El queso azul, protagonista en la gastronomía mundial, exhibe una tendencia de consumo en aumento en Argentina. Este producto, reconocido por su sabor intenso y textura cremosa, ha encontrado espacios relevantes tanto en la alta cocina como en propuestas culinarias cotidianas.
La consolidación de la alta cocina ha promovido el uso del queso azul como ingrediente esencial en recetas y tablas de quesos. Carolina Rosso, jefa de la planta de producción exclusiva de queso azul de Bavaria y Santa Rosa, afirma: “El queso azul aporta un picor distinto, que lo hace inigualable. Para quienes se inician, siempre recomiendo empezar por incorporarlo a una tabla de quesos con variedades de consumo más habitual, o directamente en ensaladas. Combina excepcionalmente bien con la dulzura de frutos secos, dátiles, uvas verdes o incluso frutillas, lo que equilibra su intensidad”.
Sofía Ruano, marketing manager de quesos en Savencia Fromage & Dairy, sostiene que “el consumo de queso azul está creciendo año a año, pero es una categoría que se sigue desarrollando porque todavía tiene muchas oportunidades de crecimiento en la Argentina. De hecho, es uno de los productos más elegidos de nuestro portfolio”.
El origen histórico del queso azul se atribuye al siglo VIII, con una leyenda que ubica su descubrimiento en una cueva de Francia. La variedad se distingue por el desarrollo de mohos que varían entre azul oscuro y azul verdoso, y la maduración mínima de 45 días intensifica sus cualidades organolépticas.
El término “queso azul” designa una categoría genérica que puede elaborarse con leche de vaca, cabra o mezclas. En contraste, el Roquefort constituye una variedad específica, con denominación de origen protegida en Francia, producido exclusivamente con leche de oveja cruda.
El interés creciente por sabores intensos y nuevas experiencias culinarias demuestra que el queso azul continúa ganando espacio en el mercado argentino, con perspectivas de expansión en los próximos años.











