria se instaló como un problema de salud pública por su frecuencia y por el costo social que implica cuando permanece silenciada. En el marco del Día Internacional de la Incontinencia Urinaria, especialistas plantearon la necesidad de hablar del tema sin estigmas y de impulsar la consulta médica temprana como puerta de entrada a estrategias de prevención y tratamiento.
La condición suele expresarse en situaciones cotidianas y, en muchos casos, limita la actividad física y la vida social. Las pérdidas de orina pueden aparecer al correr, saltar, toser, estornudar o reír, y convertirse en una fuente de ansiedad. El eje del problema, sin embargo, no se reduce a la dimensión física: el estigma y la vergüenza operan como barreras que postergan diagnósticos y soluciones disponibles.
El Dr. Leandro Arribillaga, médico especialista en urología (M.N. 27682), definió la incontinencia urinaria como “la pérdida involuntaria de orina que puede ser consecuencia de esfuerzos, como por ejemplo la tos o la risa, o necesidades repentinas e incontrolables de orinar”. En ese marco, la discusión incorpora tanto el impacto clínico como el efecto que produce en la vida diaria, con restricciones que se vuelven progresivas cuando no se consulta.
Las cifras muestran una brecha de género marcada. La prevalencia mundial de la incontinencia urinaria alcanza el 35% de la población general, pero afecta a entre el 30% y 40% de las mujeres, porcentaje que supera el 50% en mayores de 65 años. En hombres, la prevalencia informada es del 15%. Entre los factores que aumentan la incidencia en la población femenina se mencionan la edad, los embarazos, los partos y la obesidad.
En el plano psicológico y social, el cuadro puede derivar en aislamiento y deterioro del bienestar. “La vergüenza y el estigma social que produce la incontinencia urinaria provoca aislamiento, baja autoestima, ansiedad y depresión”, dijo Arribillaga. En la misma línea, advirtió que “el temor a rechazo o episodios de incontinencia en público hace restringir actividades sociales laborales, sexuales y de recreación, llevando a un empeoramiento en la calidad de vida”.
La consulta médica temprana aparece como un punto crítico para evitar complicaciones y ordenar un abordaje. “No hablar sobre la incontinencia urinaria puede producir consecuencias físicas, psicológicas y sociales. Estas complicaciones incluyen irritación e infecciones cutáneas, infección urinaria recurrente, ansiedad y depresión, baja autoestima e inseguridad”, dijo el especialista.
“Tener un día de concientización es importante para derribar mitos, reducir la vergüenza, eliminar el aislamiento social y promover a la consulta médica”, concluyó Arribillaga.
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