El mundo del arte ante la ley de protección de datos
Las galerías, con sus enormes bases de datos, en alerta por la ley de protección de datos.
Uno de los aspectos menos conocidos del mundo del arte, especialmente en Europa, es la costumbre de celebrar cenas privadas, sea en galerías de arte o en algún club privado, donde se reúne el quién es quién en el mundo del arte. Allí confluyen artistas, directores de museos, críticos de arte, galeristas, agentes y coleccionistas entre otros.
Podría parecer que ocasiones de ese tipo tienen poco que ver con la nueva ley europea de protección de datos y mucho con la necesidad de aceitar las relaciones entre todos los actores del negocio. Pero las galerías registran muchos datos personales sobre coleccionistas y clientes, datos que van desde dirección postal, historial de compras hasta gustos de todo tipo, incluso culinarios. Esos son datos personales, lo que significa que las personas que organizan esas reuniones también deben atenerse a la ley europea General Data Protection Regulation (GDPR).
La GDPR, que entra en vigor el 25 de mayo, da a los ciudadanos europeos el derecho de saber si una compañía está procesando datos suyos, de qué manera y para qué. También tienen el derecho de hacer que se borre la información. La ley impone fuertes obligaciones a las organizaciones, que deben obtener consentimiento inequívoco para usar y mantener datos, mantenerlos actualizados y borrar lo que es viejo.
Una galería de arte, como explica Allison Thorpe, gerente de marketing y comunicaciones de la Galería Lisson, en Londres, es una "organización de relaciones", que se desarrollan en cenas, inauguraciones y ferias de arte, consisten en datos tanto con en interacciones humanas. Arman así riquísimas bases de datos con los perfiles de compradores, dealers, artistas, etc. También tienen listas negras, donde figuran personas a las que han decidido no venderles nunca más una obra. Allí figuran, por ejemplo, aquellas personas que venden un cuadro a poco de haberlo comprado para obtener una ganancia sobre su compra. Pero si la lista negra existe por escrito, caerá dentro del ámbito de la GDPR. Por eso, no existen sobre el papel. Son verbales.
Es por eso que el negocio del arte está volviendo a formas más antiguas de adquirir información, como el clásico de retener la tarjeta comercial o tener una libretita personal.
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